"Rigoletto", un clásico del Colón, vuelve esta noche

A las 20.30 subirá la ópera de Verdi
Pola Suárez Urtubey
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29 de noviembre de 2002  

Tenía elementos de sobra el drama de Victor Hugo "El rey se divierte" (Le roi s´amuse) para encender al rojo vivo la imaginación de Giuseppe Verdi, envuelto por entonces, hacia 1850, en una turbulencia política que lo contaba entre sus elementos más dinámicos. Después de haber asumido con sus óperas tempranas un papel de catalizador de la sociedad italiana, a la que supo activar no sólo en el terreno de la ideología sino en el de la acción misma, Verdi resuelve dar un giro de ciento ochenta grados que lo lleva a interesarse especialmente por la psicología de los afectos individuales y la intimidad de la conducta humana.

"La posibilidad de que "Le roi s´amuse" no sea aprobada me pone en un grave aprieto", dijo Verdi en una carta al presidente de La Fenice, el teatro veneciano que le había encargado un nuevo título. Y sigue: "Piave (el libretista) me había asegurado que no había obstáculos para ese argumento, y yo, confiando en su palabra, me dediqué a estudiarlo, a meditar profundamente sobre él, y en mi mente ya había encontrado la idea, el tinte musical. Puedo decir que, para mí, el trabajo principal estaba hecho". En cambio ahora se enteraba Verdi de que la censura, un lastre que lo acompañó a lo largo de gran parte de su vida creadora, acababa de presentar graves objeciones a la elección del drama histórico, complicado y artificioso, de Hugo.

Esa carta, que refleja de manera espectacular el modus operandi verdiano, demuestra hasta qué punto la elección de un argumento quedaba sólidamente conectada en la mente del compositor a su articulación dramática y su realización sonora. La exigencia de su fantasía era, sin duda, la de alcanzar un verdadero sincretismo entre ambos elementos, es decir, una percepción global e indiferenciada en la que se identifiquen la trama, en su desarrollo inexorable, y su representación en sonidos, a través de un ejercicio formidable del intelecto.

Al confrontar el texto de Victor Hugo con el de Piave es posible advertir la cercanía en que se mantuvo el poeta de La Fenice respecto de su modelo francés, sin duda con la aprobación y el aliento de Verdi, que en más de una ocasión calificó al libreto de "Rigoletto" como uno de los más estupendos que hayan caído en sus manos.

Y esa convicción se refleja en el hecho de que en esta tragedia verdiana cada sección, sea recitativo, arioso, aria o conjunto, debe estar en función no del esplendor vocal para exhibición de los intérpretes, sino al servicio del drama en su totalidad. Por algo Maria Callas, en el curso de una master class sobre "Rigoletto" dictada en la Juilliard School de Nueva York, aseguraba que los cánones del bel canto debían ser ahora abandonados. La "bella voce" y las cadencias de virtuosismo ya no tienen cabida en el pensamiento de Verdi en relación con esta tragedia.

Firmeza constructiva

"Rigoletto", cuyo bautismo veneciano el 11 de marzo de 1851 marcó una era en la trayectoria creadora de Verdi y en la de todo el teatro lírico italiano, significaba un cambio de rumbo en la estructura de la ópera, organizada hasta entonces en números cerrados, separados por lo que el compositor sentía ahora como un vacío dramático insoportable. Una clara alusión al criterio estructural que guía la concepción de esta ópera lo aporta la carta enviada por el músico en septiembre de 1852 al marido de la soprano Teresa De Giuli Borsi. Ingenuamente, le pedía a Verdi que compusiera para ella un aria especial, pues las partes de Gilda no alcanzaban a llenar las apetencias divísticas de su cónyuge. Y la respuesta llegó terminante: "Tengo ideado el Rigoletto sin arias, sin finales (concertantes), como una secuencia interminable de dúos, porque así estoy convencido que debe ser".

