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Fabián Vena: "La televisión de aire no está cambiando, se sostiene con parámetros antiguos"

El actor, que se incorporó a la tira Golpe al corazón, opina sobre la crisis que atraviesa la ficción argentina, confesó qué prejuicios logró derribar en el último tiempo y explicó por qué preferiría no volvería a interpretar a un malvado como el que compuso en Resistiré
El actor, que se incorporó a la tira Golpe al corazón, opina sobre la crisis que atraviesa la ficción argentina, confesó qué prejuicios logró derribar en el último tiempo y explicó por qué preferiría no volvería a interpretar a un malvado como el que compuso en Resistiré Fuente: LA NACION - Crédito: Guyot/Mendoza
Martín Artigas
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22 de febrero de 2018  • 20:23

Frente a una ventana que sirve de espejo, se abrocha el guardapolvos y repasa la letra, afloja los músculos de la cara, agrava la voz hasta encontrar el tono justo entre el enojo y la amenaza. La escena es una de las últimas que grabará este viernes caluroso, en ese estudio que simula ser una clínica médica pero en realidad no es más que un montón de paneles divisores, instrumental de fantasía y pasillos que no conducen a ningún lado. Fabián Vena conoce muy bien de qué se trata la televisión: un largo camino ha recorrido desde su debut como ese chico pelilargo, rebelde y contestario de Socorro, quinto año, en 1990. Por eso entra en escena, dice su parlamento y, tras una segunda toma, el director decide dar por terminada la jornada.

Hace pocas semanas que se incorporó a Golpe al corazón, la telenovela que Telefe emite cada noche, a partir de las 23.30. Allí compone a Franco Rocamora, un cirujano que llega a la clínica y se convierte en el tercero en discordia entre la pareja de Marcela Ríos (Eleonora Wexler) y Rafa Farías (Sebastián Estevanez). "Es un tipo soltero, que vive con su hijo que ya es grande, y que en sus tiempos libres toca el piano, le gusta el jazz, vive bien... Es sociable, muy frontal, sin dobleces ni segundas intenciones", define Vena en diálogo con LA NACION.

Está claro que Vena ha trabajado mucho sobre su personaje. Se reconoce como un obsesivo del trabajo, ya también como un actor que prefiere componer antes que interpretar e ir a lo seguro. Además, su incorporación es algo tardía, ya que se produce en el último tramo de la telenovela producida por Quique Estevanez. "Sabía que entraba con 80 o 90 capítulos hechos y que la historia doblaba a mucha velocidad", dice. "Como actor, hay que estar en un estado de mayor recepción para ver cuál es el código que está manejando el equipo. De todos modos, la idea de incorporar nuevos personajes genera un aire distinto, una oxigenación. Pasa en el teatro también: cuando hay un reemplazo, se baraja de nuevo".

-Tu personaje vino a romper algunos esquemas en la pareja protagónica...

-Sí, pero desde el amor, no desde la irrupción violenta o agresiva, sino desde un lugar amoroso. Eso es peor, porque genera más amor y más conflicto, en este caso.

-¿Fuiste alguna vez "tercero en discordia" en la vida real?

-Tengo la certeza que los sentimientos y las emociones no se manejan. Eso es algo con lo que uno tiene que convivir, y hasta nos da el coraje y la honestidad; debemos combinar esos sentimientos con el deseo. De todos modos, en lo personal, si noto que hay una mínima posibilidad de que haya un rechazo de la otra parte, salgo corriendo. No me meto en esa, ni tampoco me gustaría compulsar con un sentimiento. Esas cosas se dan cuando es mutuo.

Franco Rocamora, su personaje en Golpe al Corazón, se interpone como tercero en discordia de la pareja protagónica
Franco Rocamora, su personaje en Golpe al Corazón, se interpone como tercero en discordia de la pareja protagónica Fuente: LA NACION - Crédito: Guyot/Mendoza

-¿Te considerás un tipo competitivo?

-No, la competencia es algo espantoso, algo que está asociado con la inseguridad, con la envidia, con que el otro tiene algo que uno no tiene. Son energías muy negativas que te voltean, que no te dejan avanzar. Uno debería preguntarse “por qué no puedo” en lugar de “por qué no tengo”. La idea de competencia es atroz para un actor: vos necesitás que tu compañero brille y así la experiencia empieza a ser mucho más elevada.

-Muchos consideran que el ambiente en el que se mueven los actores está repleto de competencia y vanidad.

