Un dolor que nunca cesa

La potencia prodigiosa de la ópera de Puccini tendrá como protagonista a la cantante rusa Olga Romanko, que cumplirá aquí 50 funciones cubriendo el papel de la trágica diva
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16 de mayo de 2003  

El almanaque señala que el 14 de enero de 1900 fue viernes. Ese día, ya entrada la noche, en el teatro Costanzi de Roma, aunque supuestamente estaba despuntando el día sobre la terraza del castillo de Sant´Angelo, Floria Tosca tenía su alumbramiento a la posteridad, paradójicamente, arrojándose mortalmente al vacío por primera vez. Desde entonces, y ya hace de esto más de un siglo, el personaje y la ópera no dejan de producir conmociones profundas en los públicos de todo el planeta que acuden atraídos por uno de los dramas musicales más contundentes jamás escritos. La audiencia conoce el argumento, recuerda mayormente cada una de las escabrosidades y dolores que habrán de suceder, los pocos instantes de la plenitud del amor y, por supuesto, cómo sobrevendrá el final de la cantante que, profiriendo dolida y amenazante "O Scarpia, avanti a Dio!", otra vez más, se lanzará a la nada.

Música magistral

Más allá de las virtudes del libreto de Luigi Illica y de Giuseppe Giacosa y de mejores o peores reposiciones, la razón principal para que las multitudes continúen concurriendo masivamente para ver el triste destino de Tosca no hay que buscarla únicamente en cantos esplendorosos ni tampoco en los posibles placeres morbosos que pueden sobrevenir al contemplar algunas escenas macabras, que para esto es mucho más sencillo apoltronarse frente a la pantalla de la televisión. La convocatoria responde a la necesidad de regocijarse con la música de Giacomo Puccini. O, mejor dicho, con la magistral construcción dramática que guió su composición.

El argumento de "Tosca" es riesgoso y explosivo. El remanido triángulo amoroso que abunda en las óperas románticas es reemplazado aquí por un trío extrañísimo que integran una cantante inestable, excesivamente celosa, muy creyente y aparentemente de carácter débil, Mario Cavaradossi, un pintor libertario y democrático -el único que se ajusta a ciertos perfiles románticos-, y Scarpia, acaso, el verdadero héroe dramático de la ópera, o, si se quiere, el antihéroe, un jefe de policía que podría ingresar en las páginas de los libros de Sade sin necesidad de mayores adaptaciones o retoques.

Pero el secreto del éxito de "Tosca" no está en estos trazos teatrales y literarios, sino en la música de Puccini. Desde el comienzo en la iglesia de Sant´Andrea della Valle hasta el final en Sant´Angelo el drama va creciendo en su intensidad no por los asuntos del libreto, sino porque la música de Puccini va potenciando de manera prodigiosa los distintos aspectos de cada uno de los personajes y porque viste a las escenas con una energía y una eficacia sonora asombrosas.

El armado musical del final del segundo acto es, tal vez, el momento de mayor intensidad de toda la ópera. A lo largo de una media hora, sobre el escenario conviven la obscenidad de la tortura, la lascivia, la mentira, el refinamiento, el asesinato, la conjura, el buen vino, la impudicia, el horror, el llanto y el ejercicio malsano del poder. Y en el medio de la tensión y del espanto, Tosca canta "Vissi d´arte", un aria de honda belleza en la que la artista reflexiona sobre la prueba a la que es sometida y que preludia su determinación de matar a Scarpia. Toda la escena es, musicalmente, una verdadera joya. Después de la tragedia, luego de la muerte de Scarpia, y del célebre "E avanti a lui tremava tutta Roma!", Tosca, sobre los sonidos de un pasaje orquestal sublime, se toma el tiempo necesario para conferirle al cuerpo un piadoso acto de unción. Puccini no alcanzó a conocer el cine sonoro. La observación de este momento de música incidental, como también el final del primer acto de "Turandot", demuestran cabalmente que la música del cine, un campo de la cultura musical que aparecería después de su fallecimiento, en 1924, lo tendría como uno de sus antecedentes obligados, uno de sus referentes esenciales.

Los requerimientos que "Tosca" plantea a los cantantes no son escasos. El papel de Mario es el más convencional y les ofrece a los tenores la oportunidad de abrir el tercer acto cantando "E lucevan le stelle", una de las arias soñadas para agradar y recoger aplausos. Pero para Tosca y para Scarpia se requieren algunas cualidades que van más allá de lo estrictamente vocal. Ambos son únicos y complejos. Tosca fluctúa entre la inocencia y la omnipotencia, entre la dulzura y la animosidad y, desde el punto de vista musical, debe enfrentarse con situaciones de gran exigencia para una soprano dramática sin que tenga, por el contrario, demasiados momentos en los cuales pueda lucirse con las agraciadas y típicas melodías puccinianas. Y Scarpia debe tener a mano todos los recursos vocales imaginables para poder componer no únicamente en el aspecto teatral a un sádico repugnante y enfermizo.

Escrita en el cambio de centuria, "Tosca" es una ópera que, por estética, discurso y búsqueda artística, pertenece al siglo XIX. Sin embargo, o quizá por ello, todo un símbolo, jamás decayó el interés por ella a lo largo de la centuria pasada, viendo pasar por su costado a las más diversas tendencias, escuelas, corrientes y estéticas. En Buenos Aires, el primer salto mortal de Tosca tuvo lugar apenas cinco meses después de su estreno romano, antes que en ninguna otra ciudad no italiana. Ahora, después de cinco años de ausencia, vuelve al escenario del Colón, donde siempre es bien recibida. En esta oportunidad, el trío estelar estará integrado por Olga Romanko, Daniel Muñoz y Luis Gaeta. Mario Perusso dirigirá la Orquesta Estable y la régie será de Roberto Oswald.

PARA AGENDAR

  • "Tosca" ópera de Puccini.
  • Teatro Colón Libertad 621. Funciones: mañana (Vespertino), martes, miércoles, jueves y jueves 29, a las 20.30. Hoy, ensayo general del segundo elenco abierto al público, con entradas de 2 a 5 pesos. Tel.: 4378-7100

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