María Vázquez de Cambiaso encabezó una tarde solidaria con varias mujeres del polo

El club house de Santa María de Lobos recibió a los invitados.  El objetivo fue recaudar fondos para la sala de primeros auxilios del cuartel octavo del paraje La Porteña.
El club house de Santa María de Lobos recibió a los invitados. El objetivo fue recaudar fondos para la sala de primeros auxilios del cuartel octavo del paraje La Porteña. Crédito: Matías Salgado
En Santa María de Lobos, junto a la familia Caset, lideró una movida de alto handicap que incluyó moda y un asado gourmet
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21 de noviembre de 2016  • 18:45

Hace ya veinte años que decidió acompañar a su amor, Adolfo Cambiaso (40), alrededor del mundo, y el viernes 4 no fue la excepción. Recuperada de su operación de acalasia –alteración del funcionamiento del esófago-, María Vázquez (41) llegó de la mano del jugador número uno de La Dolfina al club de polo Santa María de Lobos, de la familia de Guillermo Caset, para participar de un partido de polo a beneficio. Impecable con un diseño que destacaba su figura, alentó a su marido desde el palenque.

–¡Nuevamente volvés a las canchas!

–Sí, tuve un pequeño percance de salud. Me operaron el esófago y fue muy incómodo porque no podía comer, pero por suerte el doctor Luis Durand pudo operarme por laparoscopia, y con un poco de reposo me recuperé. Mientras los chicos acompañaban al papá, yo me quedaba mirándolo por televisión. Me pongo muy nerviosa, además tengo terror de que pase algo, entonces me gusta estar presente.

–Sin embargo tus tres hijos, Mia, “Poroto” y Myla, juegan desde chicos.

–Es un deporte maravilloso, pero tiene sus riesgos. Los chicos nacieron arriba de un caballo, lo ven más normal que andar en bicicleta, pero no deja de ser peligroso, y yo como mamá y mujer me gusta estar frente a cualquier cosa. Después, en el deporte ellos saben qué tienen que hacer y yo no puedo opinar, pero con mi presencia colaboro a que estén más cuidados.

–¿Fue un acuerdo?

–Algo así. Impulsada por Adolfito, Mia jugó para la Selección Nacional. Es un gran promotor del polo femenino, cada vez que puede incorporar a las mujeres lo hace. Y Mia sigue ese ejemplo; además, le encantan los caballos. Para mis hijos es muy natural ese espacio. Llegan del colegio, se ponen a estudiar y se van a taquear, es parte de la rutina familiar. Como un chico agarra una pelota, ellos suben a un caballo, ¡y a mí me encanta!

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