Mirtha Legrand: "No hay día en que no piense en mi hijo y en mi marido"

A horas de cumplir 90 años, la diva habló de política, de su vida, del éxito de su programa y de la soledad del paso de los años. Lúcida y vital, en una charla telefónica con LA NACION no eludió ningún tema
«Deseo continuar con tan buena salud, lúcida y rodeada de mis seres queridos»
«Deseo continuar con tan buena salud, lúcida y rodeada de mis seres queridos» Fuente: Archivo
A horas de cumplir 90 años, la diva habló de política, de su vida, del éxito de su programa y de la soledad del paso de los años. Lúcida y vital, en una charla telefónica con LA NACION no eludió ningún tema
Pablo Mascareño
(0)
22 de febrero de 2017  • 13:40

“Yo he aportado para ese milagro”, dispara Mirtha Legrand con justeza. No se refiere a ningún hecho paranormal. O sí. Su marido Daniel Tinayre era quien le confirmaba una y otra vez: “Chiquita, tu carrera es milagrosa”. Y lo es. Tanto como sus 90 años de vida.

Víspera de celebración

Faltan pocas horas para que el atardecer del jueves 23 de febrero encuentre a Mirtha Legrand festejando su cumpleaños en la casa de su hija Marcela Tinayre, en el corazón de Barrio Parque. Mirtha vive a pocas cuadras de allí con Elvira, su colaboradora de toda la vida, quien junto a Mónica, una de las asistentes de su programa televisivo, le ordenan la cotidianidad de su piso sobre avenida Del Libertador. Ellas son el nexo entre Mirtha y el resto del mundo que reclama por la reina madre del espectáculo argentino ante las más diversas cuestiones. Por estas horas, y seguramente así sucederá siempre, el teléfono no deja de sonar. Incluso, durante el transcurso de esta charla, la conversación se interrumpirá varias veces para que Mirtha pueda contestar los llamados que hacen vibrar su teléfono móvil, pero se excusa ante sus interlocutores: “Estoy haciendo una nota para LA NACION, llamame más tarde”. Toda una dama, luego de cada corte, pide disculpas con elegancia y respeto.

90 años; 76 de carrera

Mirtha Legrand y sus emblemáticos almuerzos
Mirtha Legrand y sus emblemáticos almuerzos Fuente: Archivo

Las cifras estremecen y son un alivio para los fanáticos de la vida. Si ella puede, todos podemos, nos convencemos con cierta ilusión. Con una población mundial donde la expectativa de vida se extiende cada vez más, Mirtha es un fiel exponente de una generación que conforma la hoy llamada Cuarta Edad. Plena, activa, lúcida y contestaría. Qué se puede anhelar a los 90 años cuando se llegó a lo más alto de una carrera resplandeciente y se tiene todo. O casi todo... "Deseo continuar con tan buena salud, lúcida y rodeada de mis seres queridos. Mi familia me ama y yo los adoro. Y, desde ya, deseo seguir contando con el apoyo del público, algo que no deja de sorprenderme después de tantos años”, confiesa.

Su notable vigencia es motivo de reconocimiento en diversos países: “El otro día salió una nota en un diario de Perú, comentando sobre mi edad, que ya no es un secreto. Sorprende tanto acá como afuera. Creo que ya estoy para el Guinness”. Y tiene razón. Almorzando con Mirtha Legrand es el único caso en la televisión internacional de un programa que se emite en vivo desde hace casi medio siglo con una misma conductora al frente. Ese milagro del que la responsabilizaba Tinayre se plasma ante las más de 3000 personas que cada verano llegan hasta la puerta del Hotel Costa Galana, en la bahía de Playa Grande, para verla de cerca. Ella les extiende la mano, los menciona, y confirma en persona esa comunión indisoluble que la une con sus televidentes. “Es conmovedor. En Mar del Plata jamás hubo un gesto, una palabra, una frase desagradable. Todo siempre fue cariño, admiración, amor. Cuando salgo a la terraza y veo a la gente de todo el país con sus letreros contándome desde dónde llegan, me digo: ¡Dios mío, cómo puede ser! Me emociona. Ahora tengo una cantidad de chicos y jóvenes que me siguen. ´Mi abuela y mi mamá te veían´, me dicen”.

