Sin el brillo de otras ediciones

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26 de mayo de 2003  

CANNES.- La 56ª edición del festival más importante del mundo dejó un sabor agridulce, ya que si bien sigue siendo la única muestra ineludible, tanto para la crítica como para los jugadores más poderosos del mercado cinematográfico, la calidad artística de las distintas secciones no estuvo esta vez a la altura del excelente nivel de años anteriores.

El poder de convocatoria de Cannes, de todas formas, es incuestionable, ya que ni el brote de neumonía atípica (aquí había informes diarios sobre el SARS), las constantes huelgas de transporte, la latente amenaza terrorista, el enfrentamiento político con los Estados Unidos ni la disparada de los precios en la ciudad pudieron mermar la llegada de unos 30.000 profesionales del sector.

En una charla informal con algunos periodistas, a poco de comenzado el festival, su novel director artístico, Thierry Frémaux, reconoció que este año no había conseguido películas extraordinarias y que muchas de sus primeras opciones (entre ellas, los nuevos proyectos de Quentin Tarantino, Wong Kar-wai, los hermanos Coen, Manoel de Oliveira, Emir Kusturica y Jane Campion) no llegaron a terminarse a tiempo. Pero esas explicaciones no justifican el hecho de que en la competencia se hayan presentado títulos tan mediocres como "The brown bunny", de Vincent Gallo; "The Tulse Luper suitcases", de Peter Greenaway, "Il cuore altrove", de Pupi Avati, o "Les c™telettes", de Bertrand Blier.

Las escasas sorpresas que se produjeron, tanto en la sección oficial como en Un Certain Regard, en la Quincena de Realizadores y en la Semana de la Crítica, hablan de un problema en los criterios de selección o bien son una evidencia concreta de la crisis por la que atraviesa el cine mundial. Muchos creen que la que primó es la primera alternativa y, por eso, son múltiples las versiones que especulan con un posible desplazamiento de Frémaux por parte del consejo que preside Gilles Jacob, el histórico mandamás del festival. En defensa de los organizadores hay que indicar que llegaron hasta la Croisette directores de primera línea, muchos de los cuales no trajeron películas que estuvieran a la altura de sus antecedentes. Sin embargo, la vigencia de Clint Eastwood, la audacia de Lars von Trier, la provocación de Gus van Sant, el lirismo de Nuri Bilge Ceylan, la sensibilidad de Naomi Kawase, la ironía de Denys Arcand y la solvencia de los locales Claude Miller y François Ozon entregaron ráfagas de buen cine a la competencia oficial.

En las otras muestras se destacó nuevamente el cine de los países asiáticos: el japonés Takashi Miike aportó ingenio, locura y violencia con su retrato de un joven mafioso en "Gozu"; Chen-Sheng Lin retrató la soledad y la angustia de Taiwan en "Robinson´s Crusoe"; Jafar Panahi evidenció la evolución de la producción iraní con la muy valiente "Sangre y oro"; "Osama", el primer film afgano postalibán, resultó una grata sorpresa, mientras que los chinos Xiaoshuai Wang y Lik Wai Yu siguieron con la línea contestataria de los directores de la Sexta Generación, que trabajan al margen de las censoras estructuras oficiales de ese país.

Entre la multitudinaria representación francesa se destacó el esperado debut de Alain Guiraudie, con la arriesgada "Pas de repos pour les braves", y del nuevo cine europeo gustaron también la comedia noruega "Kitchen stories", de Bent Hamer, y la miniserie italiana de seis horas "La meglio giovent", de Marco Tulio Giordana, que registra 30 años en la vida de una familia.

Los documentalistas

También pasaron por la Costa Azul con sus nuevos y muy interesantes trabajos el documentalista Errol Morris, Nanni Moretti, Michael Haneke, Oliver Stone y Wim Wenders, mientras que los momentos más emotivos fueron la ovación al director de Sri Lanka Lester James Peries y la exhibición del film póstumo del portugués Jo‹o César Monteiro. La nostalgia también llegó de la mano de los homenajes a Federico Fellini, Charles Chaplin, Claude Sautet, Maurice Pialat y Jeanne Moreau -que recibió un premio a la trayectoria-, que no consistieron sólo en actos o en la proyección de sus películas, sino que incluyeron también nuevos documentales o rarezas rescatadas de los archivos más insólitos.

Hollywood, por su parte, sumó al talento de Eastwood la promoción de tanques como "Matrix: recargado", "Ghosts of the abyss", el documental tridimensional de James Cameron, y la esperada superproducción "Terminator 3: la rebelión de las máquinas".

Cine argentino

Si bien se retiró con premios menores, el cine argentino tuvo un papel más que digno en el festival. Pablo Reyero ("La Cruz del Sur") ganó el galardón al mejor director joven otorgado por el Instituto Internacional de Cine de Países Latinos, mientras que representó al país en Un Certain Regard junto con "Hoy y mañana", de Alejandro Chomski. También participaron en el festival con buena repercusión "Extraño", de Santiago Loza; "Bonanza", de Ulises Rosell; el corto "TV City", que ganó el tercer premio en la sección Cinéfondation; mientras que el porteño -radicado en Francia- Juan Solanas ganó el premio del jurado en la competencia oficial de cortometrajes con "El hombre sin cabeza".

En el inmenso y exigente Mercado de Cannes, "La niña santa", el proyecto que Lucrecia Martel comenzará a filmar en pocas semanas, fue uno de los más requeridos, a tal punto que será producido por los hermanos Almodóvar en asociación con la flamante filial londinense de HBO.

Con un pequeño stand en el Mercado, el Instituto de Cine pudo satisfacer el creciente interés extranjero por las películas argentinas, mientras que varios productores nacionales llegaron hasta la Costa Azul para presentar nuevos emprendimientos: Oscar Kramer se asoció con los grupos Planeta de España y Mikado de Italia para constituir KDM Films, empresa que concretará entre dos y tres films por año en nuestro país, mientras que Pablo Trapero consiguió fondos extranjeros para su próximo film ("Familia rodante") y para otros largometrajes que producirá su compañía, Matanza, como los nuevos trabajos de Raúl Perrone ("Los pibes") y Albertina Carri ("Géminis"). Los distribuidores, por su parte, se las ingeniaron para comprar con la menor cantidad de dólares posible los derechos de varias películas que nutrirán la cartelera argentina, dentro de una oferta que -aseguraron- no resultó demasiado tentadora.

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