Pedro Aznar: "Debemos seguir las pasiones que nos habitan"

El músico disfruta de su gran momento artístico y de la popularidad; esta noche se presentará en el Luna Park con un menú de canciones elegido por el público
Sebastián Espósito
(0)
30 de agosto de 2014  

Caos creativo. En el living de Pedro Aznar, la música es una presencia constante, un integrante más de la familia. El piano nos da la bienvenida, un dibujo de John y Yoko saluda desde una pared y los gatos Keiko y Francisco cogotean ante la llegada de un par de extraños. La discografía completa y en vinilo de los Beatles reluce sobre el teclado y la biblioteca del dueño de casa resume sus intereses: ficción, poesía, música, pintura. Hay algo de aquel hogar de la década del 60, en el barrio de Liniers, que se quedó para siempre en el corazón del chico que a los 14 años empezó a tocar jazz-rock con Madre Atómica y a los 18 ya jugaba en las ligas mayores, con Charly García, David Lebón, Oscar Moro y ese súper grupo que fue Serú Girán ¿Vieron esas casas minimalistas que aparecen en las revistas de diseño de interiores y de la farándula? Allí no hay libros, ni discos, ni destellos de amor al arte. "Podría ser una casa hi-tech, con libros electrónicos y música en la nube", dice Aznar, ya cómodamente sentado y entre carcajadas. "Esta presencia de libros y discos es parte de una pertenencia. En mi casa (paterna) había un combinado que era un poco más de lo que nos podíamos permitir económicamente".

Libros no había mucho porque no era una familia muy lectora. Sí la clásica enciclopedia Salvat, un libro de viajes y uno de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

-En los últimos años, tus discos y tus conciertos tendieron a promover una síntesis. ¿Cierto?

Sí, Cuerpo y alma (98) es el disco que marcó un punto de inflexión, el que enuncia ese abanico estilístico. Ahí hay tango, folklore, canción de raíz latinoamericana, música afroperuana y a la vez está todo el tiempo atravesado por la estética del rock. Era uno de los discos favoritos de Mercedes [Sosa]. «Ay, nene, lo llevo en el auto [dice imitando la voz de la entrañable cantante y ríe con ganas], lo escucho todo el día», me dijo una vez. Me enorgulleció muchísimo y me sirvió para darme cuenta de que estaba bien planteada mi apuesta estética. Los discos en los que amalgamó a Charly García con Peteco Carabajal, Cuchi Leguizamón y Chabuca Granda fueron mi referencia como crisol de fusiones y que ella me dijera eso fue como recibir una bendición papal.

-Empezaste a tocar desde muy chico y a los 14 ya estabas sobre un escenario. Desde el comienzo te mediste con músicos mayores.

-No siempre, el Mono Fontana [tecladista de Luis Alberto Spinetta y con una larga trayectoria solista] tenía 14 como yo cuando empezamos a tocar juntos en Madre Atómica, pero él ya era un peso pesado. Habérmelo cruzado a mis 14 fue un impacto y me tuve que esforzar para estar a la par. Después pasé por Alas, Serú Girán y el Pat Metheny Group. Así que sí, tuve que crecer y avivarme rápido.

-Más de uno se hubiera mareado. ¿No?

-Es que si te mareás, te la perdés. Si te da bola la piba más linda del mundo, no balbucees, ponete tu mejor pilcha y avanzá.

-Ya no es noticia ir a estudiar a la universidad de música de Berklee, pero cuando dejaste Serú Girán para ir a los Estados Unidos fue como si hubieras revelado que eras un extraterrestre.

-Irse a estudiar no era tan marciano, pero sí en el mundo del rock. Quizás yo fui uno de los músicos de rock que cambió un poco el paradigma. Claudio Gabis [guitarrista de Manal] también hizo un viaje inusual. El tipo se dedicó a la docencia, se fue a España a investigar cuando acá era una celebridad.

-¿Qué te dieron el jazz, la Berklee y el grupo del guitarrista Pat Metheny, al que ingresaste luego?

-Amplitud, seguridad y sentido de excelencia, que si bien yo ya lo tenía, me sirvió para ajustar el cómo de la excelencia. El camino que hice fue para ir encontrando mis potencialidades y lograr el mayor alcance que le pudiera dar a cada una. Ése sigue siendo el viaje. «Me sigo pavimentando y seguiré hasta el fin», decía la letra de "Peluca telefónica" [Charly García]. Pavimentarse como el hecho de optimizar la ruta.

-¿Y sacar toda la maleza?

-Algo de maleza tiene que quedar, tiene que conservarse algo salvaje y una dosis de amateurismo, si querés. En mi disco Ahora (2012), usé la guitarra con la afinación de blues tradicional para no saber bien dónde estaban las notas. La idea fue tocar como un chico que recién empieza, pero con el oído del tipo que sí sabe hacerlo.

-Distintos métodos para llegar a distintos resultados. ¿Cierto?

-Sí, me planteo esos caminos alternativos para dinamitar el mapa. El hecho de estudiar distintos instrumentos es una forma de hacerlo. ¿Cómo piensa el saxofón? Su lenguaje es húngaro antiguo para un guitarrista y estudiarlo te lleva a pensar la música desde otro lado.

-Tu público es la envidia del marketing, va de 20 a 80 años.

-¡Y tengo fans de 5! Eso me gusta muchísimo. "Mi nena de 5 muere con tal tema", me escribió uno y me hizo recordar mis 6 años, cuando escuchaba Revolver, de los Beatles. Escuchaba "Tomorrow Never Knows" y no sabía ni la décima parte de lo que pasaba ahí adentro, pero había algo que me atrapaba. Y a estos pibes les debe de pasar algo similar. Lo que me gusta del público muy joven es que va por una sensación, por cómo suenan las palabras. Así descubrí la poesía a los 5 años. Me di cuenta de que a las palabras les crecían alas. Y con la música me pasó lo mismo. Escuché las guitarras eléctricas, las voces y las armonías del rock y quise eso para mí.

