Pennington: apasionado por William Shakespeare

En la Usina del Arte, el actor inglés cerró una nueva edición del festival consagrado al dramaturgo inglés
Carlos Pacheco
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28 de febrero de 2015  

Con la presentación del espectáculo Sweet William, interpretado por el destacado actor inglés Michael Pennington, cerró en Buenos Aires el Festival Shakespeare. Una única función en la Usina del Arte posibilitó reconocer la performance de este valioso actor, cuya carrera está muy ligada a la producción shakespeareana. Ha interpretado buena parte de sus obras y tiene un conocimiento profundo sobre el autor.

El festival, que culminó anteayer en esta ciudad, se presentará a partir del próximo martes en Montevideo, Uruguay. Pennington será quien lo inaugure ofreciendo su unipersonal en la sala Verdi.

"Estuve trabajando sobre Shakespeare durante cincuenta años -explica el creador- y hace diez tuve la idea de dar forma a este espectáculo. Muchos actores han hecho experiencias similares. Algunos recreando fragmentos de las obras que habían realizado a lo largo de su carrera. Steven Berkoff, por ejemplo, prefirió tomar a los villanos que aparecen en las piezas del autor. Yo me interesé en la biografía de Shakespeare. Su carrera está dividida en dos. La primera se desarrolla bajo el reinado de Isabel y la segunda en tiempos de Jacobo I. En esta etapa, él escribe sobre el poder de una manera diferente. En verdad no sabemos mucho sobre su vida, no tenía una gran exposición. En mi espectáculo, además, me permito hacer roles que en mi carrera nunca pude hacer, como Cleopatra, Julieta, la reina Margarita de Enrique IV. También tomo fragmentos de algunas piezas poco representadas como Timón de Atenas."

Matrimonio con William

Sweet William se estrenó en Inglaterra, en 2007, y luego Pennington lo presentó en varias ciudades de Estados Unidos. Después lo dejó reposar un tiempo. No tenía ganas de seguir trabajando solo sobre un escenario. Hace poco lo retomó y volvió a sacarlo de su país. Hizo funciones en Rumania, Hungría, España, Israel, Francia. Ésta es la primera vez que el intérprete llega a América del Sur.

El actor explica que tiene un matrimonio largo con Shakespeare y que, aunque a veces necesita escapar de él para hacer a otros autores, siempre vuelve a reencontrarse con "su pareja".

Cuando tenía once años y un interés especial por el fútbol, sus padres le explicaron que debía tener una buena educación y por eso debía ver una representación shakespeareana. Lo llevaron al Old Vic a ver Macbeth. "No lo sentían muy profundamente, pero creían que ésa era una manera de educarme -explica-. Recuerdo que la obra comenzaba con un grito en la oscuridad, se encendían las luces y en escena estaba un soldado ensangrentado que moría, luego aparecían las tres brujas. Estaba fascinado con esas imágenes. Parecía un film de Tarantino. Había sangre, fantasmas, violencia. Pero también el lenguaje me conmovía. Fue como descubrir el rock and roll. A los quince años, había visto casi todas las obras de Shakespeare."

Cuando se le pregunta a Michael Pennington si ha variado su punto de vista sobre la producción del autor al cabo de los años, se queda pensando. Aclara que lo suyo siempre fue más práctico que intelectual. "Aunque he notado ciertas cosas -aclara-. Cuando Nixon enfrentó el escándalo del Watergate, en Inglaterra muchas producciones rescataron Medida x Medida, una pieza que habla sobre el abuso de poder. En el 89 hice Coriolano cuando cayó el Muro de Berlín y países como Rumania y Alemania del Este empezaron a reinventarse como sociedades. Indudablemente, mi opinión fue cambiando con el correr de los años. Recientemente hice Rey Lear por primera vez. Pensaba que Lear era un tirano, un estúpido, un déspota. Ahora, que tengo la misma edad que el personaje, descubro que también es una pieza que habla sobre la condición de ser padre. Y él es muy malo, pero aprende a entender a su hija Cordelia. Me doy cuenta hoy de que se trata de una obra más personal, más cercana."

Aunque Pennington es un profundo admirador de Shakespeare también le gusta mostrar sus costados menos divulgados. "Este hombre no era un intelectual -aclara-, tampoco un gran lector. Pero si escuchaba una buena historia que venía de otros tiempos, construía una pieza a partir de eso. Su genialidad no fue inventar nuevas historias. Supo usar y adaptar las anteriores hasta hacernos olvidar aquéllas. Era un dramaturgo muy práctico que producía dos o tres obras por año para una compañía que necesitaba todo el tiempo nuevos textos. Sus dedos, seguramente, siempre estaban cubiertos de tinta. Estaba bajo una extrema presión y eso lo tornaba misterioso. Hay partes de sus obras que, en realidad, no están bien escritas. Producía muy rápido. A veces se olvidaba en el acto cinco de lo que había dicho en el acto uno. Hay trabajos que no están bien terminados. Así y todo ha sido el mejor dramaturgo que ha existido. Quizá no tanto como Anton Chejov, pero escribió más que él."

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