Su público ubica a sus cenas sabatinas o a sus legendarios almuerzos dominicales entre los programas más vistos de la pantalla local. Una fórmula Made in Legrand: mesas que conjugan temas lights, figuras mediáticas del momento, estrellas del espectáculo e invitados de la política. A esa receta de ingredientes incompatibles, ella la vuelve sabrosa, atractiva, ineludible. Y hasta genera, sin ingenuidad, algún que otro encontronazo que luego repicará en la tapa de los diarios del día siguiente. Mirtha marca agenda. Y lejos de ser una animadora superficial enfrenta a sus interlocutores, sonrisa hipnótica mediante, con preguntas que logran desestabilizarlos. “Cuando sos grande pensás: ¿qué me van a hacer? ¿Me van a sacar de la televisión? ¿Me van a censurar? A esta altura tengo una libertad para decir ciertas cosas que cuando uno es joven no se anima a hacerlo”. La mordaza ya la padeció. Gobiernos democráticos y de facto la han dejado sin pantalla más de una vez. Hoy, el temario de sus mesas aborda cuestiones impensadas algunos años atrás. Cambió el mundo. Pero, sobre todo, cambió Mirtha. “Yo me he ido aggiornando con el tiempo. Estoy actualizada, no me he quedado. ¡Quiero saber todo! Soy moderna, no soy antigua. Ser antiguo es lo peor que te puede suceder cuando pasan los años, cuando no vas evolucionando. Yo he evolucionado en muchos aspectos y el público lo agradece. Esto tiene que ver con los cambios en mi modo de pensar. He tenido una apertura en mi mente, en mi cerebro. A mi edad te ponés más sensible, más observadora y más complaciente también”. Con miles de programas al aire (y no es un eufemismo), más de una vez se equivocó, pero retrocedió a tiempo. Entre los tantos pasos en falso, aún se recuerda su enfrentamiento con la actriz Cecilia Rossetto, a quién llamó para pedirle disculpas, o su desafortunada frase sobre el regreso del “zurdaje”.

Influyente

Mirtha Legrand
Mirtha Legrand Fuente: Archivo

El pulso del país late en su mesa. Casi todos los presidentes y decenas de políticos han sido destinatarios de sus consultas y de sus retos. Con algunos mandatarios tuvo buen trato. Con otros lo fue perdiendo. Siempre recuerda la buena relación que mantuvo con Néstor y Cristina Kirchner, a tal punto de realizar uno de sus programas en El Calafate. Luego, se convirtió en una acérrima crítica del kirchnerismo e hizo público su apoyo a la campaña de Mauricio Macri para llegar a la presidencia. Hoy, sus mesas suelen tener, con excesiva regularidad, a más de un representante del Gobierno. Una suerte de reunión de gabinete paralela donde los funcionarios defienden la gestión o explican lo que, muchas veces, falla en la comunicación oficial. “Informan mal. Nos tienen que cuidar, dar felicidad, ese es el rol de un gobierno”, le dijo a una primera figura del Ejecutivo hace poco, atragantándole la comida. A pesar de su simpatía con el actual oficialismo, no se priva de disparar críticas ante la realidad nacional: “Hay muchas dificultades, demasiados frentes abiertos. Lo del Correo ha sido terrible, se podía haber evitado. No se si no lo sabía el presidente o estaba ajeno. He leído que Oscar Aguad se lo comentó a Macri y lo pasaron por alto, no le dieron importancia. Creo que se debía haber resuelto. Este tema le ha hecho mucho daño al presidente y al gobierno”, sentencia sobre el escándalo en torno a la deuda que el Grupo Macri mantiene con el Estado vinculada a la explotación del Correo.

