El humilde pedido del devoto

Pablo Kohan
(0)
26 de febrero de 2015  

Rossini. Hasta que el romanticismo se afirmó en el horizonte musical europeo, los compositores, más allá de sus propias creencias y devociones, escribían música eclesiástica porque, como músicos al servicio de la iglesia, eso era lo que de ellos se esperaba. Pero en el siglo XIX la composición de música litúrgica fue deviniendo en tarea cada vez más ocasional. No obstante, hubo compositores que, por propia decisión y sin tener ninguna relación de dependencia con la Iglesia como institución, necesitaban expresar sus más íntimos sentimientos religiosos en la escritura de obras sagradas. En esos casos, frecuentemente, al comienzo o al final de la partitura, agregaban expresiones como "A la gloria de Dios". Hubo quien, incluso, dejó por escrito las célebres seis vocales euouae, la síntesis del seculorum amen, el "por los siglos de los siglos, amén" con que concluye la doxología menor. No fue ése el caso de Gioachino Rossini. En 1863, a los 71, el gran compositor italiano, que hacía varias décadas residía en París, tomó la decisión y compuso su extensa, refinada y bellísima Misa solemne, para solistas, coro de cámara, dos pianos y un armonio. Rossini consideró que esta obra era el último de sus "pecados de vejez" y, como prefacio, añadió un texto que estaba en las antípodas de cualquier exaltación. Con humildad, lejos de cualquier autoglorificación, Rossini se dirigió a Dios de un modo muy personal: "Buen Dios, contempla ésta, mi pobre y pequeña misa". Se pregunta, luego, si lo que ha hecho será música sagrada o sacrílega y concluye con una confesión y una súplica: "Tú lo sabes bien, yo nací para la ópera cómica. Poca ciencia y un poco de corazón, eso es todo. Por lo tanto, bendito Tú seas y concédeme el Paraíso".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.