Nadar contra la corriente

Daniel Amiano
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27 de octubre de 2000  

La naturaleza del salmón lo lleva a luchar contra la corriente. No conoce otra forma de vivir. Ese es su destino y su justificación dentro de la naturaleza. No importa a cuál fuerza deba enfrentarse. El salmón subirá el río; es el único camino que conoce.

En estos días llega "El salmón", el nuevo trabajo de Andrés Calamaro, que tiene una particularidad: se trata de cinco discos compactos que contienen 109 canciones. ¿Se trata de una broma? Sí, claro, y también de algo muy serio. Es un nuevo exabrupto de Calamaro, empecinado durante estos últimos años en dar a conocer los temas casi tal como vinieron al mundo, abocado -según sus propias palabras- al "método kamikaze de composición frenética", mediante el cual enciende el "fuego sagrado de la inspiración y la locura".

Calamaro se impone un desafío: componer incansablemente, en la habitación más oscura de su casa, y hacer un tema tras otro. De verdad. Tanto, que puede tener listas más de veinte canciones en una sola noche. No parece normal, y no lo es. Pero ése es su juego. Un juego cuya idea principal es la de provocar. Pero no hay que tomárselo muy en serio. El mismo se desprende de las canciones, justamente, para seguir ese juego de hacer canciones, una tras otra, en una forma que podría dar la impresión de ser poco seria para armar un camino artístico. Pero Calamaro plantea que no se lo tome demasiado en serio: sólo llama la atención. Y de una manera verdaderamente desafiante. ¿A quién, si no, se le ocurriría editar un álbum quíntuple en un momento de notable crisis del mercado del disco? Además, si su último álbum, el doble "Honestidad brutal", tiene notables altibajos en su contenido, ¿qué puede esperarse de un álbum multiplicado por cinco?

* * *

Todavía no están los cinco CD en las bateas (vienen de España), pero ya se consigue "El salmón" en versión reducida (un CD) que contiene 25 temas. De todas formas, el tema central no es si hay cambios en su propuesta estética. De hecho, no la hay, aunque sí uno puede estar seguro de que la espontaneidad es la característica común del Calamaro de los últimos años. Una espontaneidad que tiene mucho de planteo artístico. Porque la idea, justamente, es la de dar las canciones brutalmente, tal como fueron compuestas, tal como fueron vividas, tal como fueron olvidadas por él mismo, empecinado en escribir nuevas canciones que, quién sabe, quizá la próxima vez sean 500 o 5000, que se reiteren incansablemente, y que se mantengan desprolijas, desafiantes y desordenadas.

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