Un tribalista en Buenos Aires

El artista de San Pablo es uno de los cerebros musicales de la última década en Brasil
Gabriel Plaza
(0)
11 de abril de 2006  

Cuando se está frente a la obra de este artista brasileño surge la pregunta: ¿quién es Arnaldo Antunes? ¿Un ovni musical de Brasil? ¿Un auténtico profeta de la modernidad brasileña postropicalista? ¿Un artista plástico que hace canciones? ¿O un tribalista nómade, sin territorio, que se mueve de un lugar a otro? Son algunas de las mismas preguntas que se hizo el medio musical brasileño cuando Antunes dejó su destacado lugar en la banda de rock Titas, a comienzos de los noventa, para editar "Nome", su primer y sorprendente álbum solista. Ese paso lo transformó en una referencia de la modernidad musical de los últimos diez años, con ocho placas en solitario, al que sumó el popular CD "Tribalistas" (2003), junto a Marisa Monte y Carlinhos Brown, que vendió un millón de copias.

Un artista multifacético

Paralelamente a la música, intensificó su intervención en otras disciplinas: editó siete libros de poemas y realizó muestras, instalaciones y performances. Pero es inútil diseccionar al creador paulista. Arnaldo Antunes es un artista integral: plástico, músico y poeta. "Para mí, es muy extraña una persona a la que sólo le gusta un tipo de música o un tipo de lenguaje artístico. A mí me gusta todo. Lo que pasa es que la especialización que trae el hombre premoderno tiende a separar todo. Pero el gran desafío es que toda la información fluya. Y en esas distintas manifestaciones culturales aparece lo que te transforma, lo que te va a hacer crecer", dice un Antunes sencillo y de fina inteligencia, que acaba de terminar de grabar su último disco, "Cualquier", que saldrá en junio, con un sonido más cool.

El cantante y compositor aterrizó en Buenos Aires como invitado especial para presentar el libro "Estación Brasil", de Violeta Weinschelbaum, donde aparece como uno de los 14 artistas entrevistados que ofrecen un exquisito recorrido por el pensamiento musical brasileño. El músico también aprovechó la visita para terminar la edición de su primera antología de poemas traducida al castellano y para charlar con LA NACION en un hotel del centro porteño.

-En tu último concierto en Buenos Aires, el año pasado, me llamó la atención la reacción de una parte del público, que estaba esperando las canciones de Tribalistas y vos saliste con una actitud más punk que desorientó a mucha gente.

-A mí me parece menos natural hacer algo etiquetado o esperado, eso de quedarme en un solo lugar, porque en realidad somos cambiantes todo el tiempo. La manera en que yo hablo contigo es diferente de la forma con que hablo con mi novia o con el taxista. Cada situación tiene una adaptación, entonces somos múltiples por naturaleza.

-¿Te gusta ser inclasificable en algún sentido?

-Nosotros nacemos con ese aprendizaje de las diferencias, que es algo muy propio de la cultura brasileña. En el libro "Estación Brasil", de Violeta Weinschelbaum, todos los artistas que entrevistó hablan de mezcla, diversidad y de la herencia del tropicalismo y la antropofagia, que fueron movimientos que valorizaron nuestro mestizaje cultural de muchas maneras. Eso es muy natural para nosotros.

-Hay un texto tuyo que habla de la no identidad de los paulistas. ¿Cómo te influyó eso?

-Hay una frase muy interesante de un pensador de San Pablo, que decía: "No somos ni europeos ni americanos del Norte, mas estamos destituidos de la cultura original; nada nos es extranjero, pues todo lo es". Yo creo que es una buena definición de la cultura brasileña, y eso ocurre más radicalmente en San Pablo, donde hay italianos, japoneses, judíos y árabes que conviven en paz.

-¿Cómo lo traducís en música?

-Creo que a la vez que es muy valiosa la manera en que se trata la cuestión del mestizaje, surge una necesidad de tener una personalidad musical. No basta solamente con mezclar, porque eso ya es algo que existe a priori en nuestra cultura. Nacemos escuchando samba, rock, reggae, funk, maracatú y baiao. Todo eso es parte de nuestra formación. Qué hacer con eso es lo que le da valor a cada artista. Yo trabajo con la necesidad de revelar lo obvio, con eso que no está siendo visto por la gente de tan obvio que es, y eso a su vez crea como un extrañamiento de mi obra, cierta alteración de los sentidos.

-Del libro surge que no existe una idea de un nuevo movimiento musical en Brasil ¿es así?

-Tal vez los movimientos sean un formato perimido. No creo que haya una necesidad histórico-cultural en este momento de una aglutinación de artistas que mira el futuro en una sola dirección, sino que esa diversidad de la que hablamos constituye una realidad cultural en la cual las novedades pueden ocurrir en muchas direcciones diferentes. Es más interesante este estado que el de dar una respuesta única, como fueron la bossa nova o la tropicalia. Esto no quiere decir que sea un momento menos interesante.

-Es común escuchar que después de la bossa nova o el tropicalismo no ocurrió nada.

-Y sin embargo aparecieron cosas maravillosas. Tuvimos a Rita Lee, Jorge Ben Jor, Novos Bahianos, toda la obra posterior de los setenta de Gilberto Gil y Caetano Veloso, y en los noventa el mangue beat, que fue uno de los grandes acontecimientos del siglo pasado gracias a Chico Science. Al mismo tiempo todos esos movimientos continúan nutriendo el impulso de nuestra obra, porque generaron cosas muy potentes. Eso está en la corriente sanguínea de nuestra cultura. Pero no hay que repetir. Hay que tomar eso como un punto de partida.

-¿Qué fue Tribalistas dentro de todo ese recorrido histórico?

-Tribalistas fue un éxito muy grande, pero nunca fue pensado como un proyecto de grupo o un nuevo movimiento, sino como el encuentro de tres amigos con los que continuamos haciendo música juntos. Es increíble la cantidad de ideas y canciones que salen cuando nos vemos con Marisa y Carlinhos. Incluso muchas de esa canciones van apareciendo en nuestros discos y en el de otras personas, como Rita Lee.

-¿Habrá un "Tribalistas 2"?

-Podemos volver a encontrarnos en un escenario o en un estudio porque disfrutamos mucho componiendo. A mí no me pasaba algo así desde Titas. Pero si hiciéramos otro disco juntos no se llamaría Tribalistas, sino que sería otra cosa. La expectativa de la gente, en cambio, es otra. Quieren que repitamos esa idea, aunque en alguna medida eso está porque seguimos componiendo juntos. Tribalistas continúa, pero de otra forma.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.