Y después de Game of Thrones... ¿qué?

HBO está en apuros al no encontrar otra serie que reemplace el éxito que tiene entre manos
Martín Fernández Cruz
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26 de abril de 2016  • 00:12

Game of Thrones es indudablemente la gran serie actual (principalmente porque logra esa rara combinación de ser bien vista por la crítica y despertar el amor del público). La saga de los aspirantes al Trono de Hierro logró captar como ninguna la atención a nivel mundial y se consolidó como la nave insignia de HBO... la única nave insignia y ese es el problema. La mítica señal de cable Premium sinónimo de calidad se encuentra en un difícil momento al no poder encontrar otra ficción que reciba la antorcha de Game of Thrones . Por ese motivo, hacemos un breve repaso de cómo HBO pasó de ser la cuna de grandes series, a estar en la difícil situación de necesitar encontrar, en forma urgente, otras producciones que tengan la misma fuerza que la saga de los Stark.

Los hitos que fueron

Cuando en mayo de 2000 HBO estrenó el primer episodio de Los Soprano, la cadena no estaba consciente de la importancia que tendría esa serie. Para la señal, la transmisión de eventos deportivos pagos generaba un cúmulo de ganancias tan gigantesco, que bien podían darse el gusto de experimentar con ficciones televisivas que se corrieran de las formas tradicionales. Y con la llegada de la saga mafiosa protagonizada por Tony Soprano, la televisión sufrió una revolución enorme al punto de considerar a esa serie, como la inauguradora de la llamada segunda época de oro de la televisión.

Protagonistas que claramente pertenecían al bando de los villanos, temporadas más cortas, presupuestos más cercanos al cine y una relación de adicción por parte del espectador cómo jamás se había generado hasta el momento fueron a grosso modo las particularidades que HBO descubrió cuando produjo la ficción de los mafiosos. A partir de ahí, libre de las ataduras de las publicidades y del bendito cartel de "apto para todo público", la señal reforzó esa idea de que ellos serían el hogar de series distintas, de temáticas marginales que poco tenían que ver con las sitcom y ficciones de acción que tan comunes eran por esa época en los canales estándar. Y más aún, se convirtió en la casa de los guionistas cuyas propuestas eran tan atípicas, que luego de recibir la indiferencia de señales tradicionales como FOX o Warner, encontraban allí la cuna ideal para desarrollar novedosas ideas. Así logró hitos televisivos como Six Feet Under, Deadwoood, The Wire , Curb Your Enthusiasm o Entourage y también gran prestigio -aunque menos televidentes- con propuestas como Eastbound and Down, Flight of the Conchords o la injustamente maltratada The Newsroom. Todas estas ficciones permitieron reforzar la idea de que allí no había experimentos prohibidos y que había otra forma de hacer televisión, algo que no tardó en contagiarse a otros canales.

Los hitos ajenos

La periferia se vuelve mainstream. Con HBO como centro de atención ineludible para nuevas series, la cadena comenzó a elegir con cuidado su próximos proyectos. Muchos autores televisivos que sabían de antemano que sus historias podían ser demasiado atípicas para un canal estándar, iban directamente a HBO. Pero aquí viene el conflicto: ¿qué pasa cuando una historia parece demasiado arriesgada incluso para su canon? Sucede que nacen nuevas voces en el mapa de las ficciones y los canales. Probablemente la primer gran serie que se les escapó de las mano al canal de Sex and the City, haya sido ni más ni menos que Mad Men. Parida en el mismísimo ceno de Los Soprano (su creador, Matthew Wiener, formaba parte del equipo de escritores e incluso contó con el beneplácito de David Chase para presentar el guión del piloto), Mad Men fue una de esas series que no tardó en arrepentirse por haber rechazado y el drama ambientado en el fascinante mundo de los publicistas encontró hogar en AMC, un canal que prácticamente nadie sabía que existía.

La primera temporada de Mad Men no tuvo un rating que le sacudiera la estantería a nadie (de hecho, jamás lo tuvo), pero sí sirvió para decirle a HBO que ellos ya no eran los únicos que apostaban a series distintas y que otras señales habían decidido también salir a buscar más prestigio que rating. HBO se había convertido en el nuevo mainstream y AMC era para HBO, lo que HBO había sido para FOX o Warner: el hogar de los autores que no tenían dónde contar sus historias. La siguiente ficción que se le escapó al canal de Los Soprano y que supuso para AMC su gran batacazo fue Breaking Bad, un éxito todo terreno que combinó a la perfección crítica y público.

