Personajes extremos y vidas dolorosas

Carlos Pacheco
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29 de julio de 2015  

Vigilia de noche / Autor: Lars Norén / Intérpretes: Pilar Gamboa, Walter Jakob, Luis Machín y Mara Bestelli / Iluminación: Juan Ramos / Vestuario: Laura Singh / Escenografía: Franco Battista / Asistente de dirección: María Leiva y Leo Méndez / Dirección: Daniel Veronese / Teatro: San Martín, Corrientes 1530 / Funciones: miércoles a sábados, 20.30; domingos, 19.30 / Duración: 100 minutos / Nuestra opinión: muy buena.

El sueco Lars Norén es un autor poco divulgado en la Argentina. Durante la década de los 80 se vieron en Buenos Aires dos de sus obras: La noche es madre del día ,interpretada por el Teatro Popular Latinoamericano, un grupo residente en Suecia, dirigido por Hugo Álvarez, y Mal de padre, protagonizada por Federico Luppi.

Ahora regresa a nuestros escenarios de la mano de Daniel Veronese y con un texto sumamente potente, en el que expone casi sin piedad la realidad de dos matrimonios en un contexto asfixiante. Los hermanos John (Walter Jakob) y Alan (Luis Machín) llegan con sus esposas al departamento que habita el primero, luego de cremar los restos de su madre muerta.

El disparador de la historia no resulta ser esa mujer que acaba de desaparecer de sus vidas, sino la propia realidad que viven esos hermanos que parecieran conocerse muy poco. No viven en la misma ciudad, apenas tienen recuerdos de algunos acontecimientos compartidos. Son dos seres desangelados que han construido mundos muy opuestos y que, tal vez por rutina, mantienen como pueden.

Norén es sumamente eficaz a la hora de diseñar a esos personajes. También a las mujeres: Charlotte (Pilar Gamboa), pareja de John y Mónica (Mara Bestelli), esposa de Alan. Cada uno posee un mundo oculto que esa noche comienza a asomar de manera desprolija, sucia; tanto que las historias de los cuatro van enredándose hasta dar forma a un caos en el que la violencia termina ocupando un lugar preponderante.

La pieza está magníficamente dirigida por Daniel Veronese. El creador pone en valor a cada una de esas criaturas hasta límites inesperados. El ritmo crece de manera constante y esas historias poseen un despliegue tal que el espectador es arrastrado hacia muchas de las situaciones de manera agobiante. Por la forma en que van entramándose las relaciones es imposible desentenderse de esas vidas dolorosas en las que, sobre todo - y nada menos-, los afectos no pueden corresponderse.

En ese mecanismo casi salvaje, cada intérprete encuentra su espacio de pertenencia con mucha vitalidad. Jakob, el hermano más sereno, se ausenta de la realidad con mucha sagacidad, pero es perverso cuando el dolor lo golpea; Gamboa es extremadamente inquietante, intenta manipular y es manipulada hasta perder los límites frente a aquello que defiende; Besteli, la más frágil, indefensa, es quien más espera cobijo en el amor; Machín despliega una actuación por momentos arrolladora. Su personaje tiene tantos matices y él potencia cada uno hasta ese lugar en el que la sorpresa golpea el alma con fuerza.

Vigilia de noche es una experiencia perturbadora, de una muy potente teatralidad que, sin dudas, impone a Norén en la cartelera porteña y a través de un equipo creativo que se entrega a su juego con mucha pasión.

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