Tácticas y estrategias para convencer a una diva

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17 de diciembre de 2009  

Oscar Hammerstein es aquel poeta y letrista que se asoció al compositor Richard Rodgers para conformar la celebérrima dupla que produjo algunos de los musicales más renombrados de Broadway, entre ellos, mágico e inolvidable, The sound of music . Sin embargo, éste era Hammerstein II porque hubo otro, su abuelo, al cual la posteridad habría de agregarle el "I" al final del apellido para diferenciarlo, precisamente, de su famosísimo nieto. El primero de la dinastía, Oscar Hammerstein I, fue un poderoso empresario tabacalero que amaba profundamente la ópera y que, a lo largo de su vida, fundó varios teatros líricos. En 1906, disgustado con las programaciones y realizaciones del Metropolitan Opera House, abrió el Manhattan Opera House. Para posicionarse y competir con el Met, Hammerstein I sabía que debía contratar a grandes figuras y uno de sus primeros objetivos fue Nellie Melba, la gran estrella de ese tiempo y que, con singular fortuna, ya había cantado en el teatro rival. La cuestión es que la soprano australiana no tenía un interés especial en volver a Nueva York. Amada y venerada en Londres y París, no tenía ninguna necesidad de ir a un desconocido teatro neoyorquino. Por carta y por emisarios, Hammerstein la tentó, infructuosamente, con pagas inusuales. Pero Melba se mantenía incólume en su negativa. En persona, Oscar llegó hasta el Covent Garden para verla y para hablar personalmente con ella. Le propuso: "Tres mil dólares por noche y usted abre haciendo La traviata ". Ella lo miró hasta con desdén. Harto del desprecio, Hammerstein tomó un puñado de dólares, que fue lo primero que encontró en sus bolsillos, los arrojó al aire por sobre la cabeza de Nellie, hizo una reverencia y se marchó. Melba se quedó muda. Y en ese instante decidió firmar el contrato.

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