5 series animadas de culto que podés ver en Netflix
Te recomendamos varias ficciones, recientes o pasadas, que no podés dejar pasar
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Rick and Morty
Beavis y Butt-Head, Ren y Stimpy, South Park, Robot Chicken, Sealab 2021 y ahora Rick and Morty. Todas esas series tienen un denominador común: poder interpelar al espectador y reírse de él recurriendo a decenas de guiños que solo un nerd hecho y derecho puede decodificar. Y sí, esas animaciones fueron (y algunas aún lo son) de gran popularidad porque marcaron un quiebre al momento de su estreno, rompiendo estructuras y demostrando que la animación puede tener un vuelo enorme que las series de “actores reales” jamás podrán alcanzar. Rick and Morty es el último gran eslabón de esa cadena, que se puede ver en Netflix . La historia fue creada por Dan Harmon (el genio detrás de Community y de Heat vision and Jack, ese enorme piloto que nunca pudo dar su paso y convertirse en serie ) y los protagonistas son una muy libre adaptación de los héroes de Volver al futuro.
La premisa es muy sencilla, Rick es un científico amante del alcohol, un experto en realidades alternativas y para recorrerlas suele llevarse a la fuerza a su nieto Rick, un muchacho preso de sus hormonas y sus inseguridades. Ese disparador casi absurdo es la excusa con la que Harmon recorre mundos imposibles para jugar constantemente con los límites de la narrativa tradicional (un episodio, por ejemplo, transcurre en cuatro líneas temporales que se muestran de forma simultánea), teniendo como protagonistas a dos personajes que a duras penas podrían ser descritos como “agradables”. Como los grandes títulos de animación, Rick and Morty no busca complacer al espectador ni gustarle, sino que conecta con su público a través del choque y de la fascinación por la estética de lo desagradable y por ese motivo es que esta ficción no sólo es la mayor obra de culto actual, sino también la serie más rabiosamente creativa de los últimos años.
Hora de aventura
El nacimiento de Hora de aventura responde a la quinta esencia de la animación de culto al ser una propuesta que, bajo la cáscara de un programa infantil, no tarda en revelarse como una ficción anárquica que enamora a los adultos sedientos de historias surrealistas y personajes estrafalarios. El padre del ciclo es Pendleton Ward, un talentoso guionista que reconoció el haberse inspirado en Mi vecino Totoro, el gran film del maestro Hayao Miyazaki, a la hora de crear esta inclasificable serie. De esa película le llamó especialmente la atención el poder ver una historia que combinara momentos hermosos salpicados de surrealismo, una característica que no tardaría en detonar sus propias ideas.
Hora de aventura tiene los ingredientes sencillos que toda saga de este tipo debe tener: dos héroes valientes que viven en un período (relativamente) medieval con criaturas mágicas, castillos, princesas y villanos dispuestos a retarlos una y otra vez. Pero el tono fresco que inunda cada episodio tiene que ver justamente con saber jugar con los mil temas típicos de los relatos que suelen caratularse bajo el género “espadas y brujería” (en la línea de Robert Howard, Michael Moorcock y Jack Vance), pero reimaginándolos en clave absurda y poniendo como héroe central a un niño y a su perro de poderes imposibles. Bajo ese manto de humor infantil, Ward logró una saga inigualable que sigue siendo la favorita de miles de chicos, pero también de millones de adultos.
Death Note
Cuando el primer episodio de la historieta de Death Note debutó en diciembre de 2003, el estatus de culto llegó inmediatamente. Y no comprendan culto como algo desvinculado con lo masivo, porque la historia de Light y L fue muy popular, pero eso también significó la gestación de grupos de fans que se habían mimetizado con esta ficción, reconociendo de memoria cada una de las frases del manga, incorporando a sus dietas manzanas y golosinas y discutiendo acaloradamente si Kira era un héroe o un villano. El punto de partida de la historieta es de lo más original: un joven llamado Light recibe un cuaderno y el nombre de las personas que escriba en él morirán de un paro cardíaco a los pocos minutos (a menos que detalle cómo mueren). A partir de ahí la sociedad se divide en dos: por un lado, están los que apoyan a ese dios de la muerte y por el otro, se encuentran quiénes no lo hacen. Ante este panorama, aparece en escena un joven y brillante detective llamado L, cuya misión será descubrir quién está detrás de esos asesinatos. Así comienza un adictivo policial, que reúne dioses del infierno, intrigas familiares e ingeniosas estrategias imposibles de predecir.
