La solitaria busqueda de la perfección

Antes del concierto de esta noche en el Colón, y de una función a beneficio en el Coliseo, el músico habla de su pasión por el piano y la dirección orquestal
Mauro Apicella
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8 de junio de 2011  

"La diferencia principal radica en lo clásica que es Madrid y lo modernista que es Buenos Aires", dice Horacio Lavandera ante la curiosidad del cronista sobre cómo ve este músico las dos ciudades en las que más tiempo pasa. Horacio (pianista argentino de 26 años) vive entre Madrid y Buenos Aires, entre Mozart y

Luis de Pablo, entre Beethoven y Stockhausen o Boulez, entre el piano y la dirección orquestal.

Entre o, mejor dicho, con todo eso a su alrededor. Lavandera es un tipo serio que dice que todo lo que consigue no es por talento sino por trabajo: estudia 12 horas al día. Hace ocho años se radicó en Madrid para continuar esa prometedora carrera que venía haciendo en Buenos Aires. Llegó anteayer, luego de un concierto en el Teatro Real de Madrid, donde tocó por primera vez, para un homenaje al octogenario compositor vasco Luis de Pablo, un programa con la orquesta estable y la dirección de su compatriota Alejo Pérez. En la Argentina lo esperan varios conciertos (ver recuadro): hoy en el Colón, luego en Salta, en Rosario y otra vez en Buenos Aires, para una función a beneficio, en el Coliseo.

La alternancia entre las dos ciudades -más allá de sus viajes a Salzburgo, donde estudia composición, y a otras ciudades donde da conciertos- es una característica de su presente.

Ama la música contemporánea y desde ahí navega de ida y de regreso por la obra de Stockhausen o por la de De Pablo (según el mismo Horacio describe, se conecta con el barroco y el renacimiento). "Durante la conferencia de prensa previa al concierto, Alejo Pérez dijo algo que fue muy impresionante para mí. Te lo cuento con mis palabras: habría que revolucionar la educación partiendo de los compositores contemporáneos, para ir desde ellos hacia los clásicos.

Bueno, eso es una toma de postura totalmente radical sobre la educación. Pero es cierto que compositores como Stockhausen o De Pablo toman referencias incluso anteriores al barroco o al renacimiento. Luis de

Pablo toma de aztecas y mayas con la misma facilidad que toma de poetas de su generación. Eso para mí es lo máximo porque se puede convivir con 2000 años de cultura. En el caso de Stockhausen también: el toma rituales hindúes más antiguos para recrear sus obras.

–A Stockhausen lo conociste, incluso te confió algunos secretos de su trabajo. ¿Cómo llegaste a De Pablo?

–También hace más de diez años. Fue jurado en un concurso. Hace cinco años le grabé Leggero-pesante, que es muy virtuosa y difícil, y ahora salió la oportunidad de este concierto. Estoy encantado de haber trabajado con una persona con esa cultura y esa historia. Luis de Pablo vino tres años seguidos al Di Tella por clases, en la época que venía Luigi Nono, Xenakis, Olivier Messiaen. Tiene muy buenos recuerdos de haber estado con Ginastera, con Zulueta.

–Tenés nostalgia por algo no vivido.

–Sí. Me hubiera gustado vivir esos años 20 o 30 de la Argentina. Esa creación de las orquestas. Un mundo que podía ser mejor que las convulsiones que hubo luego y sobre todo las convulsiones a partir de la segunda parte de los setenta. Eso rompió todos los esquemas culturales del país.

–¿Hacia dónde va?

–Para mí hay que recuperar esa línea de pensamiento que tenían Juan José Castro o Ginastera sobre un intercambio total con grandes capitales como Berlín, Viena, Londres, París. Es fundamental para la educación. Un teatro es un centro educativo, no un centro de convenciones y cócteles.

–Pero muchas veces sí lo es.

–Lamentablemente en los últimos cincuenta años se fue transformando la cultura en un centro de cócteles, no en algo educativo. Hay que generar cables con los grandes centros culturales de Europa, tomar ejemplo y luego crear la propia personalidad. Una obra de Beethoven en Alemania no muere. Acá la obra de un compositor argentino tampoco debería morir. Hay que pensar en ese teatro como educación para todos. Yo pienso en millones de conciertos que podría hacer, pero no tengo los espacios.

