Sinéad O’Connor cambia de piel

Antres de presentarse por primera vez en Buenos Aires, la cantante habla sobre el Papa, Miley Cyrus y por qué dejó de cantar “Nothing Compares 2 U”
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12 de junio de 2015  • 09:45

Sinead O’Connor lleva mas de dos décadas tratando de enterrar a la chica que, en 1990, detonó una revolución sensible vía MTV con "Nothing Compares 2 U". Sin embargo, en el último año tomó un par de medidas concretas para finiquitar el trámite. El video de "Take Me to Church", el primer corte de su último disco (I’m Not Bossy, I’m the Boss, 2014), empieza con una superposición de planos de aquella Sinéad –una rapadita hermosa que lloraba en cámara el tema de Prince– y la actual, una mujer curtida que relanza su carrera después de una crisis mental que se hizo pública en 2012, cuando salió a pedir ayuda por Twitter. "¿Para qué he cantado canciones de amor?", dice la letra. "Ya no quiero ser esa chica." En marzo, la irlandesa actualizó su estado en Facebook avisando que no volverá a cantar "Nothing Compares 2 U". "Finalmente me quedé sin nada que pueda usar para dotarla de cierta emoción", escribió antes de cerrar sus redes sociales.

I’m Not Bossy... es un disco de guitarras con el que Sinéad, a punto de ser abuela a los 48 años (tiene cuatro hijos, todos de padres diferentes), sale a competir en el mercado de voces femeninas. Como si le recordara al mundo que ella también es una diva pop. Su influencia, de hecho, puede rastrearse tanto en la Britney tormentosa de 2007 (rapada) como en el clip "Wrecking Ball" de Miley Cyrus, que reconoció la influencia. (El episodio terminaría mal: Sinéad le recomendó no dejarse prostituir por la industria y Miley la trató indirectamente de psicótica.)

Tomando distancia de la música devocional con la que experimentó en el pasado (góspel, reggae), O’Connor se presenta en la tapa de Bossy enfundada en un catsuit de vinilo y un corte de pelo estilo Natalie Portman. El chiste se completa en el video de "Take Me to Church", en el que se planta como una paquita hot para después sacarse la peluca y dejar al descubierto su icónica pelada, símbolo de las tensiones que atraviesan su obra: religiosidad y sexo, arte y negocio, vulnerabilidad y fortaleza. "Todo el mundo es fuerte y vulnerable al mismo tiempo", dice Sinéad desde Dublín, poco antes de viajar por primera vez a Argentina (el viernes 12 se presenta en el Gran Rex). "Este álbum representa esa diversidad de personalidades que una mujer puede asumir en el amor y en el sexo. Quería hacer un disco pop, un disco femenino. De todas formas no me considero una artista de álbumes, ni una artista radial: soy una artista de conciertos."

Así y todo, parece un disco bastante diseñado: empieza con "How About I Be Me", un R&B bien actual, y termina con "Streetcars", en un tono casi operístico. ¿Fue una búsqueda?

Sí, eso sí, la secuencia de los discos es una de mis obsesiones. Me crié en los 70, en la época en la que los discos contaban una historia, del principio hasta el final.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?

Mi mamá tenía una colección de discos importante. Había de todo: ópera, country, Johnny Cash, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong. Mi padre era de la música clásica, le gustaban las grabaciones con cello. Y después estaba mi hermano mayor, que me hizo conocer a los Beatles, Bob Dylan, Elvis… El primer disco de Dylan que escuché fue cuando tenía 11 años, Street-Legal. Y después llegué a Slow Train Coming (1978), que me cambió la vida.

Y entonces empezaste a cantar covers de Dylan en los bares.

Sí, en todas partes. En la escuela, en la calle a la gorra, en los pubs. Uno de mis sueños es grabar todas las canciones cristianas de Dylan.

¿Y cómo llegó Bob Marley a tu vida?

Lo conocí cuando era adolescente, pero estaba tan obsesionada con Dylan que no le di demasiada importancia. Viste cómo son los adolescentes cuando se fanatizan con algo: para mí, lo único que existía en el mundo era Dylan. Cuando llegué a Londres, escuchaba una radio rasta que pasaba artistas que hablaban contra el Papa, que decían que había que terminar con la Iglesia, lo cual para una chica de 19 años criada bajo el paradigma medieval del catolicismo irlandés, era algo asombroso. Y ahí me enamoré de la música rasta. Adoro a Bob Marley, pero no era mi favorito.

¿Por qué creés que ya no te emociona "Nothing Compares 2 U"?