Death Note alcanzó el éxito rápidamente en Japón y hasta el momento hay tres películas y una remake norteamericana en camino (que produce Netflix, empresa que puso en su catálogo la serie original animada). El desfile de excéntricos personajes, la amoralidad de todos sus protagonistas y los toques de fantasía insertados en esta historia que responde a los esquemas de un policial clásico, dieron por resultado una fórmula atrapante que, como para agregarle más misterio al asunto, fue escrita por un autor que esconde su identidad bajo el seudónimo de Tsugumi Ohba.
Steven Universe
La historia central es casi un cliché a la Sailor Moon: un grupo de guerreras denominadas Gemas de Cristal se encargan de defender el mundo contra cualquier amenaza que pudiera surgir. Ellas son Garnet, Amatista, Perla... y Steven. Claro, el guerrero que completa el grupo de heroínas es un niño torpe, inocente, pero con un innegable amor por la aventura y su presencia, muy lejos de ser un chiste, es en realidad el corazón de la ficción. La creadora de este mundo es Rebecca Sugar, una animadora que trabajó durante años en Hora de aventura por pedido de Pendleton Ward. Cuando productores de Cartoon Network vieron el potencial de Rebecca, le pidieron que presentara alguna propuesta y así nació Steven Universe. Inspirada principalmente en un clásico animé de los noventa llamado Utena (serie pionera que rompió varios tabúes al mostrar como eje a dos heroínas enamoradas), Sugar construyó un universo para niños que no tardó en fascinar a adolescentes y adultos, precisamente por la libertad y desestructuración con la que presentaba a sus personajes sin caer en casilleros obvios. Pero más allá de eso, ésta es una propuesta necesaria para niñas que quieren verse representadas en los dibujos animados poniendo distancia de las obsoletas princesas que necesitan ser rescatadas o de las frívolas adolescentes que lo único que buscan es ir de compras o casarse, nada de eso, en Steven Universe las mujeres son activas guerreras que luchan incansablemente contra sus enemigos. Y el eje de todo es ese niño que le dice a sus televidentes que todos pueden ser héroes o heroínas y formar parte de cualquier grupo, sin importar cómo sea su aspecto físico o qué tan enormes sean sus miedos.
Robotech
Los niños de los ochenta tuvieron dos grandes faros que iluminaron todas las meriendas: He-Man y Robotech, ambas propuestas notablemente distintas, pero que se complementaban a la perfección. Y al día de hoy, ambas son animaciones de culto que no solo suman nuevos seguidores, sino que incluso siguen siendo revisitadas una y mil veces por adultos que las disfrutaron de chicos.
El caso de Robotech, que se encuentra completa en Netflix, es de lo más particular. Originalmente se trataba de tres ficciones japonesas independientes que un productor norteamericano de nombre Carl Macek (uno de los genios que vio tempranamente el potencial de la animación japonesa) decidió juntar por motivos de programación, retocándoles el guión para unificarlas bajo un mismo estandarte que sería Robotech.
Lejos de los inocentes dibujos norteamericanos de luchadores eternos y villanos caricaturescos, los héroes de Robotech eran hombres que sufrían, que morían y que dudaban de su propia capacidad para derrotar a sus enemigos. Pero lo más novedoso era que en la primera generación de la serie (conocida originalmente como Macross) el núcleo de la historia más que la lucha contra los invasores era el triángulo amoroso entre Rick Hunter, la militar Lisa Hayes, y la cantante pop Lynn Minmei. Como muchos la conocieron en su época, Robotech no era más que una novela con naves espaciales, pero eso no le impidió alcanzar el estatus de culto y ser una de las animaciones que redefinió no solo el mercado japonés, sino también el mundial.
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