–Te cuesta acceder a espacios pero no a las obras. Cuando uno te escucha tocar parece que todo te resulta técnicamente fácil.

–Pero todo es difícil. A ver, no lo diría así: te puedo decir que me paso 12 horas al día estudiando.

–¿Seguís pensando que hay que buscar la perfección?

–Sí, por supuesto. Lo que no significa infalibilidad, sino el contacto total con la poética musical.

–¿Cuánto define el repertorio la carrera de un pianista?

–Creo que, sobre todo, tiene que ser algo personal y que sientas genuino. Como intérprete lo ideal es prepararte para abordar la mayor cantidad de compositores posibles. Leí hace un tiempo un libro donde decía que para que un producto pueda sobresalir debe tener un 10 por ciento de novedad y 90 de lo ya establecido. Bueno, capitalismo en estado puro [se ríe]. No lo sé. Hay que ser genuino e ir hasta el fondo. Creo que sirve la repetición de un programa determinado. Esto lo hace crecer a uno. La preparación de obras, desde que tengo 12 años, es constante. Pero ir repitiendo es lo que va haciendo madurar. El concierto de De Pablo lo repetiría mil veces. Cuánto me gustaría. Hay tantos pueblos con teatros abandonados.

–¿Aceptarías la dirección artística de un teatro?

–No lo sé. Soy muy joven y la burocracia no me agrada en absoluto. Me gusta estar tranquilo. Además, soy muy solitario. Soy músico y para tomar la dirección de un teatro uno tiene que estar preparado al doscientos por ciento en muchos otros niveles.

–¿Cuáles son los pros y los contras de ser solitario?

–A mí me gusta tener tiempo para pensar. Eso se logra cuando uno está en su propia soledad. Me siento muy bien así. Estudiando mucho los conciertos, las composiciones que hago. Lo mismo con la dirección. Esto te lleva todo el día. Música desde el podio Lavandera alterna sus estudios de piano con los de dirección. Pronto Horacio volverá a dirigir desde el piano obras de Mozart, como lo hizo el último año, frente a la orquesta Estación Buenos Aires, que lidera el violinista Rafael Gintoli.

En su autobiografía, Daniel Barenboim contó que de adolescente Edwin Fischer le dijo que estaba bien que dirigiera Mozart desde el piano pero que primero debía hacer cada cosa independientemente.

Horacio asiente y habla de lo que es su realidad: "Por ahora para mí es dirigir desde el piano. Es empezar a caminar como director. Lógicamente, estoy estudiando dirección muy en serio, estoy trabajando repertorio con Jorge Rotter en Salzburgo. Quiero dirigir. Estas son mis primeras oportunidades.

Trabajar con [Rafael] Gintoli me ayuda muchísimo. Es un concertino fabuloso. Y creo que desde el piano los conciertos de Mozart, que son como música de cámara, son un muy buen ambiente que se crea con los músicos porque todos se sienten partícipes. Cada uno tiene unas líneas de gran riqueza. Mozart es Dios [se ríe] entonces le da a cada uno un mensaje para que diga.

Conciertos y una función a beneficio

La serie de actuaciones de Horacio Lavandera comienza hoy, a las 20.30, en el Teatro Colón, dentro del ciclo Festivales Musicales, con una versión del Concierto Emperador de Beethoven, que interpretará con la Orquesta de Cámara de Chile, con dirección de Juan Pablo Izquierdo. El 16 estará en el Teatro Provincial de Salta. El 23 se presentará en el teatro Coliseo, en una función que la Asociación Argentina de la Orden de Malta hará a beneficio de varios hospitales. Allí tocará y dirigirá dos conciertos de Mozart. El 30 se presentará en el teatro El Círculo, de Rosario, y el 16 de julio tocará en el ciclo de Pilar Golf, antes de regresar a España. Volverá en septiembre, para un recital organizado por la DAIA y para un concierto con la Filarmónica de Buenos Aires, que ofrecerá en octubre (ambos en el Colón), entre otros agendados hasta fin de año.

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