Game of Thrones: la inesperada carta de triunfo en los últimos episodios de la serie

Una escena clave de la séptima temporada, cuando su tenacidad lo ayuda descubrir la verdadera identidad de su amigo Jon Snow
Una escena clave de la séptima temporada, cuando su tenacidad lo ayuda descubrir la verdadera identidad de su amigo Jon Snow Fuente: LA NACION
John Bradley, que interpreta al estudioso Sam Tarly, cuenta cómo encaró el elenco el rodaje de la octava temporada y por qué su personaje no necesita poderes para ser un héroe
Natalia Trzenko
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19 de marzo de 2019  

LONDRES.- "Lo que más me afectó cuando leía los últimos capítulos de la serie es que hasta ahora, al final de cada libreto decía, por ejemplo, 'Final de temporada 5' y en este caso decía ?Final de Game of Thrones'. No estaba preparado para eso", recuerda John Bradley, más conocido -extremadamente conocido- como Samwell Tarly.

El compañero de armas de Jon Snow en el exilio de la Guardia de la Noche, el único entre todos los personajes de la serie más popular de la última década que admite tener miedo, uno de los pocos que prefieren la pluma a la espada y cuyos descubrimientos en la séptima temporada serán fundamentales para los seis episodios finales que comenzarán a emitirse por HBO a partir del 14 de abril.

Bradley, como Sam, piensa con calma antes de contestar las preguntas de la nacion en el último encuentro oficial con la prensa internacional como representante del programa sobre el que, se sabe, fue instruido para no revelar nada de la trama que vendrá. Sin embargo, para compensar el secreto guardado bajo siete llaves, sus respuestas proveen una profunda reflexión sobre el fenómeno de la serie, sobre la naturaleza de su personaje y, sí, sobre la despedida que está a la vuelta de la esquina. "Cuando tuve en mis manos los últimos capítulos también sentí mucho alivio, porque era un final del que me sentía orgulloso".

"Hay muchos programas que hacia el final terminan decayendo o no satisfacen las expectativas que ellos mismos crearon o directamente traicionan sus intenciones originales. Solo hay un final y una sola oportunidad para hacerlo bien. Me sentí aliviado al descubrir que David Benioff y D. B. Weiss, creadores de la serie, lo habían logrado. Esta despedida no integrará una de esas listas online de 'Los cinco peores finales de tus series favoritas'. Saber que estaríamos orgullosos de la serie hasta el último segundo fue un sentimiento genial. Y no veía el momento de empezar a grabarlo", dice Bradley, que sin la barba que porta en la ficción parece bastante más joven que sus 31 años. Es fácil imaginarlo en ese video que les envió a los productores de la serie cuando tenía apenas 22 años y todavía era estudiante del conservatorio.

Por entonces, tenía una vaga idea de la existencia de unas novelas de fantasía escritas por un tal George R. R. Martin. "Fue mi primera audición con mi primer agente y cuando todavía estaba estudiando. Pensé que sería una buena experiencia; no tenía mucha idea de los libros, pero sí de que era para un programa nuevo de HBO. Así que sabía que tenía un estándar de calidad asegurado. No me preocupaba conseguir el papel. Lo único en que pensaba era en no hacer papelones. Pero cuando me llamaron y conocí a los productores empecé a pensar que estaría bueno conseguir el papel y que debía haber hecho algo bien en la primera audición. Después de esa convocatoria me hicieron esperar semanas para decirme que estaba contratado. Rápidamente me recuperé de la alegría inicial y empecé a sentir la presión de tener que demostrar a esta gente que no se había equivocado al elegirme", explica Bradley con una sonrisa que carga con algo de la nostalgia que siente por ese joven actor que pasó de los pasillos de la escuela de arte dramático a protagonizar una ficción televisiva que, aunque él no lo supiera, tenía todos los ingredientes para transformarse en lo que es: una de las pocas series adoradas por el público y la crítica por igual. Para cuando emita su último episodio, el próximo 19 de mayo, dejará un hueco del tamaño de los Siete Reinos en el panorama televisivo actual.

Lo que tampoco podía imaginar el intérprete es que su personaje, el "cobarde" de la compañía de guerreros enviados a defender el Muro en la primera temporada, aportaría un punto de vista único y especial a la historia. Que sería, como postulan algunas teorías de los fanáticos de las novelas y la serie, el autor de historia que conocemos como Game of Thrones, consignando al papel sus memorias, ya anciano y maestre, en La Ciudadela, habiendo sobrevivido a la batalla más grande y sangrienta de todas, aquella que enfrentó a los habitantes de Westeros contra el Ejército de la Noche. Ni más ni menos que el representante de Martin dentro de la ficción.