-Hubo una época en la que la idea que corría socialmente era que uno tenía que salir a ocupar un lugar, un espacio en televisión, en cine o en teatro, pero hace varios años que la revolución digital nos ha demostrado que no hay que ocupar nada porque vos abrís una ventana y te encontrás con que un youtuber de 15 años es mucho más famoso o popular que un actor. Todos esos corrimientos están buenos porque nos enseñan que no hay que salir a ocupar un lugar sino que hay que ser, salir a buscarse a uno mismo en todo caso. Ahí es donde uno entiende que la competencia tiene que ser con uno mismo.

El malo más malo

Vena se presentó al casting de Socorro, quinto año y convenció rápidamente a Rodolfo Ledo de ser uno de los alumnos de esa división que discutía con soltura temas como la droga, el embarazo adolescente, el aborto y la dictadura militar en Canal 9. El programa fue un éxito, pero la presión de los anunciantes y la polémica desatada por ese contenido que parecía completamente rupturista y provocador para 1990 hizo que Alejandro Romay levantara el programa y ensayara una versión más light para las tardes del canal de la palomita. El cambio no funcionó, pero dejó varias enseñanzas.

"En ese momento fue el boom de los jóvenes protagonizando en el prime time, y la conflictiva de los jóvenes entrando en la mesa familiar. Surgió una manera distinta de charlar, de contar", rememora. "Es cierto que los productores tienen que hacer números y les rinde más la telenovela turca, pero ¿están pensado, alguna vez, en hacer algo nacional que no solamente le gane en dinero a la turca sino que además se convierta en un éxito? Cuando eso sucede, el productor no entra en su oficina de lo enorme que se siente. Hoy hay que salir a buscar eso".

-¿En qué situación creés que está la televisión abierta?

-Todo ha cambiado mucho, vertiginosamente. Cuando yo cursaba el secundario, por ejemplo, la idea de que existiera algo que se iba a llamar internet no existía, era algo impensado. En ese cambio, uno tiene que transformarse. Y creo que la televisión de aire no está cambiando, sino que se sostiene con parámetros antiguos, conocidos... De todas maneras, uno no pierde las esperanzas a que aparezca una televisión más acorde a los tiempos que corren, que den la posibilidad de hacer cosas mucho más interesantes. Lo que pasa es que la diversificación de lo audiovisual le ha sacado protagonismo a la televisión de manera rotunda, y entonces es lógico que bajen los anunciantes, que baje el rating. Entonces te traes una lata turca, y eso va haciendo una cadena de descenso y no de ascenso.

-¿Quién tiene la culpa, el dueño del canal de televisión o el público que lo consume?

-La responsabilidad es de todos: los autores, los actores, los directores y también del público y el Estado, que teniendo un medio que tan importante que llega a todos los rincones del país, no apoya ni le da el valor que deberíamos darle. No apuntamos a una diversidad en lo que se hace y lo que se dice.

-Participaste de programas muy populares, como La banda del Golden Rocket, Verdad / Consecuencia, Resistiré… ¿Cómo te planteabas para dónde seguir después de un éxito?

-Creo que me ha salvado mucho mi formación teatral. La formación en todo sentido, no solo en el oficio sino en lo referido a la ética profesional, la moral, la ideología laboral. Todos los grandes conceptos que tiene este oficio los adquirí a los 17 años, y me los han enseñado tan bien que no los he podido soltar nunca. Yo comencé a trabajar en teatro mucho antes de trabajar en Socorro... Fueron tres años en los que hice 6 o 7 obras y, por prejuicioso, renegaba de la televisión cuando en realidad yo me había criado mirando televisión. Luego entendí que, al pasar a la TV estaba lejos de traicionar mis conceptos, que encontraba un medio fabuloso no sólo por lo que se puede contar sino también por la llegada que tiene a la gente.

-¿Te llevabas bien con el éxito, entonces?

-Nadie te enseña a manejar la fama... ¡Y menos a un pibe de 20 años! Eso lo aprendés a los palos. Pero siempre me mantuve muy contenido por los conceptos. Cuando estaba haciendo La Banda... en paralelo estaba haciendo una obra de Osvaldo Dragún en el Teatro del Pueblo.

-Mauricio Doval, de Resistiré, fue un gran malvado de la televisión argentina, ¿extrañás un poco ese rol?

-Mauricio Doval era el paradigma del malvado, de la perversidad, un ser que tenía un gran dominio sobre los demás. Pero ese malo brilló porque estaba en medio de una propuesta extraordinaria, muy bien "craneada" por los autores, muy rupturista. Fue la primera novela que hacía Telefe con un equipo técnico que no había tenido hasta ese momento la posibilidad de demostrar lo que podía hacer. Cuando nos juntamos todos en Resistiré, explotó todo. La novela fue muy recordada por todo lo que generó, pero lo que me gusta a mí es encontrarme con cosas que no he hecho; porque hacer cosas que ya hice no me genera ningún desafío, sino simplemente poner en práctica el oficio de interpretar.

