Rodrigo de la Serna,un outsider del teatro

En su debut en la escena oficial, el talentoso actor protagonizará El farmer, adaptación de la obra de Andrés Rivera, junto a Pompeyo Audivert
Alejandro Cruz
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31 de julio de 2015  

Hay una frase que aparece en la novela de Andrés Rivera que se repite dos veces. Dice: "Yo fui guardián de los sueños de los otros". Al recordársela, él la dice en voz alta, completa el párrafo, repara en la puntuación, en sus pausas. Quizá sin proponérselo se le ilumina la mirada. Aunque tenga un único espectador y un simple grabador en mal estado, se nota que hay goce en su recorrido, en ese tránsito. ¿Un actor, acaso, no será también el guardián de los sueños (y de las pesadillas) de los otros... "No sé..., me parece demasiado. Sería una pesadilla en sí misma..." Con esa facilidad, Rodrigo de la Serna se desprende de cargas simbólicas, proyecciones, de espejos propios y ajenos. Prefiere, eso sí, reparar en los ecos de esas palabras dichas por un Juan Manual de Rosas increpado por sí mismo en su última noche de un 14 de marzo de 1871 en una granja de una lejana Southampton, sur de Inglaterra, muy lejos de su tierra y en medio de sensaciones de abandonos y traiciones.

La idea de llevar a escena a El farmer, la estupenda novela de Rivera, viene de lejos. Alguna vez De la Serna leyó el libro. Quedó, según sus palabras, fascinando. Tanto que el autor se convirtió en uno de su favoritos. En otro momento impreciso tuvo un encuentro casual con Pompeyo Audivert, con quien había trabajado en Tiempo final. El actor y director le contó que estaba adaptando al teatro El farmer. Pompeyo ya tenía la idea de escindir a Rosas en dos. "Rivera ya lo sugiere en ese diálogo que Rosas tiene consigo mismo, en ese juego en el cual el Rosas mítico interpela al anciano que se está muriendo", explica De la Serna sobre la idea del otro, el doble, el espejo en la noche final de un personaje histórico dialoga con su propia historia, con la historia misma.

Acá, en el Teatro San Martín, habla él, el actor, de unos y de los otros. Por ejemplo, dice: "Es la primera vez que quiero respetar cada coma, cada signo de puntuación porque realmente les encuentro un sentido, un valor en medio de una prosa exquisita cargada de resentimientos. Solamente decir ese texto parado en medio de un escenario valdría la pena", dice él respetando sus propias comas, sus propios signos de puntuación, su propio asombro.

Pero en esta puesta que estrenan hoy, ni Pompeyo ni él estarán parados, quietos en la inmensa plataforma semicircular de la Sala Casacuberta dándole vida a este diálogo en el que el Rosas histórico es interpelado por un joven Rosas, en ese otro diálogo entre lo histórico y lo metafísico.

"La personalidad de Rosas todavía sigue resonando en la política argentina. Es una figura que intentaron tergiversar, que taparon muchísimo, que exaltaron solamente por su naturaleza más violenta. Claro que si se cuestiona a Rosas por violencia habría que cuestionar a toda la clase política de aquel entonces. El que inició todo ese proceso no fue Rosas. Lavalle ya había matado a Dorrego y Bartolomé Mitre, fundador del diario que nos convoca, fue responsable de la desaparición del 80 por ciento de la población paraguaya y de la desaparición de la afroargentinidad. Entonces..., ¿quién es más violento?", dice, se pregunta e increpa de corrido De la Serna.

Se podrá pensar, más en tiempos eleccionarios en los que cruzan tantas voces alteradas y dedos acusatorios, que hubo una intención por parte del elenco en presentar este texto en medio de este tiempo de lo social y lo político. Como una forma de hacerlo entrar en fricción con el ahora. Pero el talentoso actor, de plano, descarta esa posibilidad. "A lo sumo es notable la actualidad que tiene la obra. Algunos textos parecen escritos hoy", señala. Y trae a colación un texto. Lo dice: "Quien gobierne podrá contar, siempre, con la cobardía incondicional de los porteños". Tras cartón, acota: "¿Ves? Parece una declaración de los días posteriores a la elección en la ciudad. Pero, por fuera de toda coyuntura, la obra es una excusa para hablar de temas que están más allá de la política. El farmer es una obra nacional que interpela la conciencia de los argentinos para hablar del tema del destierro, la figura del doble, del soñador soñado".

Andrés Rivera también replica en la idea de ese doble. De hecho, el premiado escritor se llama Marcos Ribak. El uno o el otro alguna vez dijo: "No soy para nada un admirador de Rosas, pero me tuve que poner en su piel cuando escribí El farmer. Es decir, que aquello que representó Rosas en su tiempo no me inhibiera de ponerme en su piel y hablar como si fuera él". En esa misma charla realizada en una biblioteca, agregó: "Un escritor nunca es neutral". Tampoco lo es Rodrigo de la Serna.

De inicios y destiempos

Pompeyo Audivert debutó en el San Martín en 1989. Eso fue con Postales argentinas, un montaje icónico para su época que llevó la firma de Ricardo Bartís. Esa obra se estrenó en la Cunill Cabanellas. A tantos años de aquel debut de su actual compañero de ruta, es a él ahora al que le toca debutar en la escena oficial. Lo hará en la Casacuberta del San Martín, teatro de enorme poder simbólico más allá de los andamios en el hall central, el polvo que cubre los sillones de una de las salas que está en funcionamiento o el penoso estado de los ascensores producto de la obra de infraestructura que se está llevando a cabo.

Cuando debutó acá Audivert, De la Serna tenía 13 años. "En aquel momento estabas en otra. Es que yo soy medio un outsider del teatro, lo sé... -cuenta y pone cara de okupa-. Si bien hice teatro de los 12 a los 20 años, era en términos vocacionales. Aunque laburábamos mucho, había algo de estudiantina en lo que encarábamos. Después nació mi hija, vino Okupas, Diarios de motocicleta y mi vida fue para otro lado hasta que, en 2012, hice con Joaquín Furriel la obra Lluvia constante. Por eso mismo, en el mapa de los «guetos teatrales», soy medio un extranjero, aunque ahora esté trabajando en el San Martín, aunque esté en pareja con Pilar Gamboa, que es como alguien de la entraña misma del teatro, o esté compartiendo escena con Pompeyo, otra persona íntimamente vinculada a lo escénico."

Si bien no es un actor nacido y criado en la quintaesencia de la escena alternativa porteña, con El farmer no solamente se animó a actuar. De hecho codirige la obra junto al mismo Audivert y Andrés Mangone. "Pompeyo, de alguna manera, quiso compartir el negocio conmigo", suelta al pasar. El "negocio" tiene otros socios: la música original interpretada en escena por Claudio Peña (habitual aliado de Audivert), la iluminación de Leandra Rodríguez, el vestuario de Julio Suárez y la sutil manera que tiene de "vestir" el espacio la artista visual Alicia Leloutre. Y, claro, un campesino viejo sentado junto a un brasero llamado Juan Manuel de Rosas. El que dice: "Soy un campesino viejo, que no ha terminado de encanecer. Y que, sentado junto a un brasero, tiene frío. Y toma mate. Soy, también, un hombre viejo que, sentado junto a un brasero, mira nevar en sus escasas tierras, aquí, en el condado de Swanthling. Y piensa en la muerte".

El farmer

Dirección de Pompeyo Audivert, Rodrigo de la Serna y Andrés Mangone.

Sala Casacuberta del Teatro San Martín (Corrientes 1530)

De miércoles a domingo, a las 20

Entradas, desde 70 pesos

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