Fue la vedette más reconocida de su tiempo, un ícono de la revista porteña en su esplendor, la primera en recibir un porcentaje de la taquilla y la pionera en encabezar las marquesinas que hasta esa época estaba destinada a los capocómicos. Todos querían ver a Nélida Roca, “la Roca”, bajando las escaleras con gracia y sensualidad, en stilettos altísimos y con un conchero con plumas que pesaba diez kilos y ella llevaba con elegancia.