Sam, el héroe

"Por momentos, para mí fue un poco abrumador, porque durante años se dijo que Sam es George R. R. Martin. Él mencionó el tema en algunas entrevistas, pero nunca hubo una confirmación oficial. Aunque parece bastante probable si analizás las coincidencias entre ambos. Y una vez que te das cuenta de eso, pensás en la importancia que George le da a Sam en las novelas y que la clave de esa conexión es que el autor es un ferviente pacifista, alguien que, como mi personaje, no cree en la violencia ni en la guerra para solucionar los problemas", detalla Bradley, que lleva mucho tiempo pensando en las características de su personaje y en su particular lugar en el universo del relato.

Desde que se comenzó a grabar esta última temporada, en octubre de 2017 -apenas un par de meses después de emitido el episodio final de la séptima-, Bradley elaboró unas cuantas teorías sobre Sam y el inmenso y continuo éxito de Game of Thrones, que solo confirmó largo tiempo después, tras terminar de grabar la serie, en julio de 2018.

"En esta historia, Sam es uno de los pocos que no creen que la guerra y la violencia sean la respuesta. Por eso es especial. Porque muchos de los personajes son grandes guerreros y saben aniquilar lo que se les ponga enfrente, pero Sam es el único que puede hacer lo que hace. Es lo suficientemente inteligente para ser una herramienta valiosa para las batallas. Él conecta las ideas, descubre los misterios, algo que nadie más está haciendo. Sin Sam creo que para mucha gente el programa sería difícil de ver. Me siento muy privilegiado por interpretar a este personaje, que se destaca del resto por su tono más cómico, que hace que mi interpretación sea distinta también", explica Bradley, y en un raro momento permite dar un vistazo -la bóveda de los secretos se entreabre apenas un centímetro- a la nueva temporada. El actor admite que sus ideas acerca de la importancia de Sam en la ficción cobraron más fuerza en estos últimos episodios, en los que "muchos de los personajes que estaban desperdigados por distintos lugares confluyen en una única locación y narrativa".

El último primer día

Para cuando Game of Thrones regrese a la pantalla de HBO habrán pasado un año y ocho meses desde que terminó la séptima temporada. Una eternidad en el universo de las series y un lapso de tiempo que consiguió elevar no solo las expectativas de los espectadores a niveles astronómicos, sino que también afectó a sus protagonistas, que tenían muy claro que el rodaje de los últimos seis episodios sería diferente al de todos los anteriores.

"Empezamos a grabar con plena conciencia de que sería la última vez y yo, personalmente, fui con la idea de apreciar cada segundo de la experiencia. Lo cierto es que con esa disposición te volvés hiperatento a lo que pasa. Todos los días teníamos la sensación de que era la última vez que haríamos eso que estábamos haciendo. Desde el primer día entré al set pensando: 'Es el último primer día'. Y así todos los días que siguieron. Porque estábamos despidiéndonos de alguien querido en cada jornada de grabación. Podía ser un actor, un integrante del equipo técnico, usar una pieza de vestuario o rodar en una locación. La sensación era de que íbamos perdiendo algo de a poquito y de que la experiencia se iba terminando. Por eso me di cuenta de que tenía que aprovechar y disfrutar cada segundo", cuenta el actor, que transitó con ese ánimo sensible hasta el último minuto en el set que fue su hogar desde 2011.

Se despidió entre lágrimas del lugar en el que afirma haber aprendido a ser actor de una manera bastante peculiar: ante las cámaras de una serie cuyo suceso global es tan contundente que obligó al joven intérprete a elaborar una sólida teoría sobre las razones de su éxito.

"Me parece que, además de sus excelentes guiones y el impresionante despliegue de producción, una de las explicaciones de su éxito es que no muestra lo que podrías ver cuando mirás por la ventana. Todo el mundo tiene que adaptarse, dar un salto intelectual para engancharse con la historia. Si ves algo como Los Soprano, que es un programa genial, acaso para las personas que viven en Nueva York y Nueva Jersey, esa sea su vida. Así que seguramente sienten una conexión más fuerte que los demás con ese relato. Todos lo disfrutamos, pero no como ellos, que saben lo que es estar en ese mundo. Pero con Game of Thrones nadie sabe cómo es este universo. La gente en Tokio tiene la misma experiencia de ese mundo que la gente en Brasil, los Estados Unidos o Europa. Todos tenemos que dar ese salto para creer y entrar en ese universo, y lo hacemos juntos", concluye el actor, que ya empezó, como los espectadores, a tomar envión para dar ese último paso, el de la despedida.

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