Y esto se advierte fácilmente, ya que la tragedia se cumple en el lineal ciclo de cinco dúos: los tres del primer acto, entre Rigoletto y Sparafucile, entre aquél y su hija Gilda y entre ésta y el duque de Mantua; y los dos entre Rigoletto y Gilda que cierran el segundo y el tercer actos. Pero además, la obra toca puntos culminantes de dramatismo en el Cuarteto y en el Trío del tercer acto.

De todas maneras, existen en la obra varios solos vocales a los que el propio compositor denomina arias. Es el caso de "Caro nome" de Gilda; del "Parmi veder le lagrime" del duque de Mantua y aun la brutal imprecación del protagonista, "Cortigiani, vil razza dannata". Y aún podrían considerarse como tales la balada "Questa o quella" y la popularísima "La donna é mobile". Sin embargo, en todos los casos adquieren en el contexto un sentido lírico o dramático a tal punto expresivo que pierden su carácter de números cerrados para ser reabsorbidos, con genial economía escénico-musical, en la tremenda dialéctica de la obra total. Un ejemplo lo da, en su trágica connotación, la reaparición de "La donna é mobile" en momentos en que Rigoletto cree que la bolsa que tiene en su poder, lista para ser arrojada a las aguas del río, contiene el cuerpo del duque.

De tal manera, la canción le anuncia, de manera feroz, que el cuerpo es de su propia hija, con lo que la maldición que planea desde el comienzo de la obra se ha cumplido inexorablemente.

"Rigoletto", que sube esta noche al escenario del Colón, goza de una larguísima y a menudo brillante trayectoria en esta sala, a partir del 14 de junio de 1908 en que se la ofreció por vez primera en dicho ámbito, apenas a veinte días de haber sido inaugurado. El papel protagónico fue asumido por Titta Ruffo, que lo reeditó en cinco temporadas, seguido por Carlo Galeffi, Giuseppe de Luca, Leonard Warren, Carlos Guichandut, Cornell MacNeil y Sherrill Milnes, entre muchos otros, mientras en la parte de Gilda María Barrientos, Lucrezia Bori, Amelita Galli-Curci, Toti Dal Monte, Bidú Sayao, Lily Pons, Leyla Gencer y Renata Scotto fueron algunas de las sopranos que desfilaron en las treinta y cinco versiones ofrecidas en la sala. En la interpretación del duque de Mantua se han sucedido Miguel Fleta, Giacomo Lauri Volpi, Beniamino Gigli, Jan Kiepura y Richard Tucker entre una larga lista de famosos tenores. Y si de directores se trata, ahí quedan para la historia de "Rigoletto" en el Colón, nombres como los de Arturo Toscanini, Tullio Serafín, Gino Marinuzzi, Héctor Panizza, y más cerca en el tiempo, Fernando Previtali, Miguel Angel Veltri o Bruno D´Astoli, entre muchos más.

Elenco y fechas de abonos

"Rigoletto" se ofrece, en el final de esta temporada 2002 del Teatro Colón, como homenaje a Saulo Benavente, en el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Con tal motivo, se cuenta con la escenografía y el vestuario realizados por este eminente artista plástico argentino, según la versión ofrecida en la sala en 1967. La dirección de la Orquesta Estable del Teatro está a cargo de Bruno D´Astoli, mientras la régie ha sido confiada a Matías Cambiasso, la iluminación a Mauricio Rinaldi y la dirección del Coro Estable a Miguel Martínez.

El elenco está integrado por Luis Gaeta/Enrique Gibert Mella (Rigoletto), Laura Rizzo/Natasha Tupin (Gilda), Gustavo López Manzitti (duque de Mantua), Juan Barrile/Nino Meneghetti (Sparafucile), Susana Moncayo (Maddalena) y Marta Cullerés/Cecilia Jacubowicz (Giovanna), entre otros.

La obra se ofrecerá en seis funciones a partir de hoy (abono nocturno tradicional), a las 20.30; domingo 1° de diciembre (vespertino), a las 17; martes 3 (gran abono), jueves 5 (nocturno nuevo), sábado 7 (especial) y martes 10 (abono DAIA), a las 20.30.

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