Todos creímos ver en la caída de la aguja la estocada final

Jairo
Jairo MEDIO:
El músico argentino vivió en París y tiene una larga y afectuosa relación con Francia, que nació en 1977 y se extiende hasta la actualidad
El músico argentino vivió en París y tiene una larga y afectuosa relación con Francia, que nació en 1977 y se extiende hasta la actualidad
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16 de abril de 2019  • 21:14

Hoy hace trescientos cuarenta y ocho años seis meses y diecinueve días que se despertaron los habitantes de París al repiqueteo de las campanas tocando a vuelo...". Son las primeras frases de Notre Dame de Paris, la novela de Víctor Hugo. Ayer, 15 de abril de 2019, volvieron a sonar todas las campanas de la ciudad. Esta vez tocaban a duelo, a desastre, a fin de un mundo; en la Isla de la Cité, desde donde ella vio desfilar la historia durante ocho siglos, ardía la Catedral de Notre Dame. El alzado, las naves, las bóvedas, los arcos apuntados a modo de esqueleto, todo en esa maravillosa basílica que reveló cuál sería la evolución del gótico a partir de su construcción, parecía ser presa fácil de las llamas. Pienso que todos creímos ver en la caída de la aguja la estocada final. Se me hizo un nudo en la garganta. Al sobresalto le siguió una sensación de fragilidad extrema.

En una ciudad referente como París, donde el pasado se muestra en una versión conveniente en cada calle, en cada plaza y en cada sitio histórico, Notre Dame siempre tuvo un espacio aparte. Debe ser por eso que las imágenes que nos llegaban a través de la televisión nos estremecían de esa manera, provocándonos a la vez impotencia y tristeza.

Sin Notre Dame París no es París. Sin Notre Dame de París Víctor Hugo sería menos Víctor Hugo. Notre Dame es el epicentro de la vida de Francia. Es su cultura. Su historia. Su kilómetro 0. Tardaron 180 años en construirla y el fuego casi la devora en 9 horas.

Prometieron reconstruirla. Resurgirá de sus cenizas.

Notre Dame es Nuestra Señora, pero para el imaginario popular también es la Catedral del jorobado, aquel Quasimodo de Hugo al que vería gustoso surgir de entre las llamas como el hombre taciturno de las ruinas circulares de Borges, sin un rasguño y dispuesto a contarnos la historia.

Sin Notre Dame, París no sería París.

Por: Jairo

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