Tampoco se priva de orientar sus misiles a la oposición: "Le ponen muchas piedras en el camino, está muy difícil la situación, el Gobierno pensó que todo sería más sencillo, más fácil". A pesar de su amistosa relación con Mauricio Macri, no duda en mostrarse algo decepcionada con la efectividad de sus medidas al frente del Ejecutivo: “Hay marchas y contramarchas. Muchos errores. Hay una persona que asesora al gobierno que le está haciendo demasiado daño desde hace tiempo. Es Jaime Durán Barba, que ni siquiera es argentino”. Frontal y precisa. Así es esta Mirtha recargada de juveniles 90 años.

Sola y resiliente

A pesar de transcurrir sus días en pleno ajetreo social con una agenda sobrecargada que incluye visitas a teatros, desfiles, cenas benéficas, salidas con amigos, meriendas semanales en su casa para más de quince personas y galas en el Teatro Colón, en la intimidad padece la inexorable soledad que aparejan los años. “Soy una mujer muy positiva. Pero, a veces, añoro... Ya no tengo referentes. No tengo a quien preguntarle: ¿te acordás cuando fuimos al Festival de Venecia o al de Berlín? ¿O cuándo conocimos a fulano o a mengano? No lo tengo a Daniel, con quien hablábamos de nuestra profesión. Lo extraño... Con él conversábamos sobre la vida artística. Pero, por otra parte, estoy muy bien rodeada porque tengo a mi familia y a mis amigos. Aunque, a veces, me siento un poco sola. Pero me sobrepongo...”. Esa soledad quedó sellada aquella vez que salió por primera vez a cenar luego de la muerte de Daniel Tinayre y al regresar ejercitó la rutina que siempre llevaba a cabo su esposo. Nimiedades como poner la llave en la cerradura de la puerta de su palier o encender la luz, para ella se transformaron en el termómetro del vacío. Esa vez en voz alta se dijo: “Chiquita, esto es la soledad”. Y lo era. La estrella sabe al dedillo cómo mantener una vigencia ejemplar desde que debutó en el cine a los 14 años junto a Niní Marshall. Y la mujer aprendió, a la fuerza, cómo superar profundos sufrimientos. Mirtha experimentó el dolor más grande por el que puede atravesar una mujer: la muerte de su propio hijo. Ante el desgarro atroz, supo encontrar su propio mecanismo de defensa para poder seguir adelante. “La profesión ayuda muchísimo. No es que yo me refugie en mi carrera para sobrellevar momentos difíciles, dramáticos o duros, pero el cerebro es algo milagroso. Si ocupás tu tiempo en otras cosas, entonces el dolor se vuelve más suave, se va alivianando. De todos modos, no hay día en que no piense en mi hijo Daniel. Y también en mi marido”. Mirtha hace silencio. Una pausa profunda. Dolorosa. Es el guiño para cambiar de tema.

Mirtha, Rosa María o Chiquita

“No hay diferencia entre Rosa María y Mirtha. Son la misma persona. Solo que yo me siento Mirtha Legrand. Actúo como Mirtha Legrand, pero a mí, la que más me gusta es la Chiquita Martínez, aún más que Rosa María”. Chiquita Martínez permanece intacta en su corazón. Es quien la acerca a su santafesina Villa Cañás natal, a sus seres más queridos, a sus padres. El recuerdo es una de sus fuentes de energía. “Con mis hermanos nos reunimos periódicamente. Hablamos de nuestra familia, de nuestros padres, de nuestro lugar, y una vez por mes, con mi hermana, nos juntamos para almorzar con las chicas de Villa Cañás, todas mujeres grandes, naturalmente. Nuestros padres eran amigos y nosotras continuamos el vínculo. Es una forma de no perder las raíces”, explica con un dejo de nostalgia. No perder contacto con Chiquita Martínez parece ser uno de sus desvelos. “Esta profesión es muy dura, muy cruel, sangrienta en el sentido que de pronto te sentís atacado. Me he dado cuenta que este trabajo te va deshumanizando porque es tan tremenda la obsesión por tener éxito y rating, por triunfar, por lograr que la gente te quiera, que vas perdiendo los valores. Creo que nunca hay que perder la raíz. Hay que estar con los pies en la tierra. Recordar a tus padres, al pueblo donde naciste, a tus ancestros”.

