Sinesi-Moguilevsky: encuentro musical de la mejor calidad

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29 de enero de 2002  

Actuación del guitarrista Quique Sinesi en su ciclo de los martes, a las 21. Invitado especial: Marcelo Moguilevsky. Temas de su único disco "Soltando amarras". En Notorious, Callao 966. Hoy, nueva función.

Nuestra opinión: excelente.

Emocionar y sorprender. Hé ahí las dos virtudes más excelsas del arte. Pueden estar unidas o separadas, pero una sola de ellas basta para reconocer, por ejemplo, la buena música.

Quique Sinesi ha decidido, al regresar de Alemania, donde estuvo radicado en estos últimos años, convocar a eminentes músicos en un ciclo que acogió -como otras tantas excelentes manifestaciones del arte de los sonidos- la disquería-bar Notorious.

Durante el primer martes lo acompañó Alejandro Franov en teclados y percusión; el 15 estuvo solo; en el martes que pasó contó como compañía los aerófonos de Marcelo Moguilevsky, y el cierre será hoy, con el eximio pianista, acordeonista y guitarrista de Paraná, Carlos Aguirre.

"La música de Sinesi -reza la gacetilla del local- está basada en elementos rítmicos y melódicos de la música popular argentina: el tango, el candombe, la milonga, interpretados bajo un nuevo concepto a través de la improvisación y de la armonía poco usual" en dicha música. El anticipo es exacto. Pero con Moguilevsky, las exposiciones de tales elementos, con sus paráfrasis y metamorfosis cobran la categoría de portento.

Es precisamente el tema que da título a su único disco "Soltando amarras" (certera parábola de su arte y testimonio irrepetible recogido por el sello Epsa music, hace algunos años) el que anticipa las maravillas tanto individuales como en la conjunción del dúo. Charango y flauta trepan entre arpegios y viboreos hacia una fantástica danza pentatónica del altiplano. Entre su trama parecen descubrirse algunas aproximaciones a muchos de esos bailes ancestrales de la puna transmitidos por Inti Illimani.

Una improvisación que deriva en el tema "Dos soles" trae reminiscencias de la música romántica clásica a través de variados contrapuntos entre el clarinete y la guitarra. Adentro palpita un ritmo quebrado, y la armonía es francamente politonal, hasta que, de pronto surgen, entre las infinitas cabriolas de Moguilevsky, pulsaciones de una chacarera imaginaria.

La calma llega con "El abrazo" en la que esta vez el saxo canta notas desafiantes pero de entrañable melodismo ciudadano, pariente cercano del que supieron esbozar Litto Nebbia o Lito Vitale, sostenido por empáticos arpegios modulantes de Sinesi.

Por un momento Sinesi queda solo y empuña su guitarra piccolo que, al igual que la española, le construyó el luthier argentino Oscar Trezzini. El sonido exquisitamente pastoso del instrumento es ideal para pergeñar una balada de notas emotivas, donde el toque sutil destierra cualquier malabarismo inútil para internarse en expansiones y remansos atrapantes.

Luego, otra vez el clarinete y la guitarra acometen, en "Alta Paz", una suerte de huayno atravesado por búsquedas y sutiles invenciones sostenidas en lenguaje politonal. Una vez más revolotea, entre el canto del aerófono y los trémolos de la guitarra, el folklore inédito de cuño andino.

Diáfana trama de sonidos

El ritmo frenético de milonga a mil, irrumpe entonces en "Corriendo la liebre". La flauta sopranino se descuelga con un virtuosismo que apabulla por sus juegos malabares hasta el límite mismo del despilfarro.

Tras el descanso habitual surge esta vez una armónica con poco que envidiar a la de Hugo Díaz y Toots Thielmans. Se trata de "La magia está dentro tuyo" que en la diáfana trama de aerófono y guitarra parece remitirnos a una guarania con sus cadencias de 6 x 8 y tangencias ciudadanas, que se encrespa hacia el final.

"Transformaciones", en cambio, es un vals, o una balada, otra vez con clarinete y guitarra. La guitarra improvisa y el ritmo se diluye, desafiante, con pulso quebrado y sincopado.

Las cadencias ciudadanas, mezcla de milonga y candombe, surgen en "Luna de floresta". Mil inflexiones inasibles traza en sus soplidos el saxo. El prodigioso fiato de Moguilevsky en sus revoloteos (luego con la flauta) quita la respiración de quien lo ve.

En el final llega un tritubo de Sinesi a Pascoal: "Milonga para Hermeto", que escapa ingrávida por nuevos derroteros ciudadanos. Otra flauta alucinante (la baja) entreteje nuevas figuraciones para la melodía. El dúo se despedirá con "Sonidos de aquel día" donde el juego de pregunta-respuesta se desenvuelve entre acentos desplazados y contrapuntos.

Si la música escapa de toda descripción, incluso cuando es sencilla, esta vez con Sinesi y Moguilevsky se torna inefable. Imposible esbozar, frente al prodigio de dos músicos inspirados, el infinito espectro rítmico, el melodismo inédito y las armonías que trepan en alas de la experimentación. Esta es música contemporánea a secas, en la que sólo el ritmo es el cable a tierra con lo folklórico o lo ciudadano. Música que escapa a cualquier catalogación que no sea el talento descomunal y la feraz inventiva.

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