Por su parte, Showtime también apostó a nuevas ficciones arquetípicas y de allí surgieron éxitos como Queer as Folk, Weeds y Homeland, sin mencionar su gran hit: Dexter. Incluso el canal FX, con programas como Sons of Anarchy (una admirable heredera de Los Soprano en clave sureña) salía a pelear con ficciones más arriesgadas. Para HBO la situación se complicaba, muchas ideas que le presentaban terminaban en manos de otras señales y el sueño de ser el único canal en producir ficciones atípicas se convertía en la pesadilla de encontrarse peleando por mantener el puesto como rey indiscutido de la televisión moderna. En medio de este panorama, también aparece la repercusión global de Netflix y su catarata de producciones propias, que logró lo que ninguna cadena había conseguido: robarle el primer puesto a HBO en materia de valoración del público. ¿Por qué lo decimos? Porque en la actualidad y, según una encuesta realizada por la consultora Morgan Stanley, las ficciones originales de Netflix están mejor valoradas que las generadas por HBO. Los éxitos de House of Cards , Daredevil , Orange is the New Black o Narcos la colocaron al frente de la carrera, situación que HBO necesita revertir urgente para volver a convertirse en sinónimo de calidad.

Los hitos que no vienen

HBO se convirtió en Game of Thrones-dependiente y no sabe cómo salir de ese lugar. El canal está ante la necesidad de encontrar inmediatamente otra ficción que sirva como segundo barco de guerra en la batalla entre canales, pero no logra dar en la tecla con sus nuevas apuestas. El primer traspié lo recibió con True Detective. Luego de una primera temporada perfecta, la segunda tanda de episodios estrenada en 2015, supuso una gran decepción para los fans de la serie, al punto que el propio presidente de programación, Michael Lombardo, pidió disculpas en una entrevista por considerar que en el afán de tener capítulos nuevos pronto, apuraron demasiado los tiempos de Nic Pizzollato, creador de la ficción. Para colmo, aún no hay una tercera temporada en vista, y no sería raro que esa gran serie muriera ahí, víctima de ese error (algo injusto, considerando que el piso de calidad de la segunda, igualmente fue notablemente alto).

El siguiente traspié lo tuvo este mismo año con Vinyl. La épica rock centrada en un productor discográfico y creada por Martin Scorsese, Mick Jagger y Terence Winter no obtuvo los números deseados y, si bien la serie no es necesariamente mala, no logró enganchar al público como la cadena esperaba. Y lo que es peor logró un efecto contagio que hizo descender en materia de rating a Girls, la serie que está en la grilla pegada a Vinyl (y que terminó su quinta temporada). En HBO, decidieron cortarle la cabeza al rey y despidieron a Terence Winter con el objetivo de encontrar otro coordinador para esta producción y así lograr cambiar el rumbo de la situación (¡y del rating!)

Otra cancelación injusta y totalmente prematura fue la de Togetherness, la excepcional serie de los hermanos Duplass, que luego de solo dos temporadas de ocho episodios cada una, fue levantada sin muchos miramientos. Hay que entender: no se trata de que HBO no produzca ficción de calidad ( Girls es muy buena; Veep es una maravilla, Sillicon Valley probablemente sea la mejor comedia del momento, y la miniserie del año pasado, Show me a Hero es totalmente imprescindible), pero el canal necesita hallar de forma urgente más hits, más ficciones que tengan los números de Game of Thrones y que hagan de ese canal una sucesión de series con grandes temporadas distribuidas a lo largo del año. Ahora, HBO mira hacia el complejo futuro. Luego de los fallidos proyectos dirigidos por David Fincher ( Videosyncrasy, centrada en el mundo de los videoclips ochentosos y la remake norteamericana de la gran serie inglesa Utopia), las expectativas están puestas en tres nuevos estrenos. La que más interés suscita es Westworld, la serie de ciencia ficción protagonizada por Anthony Hopkins y producida por J. J. Abrams, el actual joven maravilla de Hollywood. Pero algunos problemas vinculados a la producción y lo ambiciosa de la apuesta, no hace más que retrasar el estreno y vaticinar una continuidad complicada. La otra apuesta del canal es The Deuce, creada por David Simon (autor de The Wire y guionista en Show Me a Hero) y centrada en el cine porno de los setenta y ochenta, en lo que viene a ser una especie de Boogie Nights, pero con James Franco interpretando a dos hermanos gemelos vinculados a la mafia. Ambas ficciones, por el momento, no tienen fecha de lanzamiento y se apunta recién al 2017 como probable año de debut. El último estreno que podría sacar al canal de esta situación, es Divorce, la nueva comedia de Sarah Jessica Parker, actriz a la que HBO le debe uno de sus más grandes éxitos (Sex and the City, obviamente).

El panorama de HBO es complejo y la necesidad de encontrar otros éxitos que acompañen a Game of Thrones parece la única clave para mantener un prestigio que el canal bajo ningún punto de vista puede perder. Fue pionero en su rubro y logró cambiar para siempre la cara de las ficciones norteamericanas (y consecuentemente del mundo). Y ahora se enfrenta a una prueba mucho más difícil: salir a pelearle a todos sus hijos.

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