Robinson, documental con show y moraleja

"Expedición Robinson", programa de juegos, entretenimientos y aventura conducido por Julian Weich. Lunes, a las 23, por Canal 13. Nuestra opinión: Bueno
Marcelo Stiletano
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28 de octubre de 2000  

Por más que se incite a los televidentes a tomar partido en el juego anticipando el nombre del competidor que quedará afuera, con promesa de premios para el ganador de esta promoción; por más que ya sobrevuele en el ambiente el nombre del posible ganador, es muy probable que los participantes de "Expedición Robinson" no obtengan en los medios la misma exposición a la que se prestaron frente a las cámaras conviviendo durante varias semanas en una isla desierta.

En "Survivor", el principal referente en el que se inspira este puntal de la llamada "televisión verdad", que basa su propuesta en mostrar a gente común moviéndose en situaciones extremas frente al ojo indiscreto de las cámaras, los principales protagonistas pasaron de simples anónimos a celebridades, logrando que se hablara de ellos y que sus avatares se convirtieran en objeto de debate durante toda la semana.

Aunque esto último está lejos de ocurrir en "Expedición Robinson" (menos pretencioso y más modesto en sus metas que su modelo norteamericano), lo que sí se aseguró por el momento esta producción de Canal 13 es un respaldo de la audiencia que se mantiene sin decaimientos en la nada despreciable cifra de 20 puntos de rating, lo que le garantiza un público fiel y una razonable expectativa de crecimiento para el último tramo de las 13 emisiones previstas, cuando sean pocos los que se mantengan en competencia.

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Es posible que en esa etapa final el programa cambie de perfil, porque la historia consagrará sólo a uno con el premio mayor (100.000 pesos) y no es difícil imaginar que en esos instantes la contienda será a cara de perro . Por ahora, los conflictos interpersonales y los problemas entre competidores que tanto comentario generaron en "Survivor" están aquí bastante atenuados, subordinados a un espíritu de concordia que el programa presenta hasta ahora, inequívocamente, como el modelo por seguir si se quiere alcanzar el éxito.

Las pruebas están a la vista:el Equipo Norte, hasta el momento visible ganador, apoya su estrategia en una camaradería que convierte hasta en anecdóticos los rasgos de personalidad de sus integrantes. El Equipo Sur, que perdió varios integrantes, parece sumido en una incontenible serie de internas que terminó por deteriorar el espíritu de grupo y convertirlo en un conjunto de voluntades en general dispersas.

El predominio de la armonía sobre el individualismo no es el único de los rasgos bien subrayados por "Expedición Robinson". La marcha y el perfil del programa se van configurando al mismo tiempo alrededor de otras dos cuestiones bien definidas: el elemento visual con carácter protagónico y el funcionamiento de una "cámara invisible".

Del primero hay que decir que por momentos deslumbra. Tomas aéreas, vistosos travellings y primeros planos, imágenes que responden a la diestra mano del director Juan Pablo Lacroze, dan una muestra cabal del escenario en el que se desenvuelve el juego. Pero, de tan usado, el recurso deja de llamar la atención en la continuidad de la historia y corre el riesgo de convertirse en un elemento igualmente pulcro y meramente decorativo, como la presencia de Julián Weich como bastonero de las competencias en las que se pone en juego la permanencia de los participantes.

La "cámara invisible", en tanto, es el mayor logro del ciclo. Ubicada muy cerca de los integrantes de cada grupo, atrapa con notable naturalidad algunos de los desafíos de esta convivencia forzada, sobre todo los que tienen que ver con la alimentación y el esparcimiento, y brinda un cabal conocimiento de la personalidad de los participantes.

Salta a la vista, por todo lo dicho, que "Expedición Robinson" se mueve en varias dimensiones a la vez. Por momentos parece un documental de aventuras que procura reflejar modos de supervivencia en circunstancias extremas, por momentos reproduce en otra escenografía la estática fórmula de "Fort Boyard"; en un instante pretende construir un retrato psicológico de la convivencia y en otro vira hacia la mera descripción geográfica, dejando poco para rescatar más allá del cuidado fotográfico en describir la belleza agreste del lugar elegido para este experimento en el mar Caribe.

Al estar sazonado con una pizca de cada uno de estos elementos, el menú de "Expedición Robinson" aún no ofrece un sabor definido. Hay que decir que está muy bien presentado, ofrece buenos condimentos, no le falta algún elemento picante y agrada al gusto de espectadores acostumbrados a diferentes platos. Y no deja de atraer, por más que a esta altura se encuentre más cerca de un documental que de las fórmulas televisivas que lo inspiraron.

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