Silvia Pérez Cruz homenajeó a Barcelona en la Feria del Libro

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
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28 de abril de 2019  • 01:16

"Aprendemos unos de otros", cuenta con sonrisa amable Silvia Pérez Cruz en el escenario principal del predio de La Rural, como acto musical de la Feria del Libro , que este año decidió homenajear a la ciudad de Barcelona. "Por eso no importa si quieren unir a dos ciudades, las personas ya se unieron antes". La artista catalana promedia su repertorio y decide invitar al argentino Juan Quintero para que se una primero en percusiones -para un popurrí que comenzó con la "Chacarera de las piedras" e incluyó canciones hispanas de todo el mundo-, y luego en guitarra para "Ayuda", una composición del propio Quintero en donde trastoca los versos del Martín Fierro.

Es que, más que una celebración de la música de Barcelona, Silvia Pérez Cruz celebró la música de todo el mundo, o, mejor aún, el carácter cosmopolita y pluricultural de la ciudad catalana. Ya desde el inicio la idea quedó planteada. Antes de que ella siquiera ponga un pie en el escenario, su violinista lideró al quinteto en una suerte de flamenco dark con citas a "El día que me quieras" para dar pie a una versión de "Estrella" que alternó, cícliciamente, estrofas cargadas de sonoridad con otras bien despojadas y de timbres cristalinos. La versatilidad de la cantante y su banda no sólo quedarían plasmadas en la elección de los temas sino también en la ejecución misma de las versiones. Sin solución de continuidad, otro guiño intertextual: en la versión eléctrica y a pulso firme de "Carabelas nada", de Fito Páez, incluyó versos de "Nostaligas, el tango de Cadícamo y Cobián.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

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En modo cantante de fogón, Pérez Cruz se calzó la guitarra acústica para "Pare Meu", su propia versión del poema de María Cabrera que terminó por convertirse en una ranchera con la banda acoplándose a ella. Para seguir sumando matices,"My Dog", un tema que compuso para la película Cerca de tu casa, tuvo algún tinte country y mucho de indie, a la manera de The Lumineers pero con mayor sensibilidad y languidez. Una vez que el tema llegó a su fin, "Oración al remanso" fue pura fragilidad. Como una balada jazzera en manos de una gitana acompañada sólo por piano y contrabajo, la canción se convirtió en la más aplaudida por el público que llenó los palcos y las sillas del lugar.

A partir de allí, la cantante se movió más a sus anchas aún. Controlando sus agudos a la perfección, el repertorio amplió sus límites hasta lo impensado, aunque siempre con el flamenco como punto de partida. Así, "The Sounds of Silence", de Simon & Garfunkel, dio paso con total naturalidad al sincretismo rioplatense de "Siga el baile". Para el final, "Gallo rojo, gallo negro", el clásico de Chicho Sánchez Ferlosio que se convirtió en un himno contra la Dictadura Franquista, volvió a convertir el escenario en un tablao. A modo de bis, "Pequeño vals" volvió a poner de manifiesto la capacidad vocal de la nacida en Gerona. Del fraseo más melódico al recitado más susurrado, Silvia Pérez Cruz redondeó una performance impecable. "La música se mueve", había dicho en alguna parte del show. Y esa idea parece guiarla a buen puerto cada vez que encara una canción, sea propia o ajena.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

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