-Los chicos dibujan, pintan, escriben, pero pocos lo trasladan al mundo adulto.

-Porque hay una preconcepción de que eso no es un medio de vida, que tenés que sentar cabeza y tener una profesión sólida para alimentar a tu familia. Lo cual es totalmente atendible desde un punto de vista, pero, desde otro, si vos no seguís las pasiones que te habitan, te convertís en un operario, en un tipo que baja una palanca. ¿Y tu vida dónde está? Si lo creativo no atraviesa de alguna manera lo que hacés, estás muerto. Expresarte es tu derecho de nacimiento.

-¿Quién te puso Revolver a los 6 años? El disco, ¿eh? No un arma.

-Jaja. ¡Es que fue como un revólver de pintura psicodélica! Yo quería el nuevo de los Beatles, estaba emperrado y mis viejos me lo compraron. A ellos esa música les parecía ruido a tachos, pero le dieron el gusto al nene. Mi viejo era músico de tango. Yo me encontré con una música que no reconocí fácilmente como la de los Beatles; yo esperaba "She Loves You" y apareció otra cosa. ¡Se me quemó el CPU! Apareció "Eleanor Rigby", "Tomorrow Never Knows", "Taxman" y ese solo demoníaco y la posibilidad de que dentro del rock pudieran convivir la experimentación electrónica, la música clásica, una balada de amor, un rockito hecho y derecho y la música soul. Eso fue un marcador en mi vida.

-¿Ya hacías música?

-No, canturreaba en un inglés inventado y a la hora de la siesta me hacía baterías con latas de dulce de batatas. Pero era claro que me traspasaba una pasión por la música y por la palabra. A los 6 años me publicaron en la revista de la escuela un poemita que había hecho jugando con los nombres de los colores. Recién a los 9 años me mandaron a estudiar guitarra con una profesora del barrio.

-¿Qué tocaba tu papá?

-El violín. Había tenido un quinteto, Minerva, en los años 40, pero para cuando yo nací, había dejado la carrera musical por estas consideraciones que mencionábamos antes. Una carrera muy sufrida, sobresaltos económicos, horarios que no condicen con los de un padre de familia. Y es así, es una vida que no te pone un sobre con un sueldo sobre la mesa todos los meses. Creo que mi viejo con buen tino midió el alcance de lo suyo. No era un músico ciento por ciento profesional. Hizo algunas apariciones en la radio, ganó un concurso en la tele, pero no componía música propia. Durante muchos años, típico de recién psicoanalizado, yo me peleaba con la imagen de mi viejo en mi fuero interno y con los años y aún más terapia lo entendí.

-A los 18 años entraste a Serú Girán. ¿A Charly, Lebón y Moro los tenías en el firmamento?

-No en ese momento, porque yo en esa época creía que el jazz iba a salvar al mundo [risas], pero si los hubiera conocido cinco años antes no les hubiera podido hablar. Yo era fan de Charly [García] y de David [Lebón] y [Oscar] Moro también. De pibe escuchaba Los Gatos, Pescado Rabioso, el primer disco solista de David. Con Madre Atómica en los ensayos tocábamos temas de Color Humano, donde David había grabado la batería y le sacábamos los piques de lo que tocaba. Charly me recordó varias veces muriéndose de risa: «Vos de pendejo me dijiste que yo hacía cancioncitas en Sol mayor». Creo que eso hizo que el tipo hiciera "Desarma y sangra". Lo que yo llamaba cancioncitas podía ser tranquilamente "Confesiones de invierno", un himno al cual hoy homenajeo en mi repertorio. Pero ese comentario desatinado fue mi manera de cometer un parricidio musical necesario para poder pararme en algún lado.

Pedro Aznar

A la carta

Hoy, a las 21.30.

Stadium Luna Park, Bouchard y Corrientes.

Entradas, desde 180 pesos.

El multiinstrumentista llega al Luna Park con un repertorio íntegramente elegido por su gente

Para Pedro Aznar huele a primera vez el concierto de esta noche en el Luna Park, aun cuando se haya presentado allí en decenas de ocasiones. Los últimos años alternó presentaciones en el Ateneo, el teatro Gran Rex y el Coliseo. La demanda creciente lo llevó a agregar funciones y ahora, sin disco nuevo que promover (el más reciente, Mil noches y un instante, es su concierto del año último que salió en CD y DVD) se le anima al templo de Bouchard y Corrientes. "Toqué ahí por primera vez a los 15, con la banda de Raúl Porchetto. Ahí debutó Serú Girán, hicimos una participación chiquita en un festival y nos fue pésimo. ¡Nos tiraron pilas! Toqué de invitado de mucha gente y en un festival que se hizo para apoyar a Aerolíneas en su momento más álgido. Es un lugar que frecuenté tanto como ese bar al que uno siempre vuelve. Y como solista estuve con el proyecto especial Caja de música (2000)." Aún en su momento de máxima popularidad, Pedro Aznar no detiene la marcha de todos sus proyectos e inquietudes. Como su más reciente berretín, los vinos Octava (un varietal y dos blends), que lanzó con el enólogo Marcelo Pelleriti. Multiinstrumentista, poeta, compositor e intérprete de clásicos que se hacen carne en él, todo bajo el lema "inspirarse en los mejores". "Si querés jugar al fútbol miralo a Messi, después verás qué te sale."

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.