Los desafíos

El actor se animó a probarse como docente y fundó su propia escuela de teatro
El actor se animó a probarse como docente y fundó su propia escuela de teatro Crédito: Guyot/Mendoza

"El 2017 fue muy particular e inolvidable, porque me aparecieron tres o cuatro monstruos que estaban evidentemente dormidos y a los que yo no les había querido abrir la puerta por muchas razones", dice Vena. A los 49 años, el actor se animó no sólo a fundar su propia escuela de teatro -alentado, especialmente, por su mujer, Paula Morales- sino también que dijo sí a formar parte del musical Quién retiene a quién.

"Fundamentalmente creo que tenía mucho prejuicio y temor frente a la posibilidad de enseñar, pero el paso del tiempo a veces se encarga de cachetearte... Lo mismo me pasó con el tema de los hijos: yo solía decir ‘que no vengan porque quiero preservar mi libertad artística’, y ahora tengo cuatro y tengo más libertad artística que nunca", asegura. "Estoy muy feliz con la escuela, y tengo la sensación, por más de que tuve muchos nervios en las primeras clases, que soy docente desde hace mucho tiempo. Me sobra material en mi cabeza".

Lo del musical es otra historia: Vena se ríe cuando se piensa cantando, aunque se tomó muy en serio el desafío, tomó clases de canto y se preparó mucho para llegar con cierta técnica vocal al escenario. "El personaje que hago es precioso, un medium que conecta a los vivos con los muertos. Quién retiene... es un espectáculo fascinante porque consigue algo que se valora mucho en teatro que es conmover profundamente", apunta. Tras una temporada de éxito, la obra reestrenó el pasado martes en el Metropolitan, por seis únicas semanas.

Fabián Vena reflexiona sobre los alcances del Time's Up en Argentina

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Sobre la cama de una plaza que hay en su camarín hay un libro. Se trata de un unipersonal que estrenará en abril, y que también lo pone muy nervioso. "Todo el tiempo me pregunto quién me iba a venir a ver a mi solo sobre el escenario, pero después pienso que en todo caso no van a venir a ver a mí, sino que van a venir a disfrutar de un material", se tranquiliza. También está Casa Valentina, la obra dirigida por José María Muscari que protagoniza en el Picadilly junto a Boy Olmi, Mario Pasik, Aldo Pastur, Diego Ramos, Roly Serrano, Cristina Alberó y Rodrigo Noya. También participa del espectáculo Paula Morales, su pareja.

"Es un sueño trabajar con mi mujer", dice. "Las giras pueden parecer una instancia muy divertida en la vida de los actores, pero en realidad es algo fatal: estás mucho tiempo fuera de tu casa, pasás una noche en un hotel divino y otra viajando, armando y desarmando valijas, durmiendo poco... Pero tener la posibilidad de tener a tu mujer al lado es maravilloso. Era como salir de novios, por la ruta, recorriendo ciudades y pueblitos".

-Adoptaste dos hijas con Inés Estevez y, hace dos años, nació Valentino, tu primer hijo en común con Morales. ¿Cómo te llevás con la paternidad a los casi 50?

-Tuve siempre una conexión muy grande con los niños, y creo que eso tiene que ver con mi oficio, por el hecho de estar conectado con un ser que no tiene filtro, que sólo es su imaginación lo que importa, que están en un estado de presente puro, vivos... Siempre me han nutrido. He tenido generaciones de sobrinos y ahijados, y siempre me nació naturalmente en una reunión, por ejemplo, que si veo dos niños medio sueltos, los agarro, los conecto y me conecto con ellos. Me resultan absolutamente inspiradores. Tengo edades muy variadas así que a todos los disfruto de diferente manera [Morales también es madre de Benicio, de 9 años]. Me encanta estar con ellos, todo se transforma cuando llego a casa.

-Hace poco, definiste a tus hijas, Cielo (de 8 años) y Vida (de 9), como dos “guerreras de la vida”. ¿Cómo es tu relación con ellas?

-Hay una conexión distinta con mis hijas, pero es una cuestión de género. Ahora mi hijo está tratando de pegarle a la pelota, le gusta jugar a la lucha… Y con mi hijas me conecto desde su lugar de nenas, pero con una corriente amorosa tan fuerte, casi indescriptible. Cuando sentí que estaba el deseo de ser padre es porque se abrió una capacidad que antes no estaba.

Es así de simple.

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