Pop Life vio a AC/DC y Spinetta

Un fin de semana a todo rock
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7 de diciembre de 2009  • 14:15

Crédito: Gentileza

Además de random, la semana anterior fue bien rocanrolera para Pop Life, dado que desde que se cayó la visita de Manowar al Cosquín Rock no hacemos otra cosa que tratar de compensar llenando los huecos de nuestras almas con bandas de menor fuste, como AC/DC y Pescado Rabioso. De modo que me hice dos visitas a River y una a Vélez en sólo cinco días, para ver si con un poco de distorsión podía sufrir un cachito menos por la ausencia en mi vida del grupo más oleaginoso de la galaxia. Y no voy a decir que lo logré, pero algo ayudó.

Lógicamente, conseguir entradas para tres shows requería una preparación especial de mi parte, porque uno no va así nomás a encarar a Roberto, el as de la acreditación elitista, el maestro de la negativa, el bicivolador del rechazo, el Pat Morita del llamame mañana. Previamente hice un entrenamiento intensivo con un colega que pidió permanecer en el anonimato, famoso él por alimentarse exclusivamente de canapés y Doritos suministrados por los infinitos eventos a los que logra entrar día a día sin ningún tipo de problema. Ataviado con una remera del Quilmes Rock 2004 y acumulando las cenizas de su Parissiennes en un cenicero con la cara de Estela Raval, este destacado garronero y no tan destacado periodista me enseñó algunos trucos para conseguir mis tickets, como por ejemplo pedirlos diciendo que estás esperando que te confirmen si cubrís el show para la CNN, pero que recién te enterás quince minutos antes del concierto. Así, Roberto no se la juega a dejar afuera a un posible cronista de la cadena de Ted Turner, y vos entrás aunque después no hagas la reseña ni para la revista de Susana Giménez. Un campeón. Yo no entiendo por qué todavía vive con los padres teniendo 45 años, si es tan grosso.

Obviamente se la hice a Robert y funcionó: me dio entrada y pulseras VIP para dos de los shows de AC/DC y el de Spinetta. Las pulseras se las di a dos amigos pungas, para que entren, desvalijen a Nahuel Mutti y Juan Cruz Bordeu y luego habiliten un diego. Y las entradas las usé, más vale.

El miércoles, la banda australiana arrancó con un tema que a todas luces parecía "Shoot to Thrill", mientras Brian Johnson imitaba su propia voz frotando un telgopor contra un vidrio y Angus Young sacrificaba un gorila en escena, para regocijo de la platea baja preferencial. Luego pasaron a otro tema que también parecía "Shoot to Thrill", y ahí hizo algo un pituto en el coso de por allá y se desató una lluvia de kinotos muy rockera que dejó un saldo de apenas 17 muertos. Mientras tanto yo, parado a la salida del VIP, me cruzaba con Juan Cruz Bordeu completamente desnudo y mis amigos malvivientes sonriendo y extendiendo sus pulgares e índices bajo sus mentones, y unos minutos más tarde con Andrés Calamaro, quien al mismo tiempo en que discurría alegremente conmigo sobre el show aprovechaba el rato para hacer un sudoku y componer un disco óctuple que -igual que su último trabajo- se llamará La lengua popular, sólo que esta vez el título fue inspirado por la visión del famoso video de Wanda Nara. Eso es ser multitask.

Acto seguido hicieron ocho canciones más que seguían pareciéndose a "Shoot to Thrill" y yo me robé una moto y me fui a comer una pizza.

El viernes en Vélez la cosa fue distinta. Por algún motivo que no logro identificar el calentamiento global se vino a arreglar justo cuando yo voy en chomba y tengo platea alta, con lo cual pasé buena parte del concierto en un estado muy similar al de Jack Nicholson en el final de El resplandor. Ya de movida la cosa venía complicada: a la entrada me dieron la lista de temas, y al comprobar que el Luis Alberto tenía pensado tocar 1328 canciones (más algunos bises) mi fanatismo spinettiano -irónicamente- flaqueó. No obstante, le puse el pecho a las balas y me quedé a bancarme la que viniera.

El yeite del show era invitar un músico en cada tema, y mientras desfilaron astros como Gustavo Cerati y Charly García la cosa estuvo bien. El problema fue que a la cuarta parte del concierto agotó la lista entera de SADAIC y debió recurrir a artistas de dudosa procedencia, como Pablo Lescano, Mosca de 2 Minutos, el viejo loco que toca la flauta dulce en Corrientes y Montevideo y Pato Fontanet. Este último, pese a lo que se especulaba en la previa, no cantó "La bengala perdida" (no me digan que no hubiera sido un re golpe de efecto).

En eso perdí el conocimiento por el frío y lo recuperé tres horas después. En el escenario, Gino Renni recitaba pasajes del Manual del Usuario del Dodge 1500 mientras Spinetta Jade hacía unos cuantos surcunchos interestelares. Guillermo Andino, sentado a dos butacas a la derecha de la mía, exclamó "¡esto es droga!" y se fue indignado a la cama solar.

Ahí fue cuando Spinetta le pidió a la concurrencia un fuck you para Rolling Stone por no mostrar claramente su remera en la última portada, y luego otro para Billiken por seguir negándose a darle una tapa exclusiva al profesor Neurus. Entonces me robé una moto y me fui a comer una pizza.

El domingo, entonces, me tocó volver a River. Me quedé dormido y llegué con el show empezado, justo cuando estaban tocando "Shoot to Thrill", supongo. Todo transcurría normalmente hasta que la peligrosa barrabrava de fanáticas de Axel copó el campo a cadenazos y le mostró a Angus Young una guitarra acústica, cosa que lo asustó mortalmente al punto de dar por terminado el show. Mientras, me dijeron, Spinetta tocaba su anteúltimo tema en Vélez. Y yo me robé una pizza y me fui a comer una moto.

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