Verdi, cantado con pasión en el Roma

(0)
11 de mayo de 2005  

Representación de la ópera "Il trovatore" , de Giuseppe Verdi, con libreto de Salvatore Cammarano y Leone Emanuele Bardere, por el Coro (dirección: Ricardo Barrera) y la Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda (dirección: Roberto Luvini). Dirección escénica: Daniel Suárez Marzal; escenografía: Juan Ruiz; vestuario del Teatro Argentino de La Plata, y esculturas de Facundo Lozano. Cantantes: Enrique Gibert Mella, Antonio Grieco, Haydée Dabusti, Alicia Cecotti, Gianantonio Verlato, Ana Laura Siniscalco, Gustavo Torella y Juan Pablo Labourdette. En el Teatro Roma de Avellaneda.

La carga romántica de inolvidables melodías y marcados contrastes dramáticos que encierra este título volvió a despertar fervorosas adhesiones en Avellaneda. Un público que colmó la capacidad del Teatro Roma siguió con creciente interés la complicada trama operística urdida por Cammarano-Bardere, sobre el drama homónimo de Antonio García Gutiérrez, en el que Verdi trabajó con la fuerza de su música.

A las grandes exigencias vocales de "Il trovatore" debe añadirse la elaboración dramática de cada escena en la que Verdi recala para despertar en cada personaje pasiones violentas, poniendo el acento en recitativos, arias, dúos y concertantes en los que el amor o el sufrimiento operan la catarsis. Así lo entendió la dirección escénica que inteligentemente ejerció Daniel Suárez Marzal, contando con esquemáticos recursos escenográficos en una puesta minimalista en la que la cruz, la cadena o la hoguera adquieren toda su fuerza simbólica. El trasfondo negro sin telones decorativos acentuó la teatralidad de las escenas.

La dirección musical de Roberto Luvini supo movilizar los mejores recursos expresivos de la Sinfónica de Avellaneda, que adquirieron relieve a lo largo de la jornada; el coro, en cambio, sólo en parte respondió a las expectativas; no obstante, al comienzo del segundo acto, en el campamento gitano respaldó con efectividad y ajuste. Resultó así, totalmente lograda en lo escénico la primera intervención de la gitana Azucena (Alicia Cecotti) en "Stride las vampa!", uno de los personajes centrales en los que se apoyó Verdi para elaborar la idea del amor materno que, tierno o terrible, encubre una venganza a medida que la acción transcurre.

Exigencias vocales

Arduas exigencias vocales e interpretativas requiere Verdi de los cuatro personajes centrales en los que recae el peso del drama, con el canto de amor del protagonista como hilo conductor. El tenor Antonio Grieco (Manrico) se desempeñó en este papel con generoso caudal vocal, aunque con un desempeño escénico que distó de traducir el perfil psicológico de su personaje. En "Di quella pira" fue, empero, convincente. Excelente fue la Leonora que compuso Haydée Dabusti, por la depurada línea melódica, la afinación que exhibió en todo momento y el permanente contralor de sus medios expresivos, traduciendo toda la gama sentimental de su personaje. Notable acierto interpretativo tuvo la mezzosoprano Alicia Cecotti, no sólo por sus cualidades vocales, color y recursos expresivos, sino especialmente por el ahondamiento dramático que confirió a su personaje y la desenvoltura escénica que exhibió. En cuanto a las difíciles exigencias que en su tesitura pide Verdi a su Conde de Luna, cabe reconocer un desempeño efectivo a Enrique Gibert Mella. Gianantonio Verlato (Ferrando) cumplió con eficacia, aunque con altibajos vocales, y Ana Laura Siniscalco y Gustavo Torella fueron correctos.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.