Renán asegura que el cine no es puro cuento

Homenaje: veintinueve directores, actores, críticos y escritores, seleccionados por Sergio Renán, celebran los cien años del séptimo arte en la Argentina a través de un libro.
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19 de octubre de 1996  

Sergio Renán dice que llegó a la literatura y al cine en la infancia "por una sucesión de encuentros casuales". Y hoy cree que no existe una mejor explicación para definir "el honor" de haber sido elegido seleccionador y prologuista de los "Cuentos de cine", el libro que publicó editorial Alfaguara en homenaje a los primeros cien años de este arte en el país. Fueron esos encuentros casuales, dice él, los que le concedieron "la suerte" de interpretar en la pantalla "El perseguidor", de Julio Cortázar; a Haffner, ese "rufián melancólico" que concibió Roberto Arlt en "Los siete locos", y el Vidal Olmos de "El poder de las tinieblas" (basado en el "Informe sobre ciegos", de Ernesto Sabato), entre otros. También los que le permitieron dirigir, como este año, "El sueño de los héroes", una película basada en la novela de Adolfo Bioy Casares.

Pero en este caso puntual, Renán hizo el camino inverso. Y en vez de llevar la literatura a la pantalla, se dio el gusto de unir sus dos "viejos amores" en un libro donde veintinueve escritores, directores, actores y críticos argentinos trasladan a las letras la historia del cine argentino.

"La tarea no fue fácil", resume Renán.Y para que se sepa de qué habla, se justifica: "Siempre aparece el fantasma inevitable de la injusticia de omisión".

Pese a todo, después de siete meses de leer y seleccionar cuidadosamente los textos, el actual director de Asuntos Culturales de la Cancillería logró despejar sus temores y reunir un amplio repertorio de ficciones, anécdotas y reflexiones donde el cine es el protagonista privilegiado.

Y ahora que el libro ya está en la calle, se entusiasma: "Es un gran placer refrescar recuerdos. Por eso traté de ser lo más abarcativo posible. Incluí desde los pioneros del cine mudo hasta los más representativos creadores de la actualidad. Y, por supuesto, las narraciones de escritores que en algunos casos no forman parte del reconocimiento en ese ámbito, pero que hablan del cine o se entusiasman con él".

"Cuentos de cine" es entonces una recopilación de pasiones. Por una parte, la pasión de quienes participaron del proceso mismo de hacer cine, de un lado de la cámara o del otro. Pero también la pasión de aquellos que, desde la butaca, encontraron un lugar para crear en papel lugares tan mágicos como los de la pantalla.

Así, en las páginas de este libro quedaron reflejados los pormenores de la filmación de "La guerra gaucha", según la palabras de su director, Lucas Demare. También, el nacimiento de personajes inolvidables, como la Cándida de Niní Marshall o el Felipe de Luis Sandrini. Y hasta las "Dos versiones sobre un desnudo histórico", develado por la dupla Isabel Sarli-Armando Bo.

No son los únicos. Los escritores Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Manuel Puig, Adolfo Bioy Casares, Osvaldo Soriano, Julio Cortázar y Osvaldo Quiroga -que se anticipa medio siglo a "La rosa púrpura de El Cairo", de Woody Allen- relatan a su manera la fascinación que sintieron por la pantalla y sus protagonistas en algún momento de esta historia que ya tiene cien años.

En esta recopilación no falta, obviamente, Leopoldo Torre Nilsson, en un doble papel de autor (evocando a su padre, Leopoldo Torres Ríos) y homenajeado (a través de un relato de Beatriz Guido). Ni la agudeza y el humor de los críticos Rolando Fustiñana y Homero Alsina Thevenet.

Tampoco Mecha Ortiz, que cuenta los entretelones de la entonces escandalosa película "Safo", o Amelia Bence, que explica cómo llegó a filmar la vida de Alfonsina Storni después de que la escritora le pronosticara su futuro de actriz.

Manuel Antín, María Luisa Bemberg, Leonardo Favio, Eliseo Subiela, Raimundo Calcagno, Jorge Carnevale, Abelardo Castillo, Edgardo Cozarinsky, Hugo del Carril, Roberto Fontanarrosa, Luis Saslavsky y Mario Soffici completan esta selección.

Más allá de los temores de Renán por las involuntarias omisiones, las veintinueve personalidades reunidas en "Cuentos de cine" hablan con la misma pasión de un arte que ya cumplió cien años entre nosotros. Y el homenaje, como dice el prólogo del libro, es esta "colección de historias que hacen a nuestro cine, a nuestra literatura y a los felices encuentros, cruces y préstamos recíprocos entre ambos".

La presencia

Inédito: el director Eliseo Subiela recuerda al actor, que murió en agosto de 1994, en un texto escrito especialmente para el libro.

Todos somos "enfermos terminales". La conciencia de esta verdad puede paralizar de miedo, o ayudar a tener una vida más plena.

Hugo fue de estos últimos.

Aprendí mucho siendo testigo de su lucha.

"A mí me va a salvar el arte", le oí decir tantas veces. Esa certeza le daba fuerzas para desarrollar una actividad que agotaría al más sano de los seres humanos.

Ese amor a la vida le permitió vivirla en el último tramo con más goce y menos culpa que nunca.

"Estoy fantástico. He aprendido a vivir sin rencor y sin melancolía. Antes, por ejemplo, no soportaba los atardeceres de domingo. Ahora lo agradezco." A Hugo Soto lo amaron y lo seguirán amando millones de personas, en los lugares más dispares del mundo. Sin embargo, mientras era amado más allá del "cholulismo", Hugo estaba encerrado en su propia cárcel, totalmente solo.

Hugo Soto fue un ángel que para escapar del infierno de la realidad no tenía más salida que el arte. (Fragmento. "Cuentos de cine", Alfaguara, 1996.)

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