Ruiz dio otra lección de buen cine

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29 de agosto de 2000  

MONTREAL.- Lo mejor del festival, hasta ahora, estuvo en el último trabajo del estadounidense David Mamet y en la nueva película del siempre polémico Raoul Ruiz.

El realizador, nacido en Chile pero radicado desde hace varias décadas en Francia (de quien en estos momentos se exhibe en los cines porteños la proustiana "El tiempo recobrado"), está atravesando por otra de sus prolíficas etapas, ya que no sólo presentó aquí, como parte de la competencia oficial, "Combat d´amour en songe", sino que en pocos días llevará otra obra inédita a la sección oficial del Festival de Venecia: "Fils de deux méres ou comedie de l´innocence", con Isabelle Huppert, Jeanne Balibar y Charles Berling como protagonistas.

"Combat d´amour en songe" trae a un Ruiz con la misma energía y similares obsesiones a las de las recientes "Genealogías de un crimen" -aquel thriller psicológico con Catherine Deneuve, presentado hace dos años en el Festival de Mar del Plata- y la apuntada "El tiempo recobrado".

Cultor de los afanes combinatorios, del esoterismo numérico y de las historias que -como en el jardín borgiano- se bifurcan sin cerrarse, Ruiz da una nueva y magistral clase de estilo.

Cruce de diez historias

Esta vez, en el transcurso de un film complejo, Raoul Ruiz narra el improbable entrecruzamiento de diez historias en las que conviven la búsqueda de un tesoro con piratas que llegan a Chile, los amores entre vivos y muertos y las falsas teorías médicas.

Todo como si, para el realizador, siempre existiera la posibilidad de seguir abriendo nuevas puertas que a su vez dan paso a nuevas historias, y así sucesivamente.

El mito de Sheherezade revisado por un maniático reciclador de recursos primitivos del cine -trucos y sobreimpresiones que recuerdan los de los comienzos del cine- deriva en una obra cuyas deflaciones son parte del propio sistema cinematográfico creado por su afiebrado y ambicioso autor.

Todo es posible en la notable dimensión del realizador de "Tres vidas y una sola muerte", hasta un espejo cleptómano, porque -como dice uno de los personajes- "el siglo XX será cleptómano o no será". Casi una gozosa declaración de principios del inefable maestro Raoul Ruiz.

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