Tideland: sirenas violentas y narcos rivales

Hernán Ferreirós
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29 de diciembre de 2018  

Tideland. Creadores: Stephen M. Irwin, Nathan Mayfield, Leigh Mcgrath y Tracey Robertson. Con Charlotte Best, Elsa Pataky, Marco Pigosi, Aaron Jakubenko. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regularTiidelands comienza con una cita del poeta norteamericano Henry Longfellow sobre la añoranza del mar, mientras muestra olas que se mecen en una noche azul y plateada. No hay mucho en ese comienzo tan evocador que anticipe el relato de sirenas violentas, traficantes de heroína y mutiladoras de narcos rivales que vendrá inmediatamente después.

En honor a la verdad, no son exactamente sirenas, sino híbridos (hijas de sirenas y humanos) y la mutilación se limita a un irrefrenable hábito de arrancar los globos oculares de sus víctimas. Los humanos también tienen algunas conductas compulsivas, como la necesidad recurrente de sacarse la remera para exhibir abdominales perfectamente delineados. Ya queda claro que esta serie australiana tiene poco que ver con la poesía marinera o la mitología como metáfora de, digamos, el misterio de la femineidad o el empoderamiento de las mujeres, y que estamos ante un purísimo relato de exploitation donde puede que haya alguna metáfora, pero está enterrada bajo capas geológicas de vínculos telenovelescos, violencia gratuita y desnudos no cuidados. Este es el lado positivo. El negativo es que la serie pronto entra en una lucha denodada contra las cadenas causales y la lógica en general. Como suele pasar cuando se trata con desdén a los espectadores, los personajes hacen las cosas que le convienen al guionista y no las que deberían hacer.

Cal (Charlotte Best), la protagonista, por ejemplo, cree que vive en un mundo normal y que ella es, desde luego, humana (no parece haber alternativa), hasta que un intento de homicidio por ahogamiento la lleva a descubrir que puede respirar bajo el agua. ¿Qué hace Cal con el descubrimiento de esta capacidad imposible, mágica, que cambia el mundo? Nada, porque durante los próximos episodios le interesa mucho más saber quién quiso matarla. Insólitamente, se diría que estos anfibios –que, además, tienen una suerte de control telekinético sobre los líquidos– padecen una seria aversión al mar, dado que solo se sumergen para esconder cargamentos de droga. Adrielle (la española Elsa Pataky), la reina de dichos mutantes, intenta invocar a las sirenas de pura raza. Cal queda involuntariamente en medio de ese plan cuando empieza a descubrir su verdadera identidad. Esta serie trash quiere hacer con las sirenas lo que la no menos trash y bastante más lograda True Blood hizo con los vampiros, pero le falta densidad para tomarla en serio o mayor desenfreno para tomarla con ironía.

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