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Fue el comienzo de una gira histórica para el duque y la duquesa de Sussex, donde recibieron los primeros regalos para su bebé: un canguro de peluche y un par de botas Ugg de piel de oveja. Los obsequios fueron de parte de sus anfitriones, el gobernador general Sir Peter Cosgrove y su mujer Lynne, que los recibieron en su residencia. La pareja real –que también recibió un Akubra (tradicional sombrero de ala ancha) como su regalo oficial de boda del pueblo australiano– siguió los pasos de los padres del príncipe Harry, el príncipe Carlos y Lady Di, que hicieron su primera visita oficial como marido y mujer en el mismo destino, treinta y cinco años atrás.
SUS PRIMEROS DÍAS EN SÍDNEY
En el famoso zoológico de Taronga, en Sídney, los duques conocieron a los koalas Ruby y Wattle y sus cachorros, quienes fueron llamados Harry y Meghan en su honor. Después de visitar el Instituto de Ciencia y Aprendizaje, tomaron un ferry privado que cruza el puerto hasta la Ópera de Sídney. En la construcción ideada por Jørn Utzon vieron un ensayo del Bangarra Dance Theatre, la compañía de danza integrada por aborígenes e isleños del estrecho de Australia. Luego, los duques de Sussex se embarcaron en su primer paseo público y recibieron el cariño de más de dos mil personas que los esperaban. Hubo gritos deseándoles felicidades y les transmitieron su cariño. Uno de los momentos más conmovedores se produjo cuando el duque se reunió con Daphne Dunne, de 98 años, apodada su "Aussie favorita", cuyo primer marido murió a los 25 años en 1945 durante un ataque a un puesto de ametralladoras japonés en Papúa Nueva Guinea. La viuda de guerra se reunió por primera vez con Harry en 2015 y otra vez en 2017. Al verla entre la multitud en silla de ruedas, corrió a abrazarla. "Te estaba buscando. Es tan bueno verte de nuevo", le dijo. Después de un día que fue como un torbellino, los duques regresaron a Admiralty House para una recepción ofrecida por el gobernador. Allí, Harry y Meghan conversaron con invitados de organizaciones benéficas, empresas locales, artes, deportes y entretenimiento. Dirigiéndose a la sala, Sir Peter le dijo al duque: "Sos como un hijo de Australia. Tu vínculo con la gente de esta Nación es muy especial". Mirando a Meghan, agregó: "Y ahora te tenemos que adoptar". En respuesta, Harry dijo a los invitados: "Es genial estar de vuelta en Australia. Esta es la primera visita de mi mujer, así que estoy muy emocionado de mostrarle este increíble país. Realmente no podríamos pensar en un mejor lugar para anunciar el embarazo".

El segundo día de gira, los duques de Sussex llegaron a la ciudad rural de Dubbo, cuya comunidad agrícola se ve afectada por una sequía devastadora en los últimos meses. Después de aterrizar en un avión de la Real Fuerza Aérea Australiana, Harry y Meghan fueron recibidos por 150 alumnos y tomaron el té con una familia de agricultores locales. Meghan había hecho un budín de banana con trocitos de chocolate y un toque de jengibre la noche anterior para compartir con los Woodley. "Ella dijo que cuando vas a la casa de alguien siempre tenés que llevar algo", confesó un miembro de la familia. Cuando Harry y Meghan abandonaron la granja, comenzó a llover. Harry bromeó que era un "regalo" de ellos.

LA "MEGHAN-MANÍA" LLEGA A MELBOURNE
Allí recibieron una bienvenida digna de estrellas de rock. Alrededor de cinco mil personas los esperaban en los Jardines Botánicos Reales. En la Casa de Gobierno, la pareja tuvo una reunión con la gobernadora de Victoria, Linda Dessau, y su marido Anthony Howard. El costado foodie de Meghan estuvo de fiesta: junto a su marido disfrutaron de una degustación en Charcoal Lane, un restaurante en Fitzroy. El almuerzo fue preparado por chefs entrenados por el programa Mission Australia, que ayuda a jóvenes indígenas a conseguir empleo. La pareja visitó la cocina, donde el chef ejecutivo Greg Hampton les mostró una variedad de hierbas inusuales y especias aromáticas.

Los duques, que demostraron ser un éxito para los australianos, pasaron el fin de semana en los Juegos Invictus, donde asistieron a su espectacular ceremonia de apertura en la Ópera de Sídney. El domingo 21, la duquesa de Sussex, que se encuentra en el segundo trimestre de su embarazo, tuvo su primera ausencia. Fuentes cercanas al palacio confirmaron que la intensa agenda –compuesta por setenta y seis actos oficiales en dieciséis días en cuatro países diferentes– le está pasando factura y decidió tomarse las cosas con más calma.
UN POCO DE ARENA Y SOL
El séptimo día de gira oficial se llevó a cabo en la isla Fraser, el banco de arena más grande del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1992.

Otra vez, Harry acudió en solitario a una tradicional ceremonia de bienvenida por el parte del pueblo K’Gari. Pero la duquesa regresó al lado de su marido para un paseo por el soñado muelle Kingfisher. El paso de los duques de Sussex por la isla Fraser fue breve, pero por delante queda una frenética agenda hasta el 31 de octubre en Nueva Zelanda y en la que hay programados emocionantes actos. La siguiente cita será el martes 23 de octubre en las también paradisíacas islas de Fidji.•










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