Profundo desencanto

Un director entre Jujuy y Nueva York
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23 de octubre de 2000  

Miguel Pereira apuesta por última vez al cine dentro de su país. En su discurso aflora el desencanto: no el discepoliano de la desesperanza, sino el de quien aún cree en un cambio de las reglas de juego. Y allí deposita sus fichas.

"Soy muy inocente, porque aprendí a valorar la excelencia -admite el realizador de "La deuda interna", ganadora del Oso de Plata en Berlín y de premios en Chicago y Biarritz, y de "La última siembra", que ganó en los festivales de Huelva, Tokio y Canarias-. Tengo un currículum que me respalda, éticamente actué siempre bien, no debo un peso a nadie, presenté proyectos avalados desde el exterior. Pero hace cinco años volví de Londres y en ese tiempo no pude filmar ningún relato de ficción. Hay que dejar de pensar que Dios atiende en Buenos Aires: aquí no entra en el esquema de pensamiento que haya cineastas de otra parte del país. Y si a mí me reconocieron en Buenos Aires es porque antes lo hicieron en el exterior. En un país que no premia la excelencia, el cine no escapa a eso. La anterior gestión del Incaa se caracterizó por darle apoyo a cualquiera menos a los capaces. Hay gente que sigue consiguiendo apoyo y cada día filma peor. ¿Cómo lo consiguen?"

Pero el director todavía ambiciona que se revierta el atávico hábito de privilegiar al "amigo de". "Pero me doy esta oportunidad como la última -anuncia-. Tengo un gran escritor argentino (la suerte y la casualidad quieren que sea de la misma tierra que yo), y creo que méritos suficientes como para que digan: "Démosle el beneficio de la duda a Pereira". Esta posibilidad es como la frontera. Y si no puedo concretarlo, me voy."

Pero el proyecto no es volver a Inglaterra, sino intentar fortuna en Estados Unidos. Y una vez más, no donde se encuentra el establishment de la industria, sino donde se acunan las propuestas independientes: en Nueva York. "Si salgo por segunda vez en mi vida a jugármela, prefiero apuntar al cine independiente estadounidense. Hollywood sería ilusorio: no quisiera trabajar de lavaplatos esperando poder hacer la gran película", concluye.

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