Entre la remembranza de lo que ya no es y el optimismo por un presente de gloria, Mirtha también es consciente que llegar a ocupar el lugar que ocupa y mantenerse en la cima del podio durante tantas décadas tiene su precio: “La lucha es muy grande. Luchas contra el paso del tiempo, luchas por el favor del público, luchas con gente que no te quiere y te ataca”. Desde afuera, el costo parece demasiado alto.

Susana, Marcela y Juana

Mirtha Legrand y su hija
Mirtha Legrand y su hija Fuente: Archivo

Por estas horas se informó sobre la producción de una miniserie sobre la vida de Sandro. Los rumores hablan de una convocatoria a Marcela Tinayre y a Juana Viale para interpretar a Mirtha Legrand. La diva escuchó hablar del proyecto de manera fugaz, pero no duda en afirmar: “Por una cuestión generacional, Marcela es más Mirtha Legrand. De todos modos, yo no tuve tanta relación personal con Roberto. Ha venido mucho a mi programa y ha sido una persona extraordinaria. Cuando enviudé, me llamaba para levantarme el ánimo, me contaba chistes y yo le decía que no tenía ganas. Me llamaba Rosita. Es el único que me llamó así. Era un ser adorable. Pero creo que Susana ha tenido una relación más amistosa con él que yo”. Menciona a la otra gran estrella argentina y su voz se enciende: “Es más amiga de mi hermana que mía, pero la adoro. ¡Miento, es muy amiga mía también! Es una persona encantadora, buena, generosa, no es envidiosa. Susana es maravillosa. La quiero como a una hija”.

Siempre hay futuro

El teléfono no deja de sonar. Mirtha atiende cada uno de los llamados. Se acerca una fecha demasiado especial y es el primer cumpleaños en el que ella misma no tendrá reparos en reconocer su edad. Costó 90 años que ocurriera el milagro. Y sucedió. La gran diva nacional celebrará sus nueve décadas junto a José Martínez Suárez, su hermano de infranqueable perfil bajo, familiares cercanos y amigos íntimos. Y con todos ellos: su melliza Silvia Martínez Suárez, su antítesis mimética. Vaya contradicción. Goldie, como la llaman todos, es la persona que más conoce a La Chiqui y quien tiene todos los permisos para criticarla, asesorarla y contenerla. Retirada del show business desde hace décadas, viuda de un militar, y con una vida sobria, será la otra gran agasajada. “Las melli seremos las reinas de la fiesta”, vaticina la más popular de las Legrand. Las Martínez Suárez de Villa Cañás cumplen 90. Suficiente motivo para festejar y celebrar una lucidez y vitalidad envidiable que gente con mucha menos edad desearía conservar. ¿Los proyectos serán acaso el elixir de su juventud? Si es así, planes le sobran... ¡Y juventud, también! A fines de marzo regresará a El Trece con sus dos programas semanales amagando con un retiro en el que ni ella misma cree. Y volverá a demostrar por qué sigue siendo tan temida por sus entrevistados y tan adorada por su público. Se enfrentará nuevamente a la pelea por el rating, a las polémicas que generan sus programas y a la batalla por mantenerse férrea en la cima del star system. Brillando, pero no sin esfuerzo. “Para una mujer sola es muy duro... muy duro... créame que es así”. Otra vez el silencio. Y esta vez el guiño es para un punto final.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.