Ser cantante es algo muy similar a ser actor. Si representás el mismo papel o la misma escena durante 25 años, va a llegar el día en el que no logres dotarla de ninguna emoción. Soy incapaz de interpretar bien una canción con la que perdí toda conexión emocional. Y eso es bueno, porque lo primero que me enseñaron cuando empecé a estudiar canto fue: "Cantá algo que puedas sentir".

En general los artistas se resignan a aburrirse un rato en escena para complacer al público, que nunca se aburre de los hits.

Yo prefiero ser honesta, y cantarla sería una mentira. De cualquier forma, vengo girando durante casi un año sin cantarla, y nadie se quejó. A mis fans por suerte les gustan la mayoría de mis canciones, nadie paga un ticket para ir a escuchar un solo tema. Así que entiendo tu punto: complacer al cliente. Por eso es justo aclarar que no la voy a cantar. Si el cliente cree que no será provisto del servicio que busca, puede no ir al show. Nunca tomo las decisiones pensando en el dinero.

Antes de grabar su último disco, O’Connor atravesó una crisis que terminó con una intervención psiquiátrica y un tiempo de reclusión. En ese 2012, la artista empezó a escuchar blues, un género al que nunca le había prestado suficiente atención. Particularmente el blues de Chicago. "Me entró por los ojos", dice Sinéad. "Ver videos de Howlin’ Wolf me hizo entender para qué se había inventado el blues. Yo estaba pasando por un momento de mierda, y el blues de Chicago me ayudó a salir adelante. Son bluseros que te hacen bailar aun cuando cantan cosas terribles." Completa la reflexión con una frase llamativa para alguien que se hizo famosa lagrimeando en cámara: "No me gusta la música triste. Nunca me gustó. Siempre preferí la música que me hiciera seguir adelante".

En 1992, Sinéad protagonizó uno de los episodios más recordados de la televisión, al romper una foto del Papa Juan Pablo II en Saturday Night Live en repudio a los abusos infantiles de la Iglesia. Menos de dos semanas después, fue invitada a participar de un festival en homenaje a Bob Dylan en el Madison Square Garden. Después de que Kris Kristofferson la presentara como un ejemplo de "coraje e integridad", una buena parte del público la recibió con abucheos. La jovencita Sinéad se quedó mirando el suelo, esperando que bajara la hostilidad para interpretar su versión de "I Believe in You", clásico evangélico del Dylan 79. Como el abucheo aumentaba, O’Connor frenó a la banda con un gesto y gritó una versión a capela de "War" de Bob Marley. "Me acuerdo del ruido", dice Sinéad ahora. "No sabía qué hacer, porque la canción que habíamos ensayado era en un tono muy bajo, casi susurrada. Yo había abrazado la fe rasta, y tuve una especie de conversación con Dios, en la que me dijo que no tenía que huir del problema, sino enfrentarlo. Opté por cantar esa canción de Marley al límite de mi voz. Mi padre, que estaba entre el público, se enojó mucho conmigo."

¿Por qué? ¿Qué pretendía que hicieras?

Probablemente quería que fuera una buena chica, pero eso nunca iba a pasar.

¿Qué opinión tenés del Papa Francisco?

Admiro su sentido del humor. Acá en la pared tengo una foto de Juan Pablo I [Papa durante 33 días de 1978], del que soy fan, particularmente por su sonrisa. Y con Francisco me pasa algo parecido: me gusta que sonría, que no tenga cara de infeliz. Nunca creí que un papa podría hacerme reír. No sé, es un buen personaje; me causa gracia cuando dice cosas como que le pegaría una piña a alguien que insultara a su madre.

¿Pudiste hablar con Miley Cyrus después del altercado que tuvieron?

No tengo ganas, y no le veo el sentido, a menos que quiera disculparse. No respeto a nadie que se burle de una enfermedad física, mental o emocional. Genera mucho daño.

Criticaste el contenido del video de "Wrecking Ball". ¿Te molesta el acercamiento del pop a cierta estética porno?

En Estados Unidos, cualquier chica que aspire a ser cantante se ve forzada a mostrar el cuerpo. Es raro, y creo que es peligroso. Por supuesto, no es una crítica a los artistas, sino al negocio. Se está sexualizando a chicos que no están en edad de decidir nada. Se los expone a escenas que muchas veces ni siquiera entienden. Los niños y los adolescentes son los que compran más música, y también son los que dominan los charts. Pareciera que la música pop actual es sobre sexo o no existe. Está bien, obviamente que el sexo es un tópico fundamental de la música, de lo contrario no existiría el rock & roll: el problema es que ahora no se habla de nada más. ¿Nadie tiene otra cosa para decir? Creo que hay toda una generación de chicos que está siendo virtualmente silenciada por la industria del pop.

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