Novedades en el Malba

Diego Batlle
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7 de septiembre de 2012  

De los cinco estrenos argentinos que Malba.cine presenta en septiembre, cuatro tuvieron un paso previo por el Bafici y, el restante, por el Festival de Mar del Plata. Para las películas independientes -se sabe- la llegada a las salas luego de haber pasado por muestras locales e internacionales no suele ser fácil y, como ocurre este mes, a veces terminan coincidiendo en un mismo auditorio.

En la oferta de Malba.cine (Figueroa Alcorta 3415) aparece, por ejemplo Papirosen (los viernes, a las 20), segundo largometraje de Gastón Solnicki ( Süden ) que ganó la Competencia Argentina del último Bafici. El film, que también se exhibe en las nuevas salas del Centro Cultural San Martín, apela a un registro bastante transitado como el de las home-movies , pero trasciende el mero marco amateur de una película familiar para convertirse en un franco, despiadado, fascinante retrato de los propios parientes del director (desde su histriónico padre Víctor, que lidera este verdadero clan hasta su pequeño sobrino Mateo), a los que Solnicki siguió de manera obsesiva con su pequeña cámara digital durante una década.

El resultado -un poco a la manera de Tarnation , de Jonathan Caouette- es tragicómico, contradictorio y muy descarnado. Patéticos y queribles a la vez, los excéntricos Solnicki son registrados en su intimidad y, así, Papirosen alcanza momentos de gran cine.

Por las tierras del norte

También podría definirse como un documental familiar a El etnógrafo (sábados, a las 18, en Malba.cine y, desde el próximo jueves, también en el Gaumont), notable trabajo de Ulises Rosell ( Bonanza y Sofacama ) sobre la historia de John Palmer, un antropólogo inglés que llegó a una comunidad wichí de la zona de Tartagal a principios de los años setenta, se quedó a vivir allí, se casó con una mujer de esa etnia y se convirtió en uno de sus líderes.

Rosell -que al igual que en Bonanza demuestra una gran capacidad para encontrar un personaje poco convencional y exponerlo en toda su dimensión- maneja con sabiduría y rigor los distintos niveles del relato: el familiar (el protagonista tiene cinco hijos), el etnográfico (no es fácil acceder a la intimidad de los pueblos originarios) y el judicial (con un caso legal que muestra las profundas grietas y contradicciones entre las costumbres de los "criollos" y los "indígenas"). Un retrato de enorme profundidad y belleza que, además, evita caer en el paternalismo y elude los dictados de la corrección política.

También en el norte se desarrolla Mensajero (domingos, a las 20), film de Martín Solá que describe las desventuras de Rodrigo, un muchacho que se gana la vida como mensajero de pueblo (va en moto dando recados casa por casa). Sin embargo, luego de una procesión religiosa, el personaje viaja por tres meses hasta una salina para ganarse unos pesos como trabajador golondrina. Allí, la contemplativa película -rodada en bellos, largos, casi hipnóticos planos en blanco y negro- adquiere su real dimensión estética y narrativa.

Riguroso documental observacional, Mensajero nos propone un viaje a una tierra y su gente sin lugares comunes, pintoresquismos ni subrayados porque confía -y hace bien- en el poder de sus imágenes.

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