Sonidos de la Madre Tierra

De Australia a Buenos Aires, Mark Atkins y el didgeridoo
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23 de abril de 2004  

Mark Atkins apoyó el extremo de la vara en un banquito y empezó a soplar como si tuviera entre manos una cerbatana gigante. Lo que salía era similar al sonido amplificado de una afeitadora eléctrica, con el agregado de trenes, sirenas y quejosos animales dentro. Un hombre orquesta, y bastante ruidoso. Entonces, muchos espectadores del Centro Cultural San Martín se dirigieron hacia la Sala C, atraídos como ratones por el flautista de Hamelin. Y en el centro, se erguía poderoso el didgeridoo, otro exótico producto de la isla que trajo canguros, boomerangs y osos koala al mundo.

"El didgeridoo es un instrumento antiquísimo, proveniente de la civilización más antigua de la Tierra", asegura Atkins, uno de sus intérpretes más prestigiosos, que hizo un breve paso por nuestro país invitado por la embajada de Australia. "De hecho, hay pinturas rupestres que muestran a hombres tocando el didgeridoo sobre rocas halladas al norte de Australia y en el estado de Queensland."

Los didgeridoo (término onomatopéyico acuñado por los colonizadores europeos) están hechos con ramas de eucalipto cuyo interior fue horadado por termitas, su longitud promedio puede variar entre uno y dos metros, y se decoran con pinturas tradicionales de la mitología aborigen.

"En Europa me llaman el Jimi Hendrix del didgeridoo. Y las revistas dicen que soy para el instrumento lo que el átomo a la bomba", cuenta, algo incómodo, Atkins, un bonachón australiano de origen mestizo, descendiente de la tribu yamijti, del oeste de ese país. Compone sus partituras, escribe para otros instrumentos y fabrica sus didgeridoo. Aunque, según la tradición, el didgeridoo debe ser fabricado por mujeres e interpretado sólo por hombres.

"Hoy, claro, los instrumentos se fabrican para el consumo masivo. En Holanda y Alemania se hacen más didgeridoo que en toda Australia. Hay cerca de 60 mil intérpretes en Alemania y 36 mil en Amsterdam. También, muchos en Japón y Chile."

De tribus y rockeros

El didgeridoo está clasificado como un liviano instrumento de viento. Pero muy particular: se sopla vibrando los labios, y para producir un tono continuo se utiliza la respiración circular, que permite aspirar y soplar aire sin detenerse. Articulando vocales con la lengua pueden formarse palabras, ruidos o sonidos de animales. Y su ejecución no se basa tanto en la tonalidad, sino en el ritmo. Exige una gran entrega física, por lo que cada interpretación no suele durar más de quince minutos.

Según Atkins, el didgeridoo aún se toca en agrupaciones tribales, con el acompañamiento de personas que cantan, bailan, aplauden y golpean boomerangs como palillos. Son ceremonias transmitidas de generación en generación para contar historias ancestrales, y el didgeridoo ayuda a expresar alegría o tristeza.

"Yo aprendí a tocar con mis tíos, a la manera tradicional. Pero para hacerlo en otras zonas de Australia se exige una especie de permiso, porque cada tribu protege celosamente su música. Así que decidí crear mi propio estilo, con varias influencias."

Considerado un innovador del instrumento, Atkins grabó junto con la Orquesta Filarmónica de Londres, músicos de rock como Jimmy Page y Robert Plant (ex Led Zeppelin). Y editó dos discos con el minimalista Philip Glass, famoso por escribir fragmentos de música repetitiva, como células musicales.

"Todo el mundo coincide en destacar la maravillosa presencia y el asombroso sonido del didgeridoo, que nosotros relacionamos con la Madre Tierra. Por eso no nos sorprendió saber que, hace unos años, los científicos pusieron un dispositivo varios metros bajo tierra para escuchar su sonido. Y descubrieron que sonaba igual a un didgeridoo."

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