Peter Handke, un dramaturgo con poca presencia en los escenarios porteños

Incriminados, la puesta que montó Leonor Manso en el el Centro Cultural de la Cooperación
Incriminados, la puesta que montó Leonor Manso en el el Centro Cultural de la Cooperación
Alejandro Cruz
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10 de octubre de 2019  • 14:32

La producción dramática del reciente Premio Nobel Peter Handke no ha ocupado un lugar de peso en la escena porteña. Según la base histórica de datos de la página Alternativa Teatral se han realizado solamente 9 puestas basadas en 8 textos suyos. Dos de esos montajes fueron en los años '70, en el Teatro Payró: Kaspar, su segundo gran éxito de público y crítica luego del estreno mundial de Insulto al público, texto que tuvo una versión en la ciudad de Córdoba con puesta de Cheté Cavagliatto.

Ya en este milenio, en 2004, Pablo Bontá montó La pérdida de los nombres, en la que actuaban Enrique Iturralde y Hector Segura. En 1997, se produjo el único estreno de un texto suyo producido en una sala pública porteña. Se trató de Las personas no razonables están en vías de extinción en la que el gran Roberto Villanueva dirigió a un elenco encabezado por Pepe Monje junto a Tina Serrano, Aldo Braga, Rubén Cuesta, Noemí Frenkel, Gabriel Levy y Horacio Roca, entre otros. La música pertenecía a Oscar Edelstein. Aquel notable montaje se realizó en la sala Cunill Cabanellas, del Teatro San Martín. "Vi a mi mujer en salto de cama, con las uñas de los pies pintadas, y de pronto me sentí solo. La soledad no era un rasgo peculiar mío, sino una cualidad del mundo, absolutamente concreta", decía Quitt, el personaje central de la obra, que interpretaba Monje. Quitt era un joven y pujante empresario que convoca a un grupo selecto de colegas. El objetivo de la reunión es organizar un lobby empresarial mientras, afuera, el mundo se desploma. "La obra necesita del teatro, del actor, para que las palabras vuelvan a convertirse en imágenes y no descubran los secretos", había declarado el escritor austriaco.

En el recorrido histórico sobre Handke en la escena porteña. en 2010, Leonor Manso montó Incriminados, que ya había contado con una versión de Roberto Aguirre, en el Centro Cultural de la Cooperación. Los intérpretes fueron Maia Mónaco y Martín Pavlovsky. Escrita en la década del 60, allí Handke se anticipaba a una contemporaneidad que mostraba a una Europa de una manera muy cruda, con dos personajes que revelan una profunda desesperación. A este texto, de fuerte dramatismo, Manso le sumó la voz de un niño diciendo el poema "Canción de la niñez", con el que el realizador Wim Wenders dio inicio a su película Las alas del deseo. La pregunta de cuánto más aislamiento nos espera del futuro quedaba latente en escena. "Desde un lugar sensible, esa obra lleva a la reflexión, a mirar un poco más, a no quedarse en expresiones como «la derecha», «la izquierda», «los medios», «el autoritarismo». Todo eso, en realidad, tapa el pensamiento, tapa la reflexión. Es muy interesante lo que está sucediendo con el lenguaje en esta época. Vuelvo a la obra de Peter Handke. Él dice: «A la vida la llamé chata; al dinero lo llamé innecesario». Son obviedades que repetimos, pero, en realidad, no son experiencias propias. Hoy aparece un lenguaje abreviado que es terrible", reflexionaba Leonor Manso en una nota publicada en La Nación.

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