Uco Jazz Festival: el placer de escuchar música al pie de la Cordillera

El trompetista cordobés Mariano Loiácono, hizo que el lugar se convierta brevemente en un club de jazz durante su presentación en Mendoza
El trompetista cordobés Mariano Loiácono, hizo que el lugar se convierta brevemente en un club de jazz durante su presentación en Mendoza Crédito: MAlvarez
Sebastián Chaves
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21 de febrero de 2019  • 17:05

Por unos instantes, Berbardo Baraj deja de soplar su saxo y entona los primeros versos de "Los ejes de mi carreta", el clásico de Atahualpa Yupanqui. Una vez terminada la introducción, él y su trío (que completan Juan Bayón en contrabajo y Carto Brandán en batería) transforman el tema en un viaje de free jazz que consuma la psicogeografía del lugar: una finca mendocina al pie de la Cordillera de los Andes donde se realizó, el viernes y el sábado pasados, la primera edición del Uco Jazz Festival. No sólo la fusión jazz folklore es lo que se conjuga el paisaje rural del evento, sino la forma en la que los músicos abordan su versión. Solos angulares que se recortan como las líneas rectas de las montañas detrás del escenario, armonías áridas que se sugieren en una formación sin piano y una base que articula el tiempo a su antojo. Todo tiene sentido y razón de ser sólo en ese aquí y ahora.

Pero claro que esa no era la única forma de plantarse en el escenario y salir bien parado. Mariano Loiácono, en cambio, hizo que el lugar se convierta brevemente en un club de jazz durante su presentación, el plato fuerte del festival. Al mando de un quinteto de músicos estadounidenses (entre los que se destacan Antonio Hart en saxo y Ron McClure en contrabajo, que tiene entre su currículum haber tocado con los pianistas Winton Kelly y Keith Jarrett, por ejemplo), el trompetista nacido en Cruz Alta, Córdoba, dejó en claro por qué es uno de los máximos representantes del jazz local y hasta dónde es capaz de llevar sus obsesiones por perfeccionar el hard bop. Su despedida fue con el standard "Stars Fell On Alabama", centro su repertorio en Vibrations, su reciente disco grabado en Nueva Jersey que presentará en Capital Federal este viernes y sábado en Bebop Club.

El Uco Jazz Festival tuvo su primera y muy prometedora edición
El Uco Jazz Festival tuvo su primera y muy prometedora edición Crédito: MAlvarez

Así como el cierre a cargo de Loiácono estuvo bien cercano a la tradición del género, el acto central del día anterior fue todo lo contrario. Jacques y Paula Morelenbaum extendieron los márgenes del concepto Jazz en su fusión con la bossa nova que terminó con el público acercándose al escenario para bailar al ritmo de un repertorio que se paseó por Joao Gilberto y Caetano Veloso. Chris Cain, el otro exponente internacional, también ofreció su visión externa del jazz con un trío de blues electrificado. Nacido en California, el músico aprovechó cada minuto sobre el escenario para extenderse en solos incendiarios sobre las típicas estructuras de 12 compases en subdivisión ternaria que hacen del estilo originario del sur del Mississippi un lenguaje universal disfrutable en cualquier rincón del mundo.

Además de Paula Morelenbaum, hubo voces femeninas para todos los gustos en la programación: Déborah Dixon sacó a relucir su expertise bluesera y su dominio de las tablas en compañía del histórico pianista Ángel Sucheras; Julia Moscardini, encargada de abrir el Uco Jazz Festival con el sol aún por encima de la Cordillera, repasó con solvencia los standars de su reciente disco Stablemates; y el dúo Nina Sessions (An Díaz en voz y Anahí Fabiani en piano) sorprendió con un recorte por el costado más feminista de la obra de Nina Simone.

En su primera edición, el Uco Jazz Festival dejó buenas sensaciones. Un sonido que se dejó escuchar con prolijidad en un predio al aire libre, músicos de calidad y un saludable respeto por los horarios pautados. Por el lado de los haberes, mayor lugar para propuestas arriesgadas (como lo hizo el trío de Ernesto Jodos yendo de Monk a composiciones propias) podrían darle al evento un salto de originalidad en el futuro. Con todo, ante la promesa de una segunda edición para el año que viene, el festival se proyecta en el mapa de producciones que buscan enfatizar el carácter federal de un género que se estableció como el sonido urbano de las grandes metrópolis pero que en la actualidad resuena en cualquier rincón del mundo, haya luces de neón o viñedos a sus alrededores.

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