¿Qué pasa cuando las protagonistas de la historia son mujeres?

Juan Garff
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15 de marzo de 2019  

Chocolate por la noticia (las mujeres también cuentan)

Nuestra opinión: buena

Autor y director: Mariano Cossa. Intérpretes: Emma Peyla, Mariel Lewitan y Sandra Antman. Escenografía y títeres: Emma Peyla, Mariel Lewitan y Sandra Antman. Música: Mariano Cossa. Luces: Leandra Rodríguez. Sala: Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543. Funciones: sábados y domingos, a las 17. Duración: 50 minutos.

A Juana le asignaron el papel de San Martín para el acto escolar del 25 de mayo. Sus compañeros varones no se animan a actuar, los roles a repartir son solo masculinos. En diálogo con su abuela salta a la luz esta particular distribución del protagonismo en la historia. Juntas deciden reescribir las páginas redactadas por hombres. Saltan al pasado para revivir escenas en las que son mujeres las que cambian el curso de la historia. De ahí el título de la obra, escrita y dirigida por Mariano Cossa: Chocolate por la noticia (las mujeres también cuentan).

Las actrices alternan su rol de titiriteras con la interpretación de personajes. Emma Peyla abre el juego como graciosa vendedora de paraguas en la histórica plaza de 1810, y Mariel Lewitan lo sostiene como la abuela que interactúa con los matices justos con la pequeña Juana. Pequeña porque es niña, y pequeña porque es un títere, manipulado con maestría por Sandra Antman.

En esa asimetría entre la abuela-actriz y la nieta-títere se establece el eje del desarrollo de la obra. La niña crece en su irradiación escénica mucho más allá de su tamaño. Logra centrar la atención de los espectadores con las titiriteras a la vista, gracias a sus movimientos dinámicos, pero a la vez precisos, así como merced a la lograda imposición de su voz, un detalle no menor que suele ser el factor de riesgo para darle verosimilitud a la vida de los títeres. Abuela y nieta rescatan historias de mujeres que han sido olvidadas en los actos escolares. La de Remedios de Escalada en tiempos de tertulias revolucionarias; la de Catalina Echeverría, la autora material de la bandera de Belgrano; la de Martina Céspedes, enérgica pulpera de San Telmo que con sus hijas captura a una docena de soldados británicos durante las Invasiones Inglesas, y la de Pascuala Meneses, que cruza los Andes con las tropas de San Martín. Y también la de la tocaya de la pequeña, Juana Azurduy, la coronela de las tropas de Belgrano y de Güemes.

Cada una de estas escenas del pasado tiene su relativa autonomía. La intensidad de la acción se resiente un tanto por esa dinámica episódica del racconto de intervenciones femeninas en la gesta revolucionaria que se representa a partir del conflicto inicial, el de Juana y su abuela, indignadas por la falta de presencia de mujeres en la historia.

Pero los momentos más expositivos se salvan con los chispazos de humor que enciende la pequeña metida a testigo de época en sus incursiones históricas. Sus intervenciones a partir de su condición infantil y contemporánea resultan en anacronismos cómicos. Pero a la vez ponen en evidencia ciertas incongruencias tomadas como verdades dadas. Actúa de algún modo como el niño que observa y denuncia en alta voz la inexistencia del traje del emperador en el célebre cuento de Andersen. Solo que por un camino inverso: visibiliza la supuesta inexistencia de mujeres en la historia que le enseñan en la escuela.

Mariano Cossa es también compositor de la música que acompaña a la obra con aires de partitura cinematográfica, subrayando los momentos épicos de la historia, abriendo transiciones hacia nuevas escenas, acompañando los giros de la trama. Su puesta en escena logra en Chocolate por la noticia una fluida interacción entre títeres y actrices, gracias también a un elenco que pone a la vista el buen momento que experimenta el arte de la manipulación de objetos y muñecos.

Por: Juan Garff

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