Sonidos que mejoran el ánimo

Pola Suárez Urtubey
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24 de diciembre de 2009  

Vivimos en constante crispación y no parece que las cosas puedan atenuarse por ahora. De ahí que para evitar que ella (me refiero a la crispación) nos liquide, sugiero una buena cura de música, realizada con cautela y moderación, porque no es aconsejable pasar sin etapas de la convulsión a la calma. Por eso, aquí va una propuesta de cinco pasos, para que cada uno pueda realizar una saludable terapia musical.

1) Ante todo, no hacer un viraje brusco, de lo contrario ella (la crispación) puede exacerbarse. Entonces, cuando usted sienta que no resiste más, no ponga una música serena. No es adecuada para curar de golpe la anomia. Empiece por algo violento, como La consagración de la primavera, de Stravinsky, cuya frenética excitación refleja la fuerza primitiva que nos acosa.

2) Después, puede venir el malambo de Estancia, de Ginastera. Tiene vigor, es una exhibición de poderío, es confrontativo, pero al menos es un familiar más querible. Nos acerca a nuestro campo y nos recuerda al gaucho. Y el gaucho es un tipo entrañable.

3) Para no caer en una calma que a ella (la crispación) le resulte sospechosa, se puede seguir con la Quinta sinfonía de Beethoven, donde, como reflejo meridiano del espíritu del autor, un verdadero torrente de fuerzas múltiples se entrechocan y nos sacuden, contagiándonos ese espíritu de lucha que ha marcado al sinfonismo. Pero al mismo tiempo, en los momentos de reposo, puede transmitir fraternidad y alegría de vivir por la bien ganada conquista de la grandeza moral.

4) Y ya nos acercamos más a nuestro objetivo. Estamos en condiciones de escuchar los hermosos preludios para piano de Debussy, como Les collines d´Anacapri , que nos habla del azul inmaculado del cielo napolitano, o Terrasse des audiences du clair de lune , para muchos el más bello de la serie.

5) Y ahora, el paraíso. Consulté a dos amigos, profesionales de la música, cuál era a su juicio la más "calmante". Uno de ellos me habló de Chopin y Debussy, aunque todo creador puede darnos obras excitantes y otras de infinita calma. El otro eligió varias, entre ellas el Aria de la Tercera suite para orquesta de Bach y el segundo movimiento del Concierto para piano Nº 23 de Mozart.

***

Y antes de terminar, una aclaración. En mi nota pasada cometí una tremenda falta al no haber recordado que La Bella Música, con un importante núcleo de colaboradores y la dirección de Jorge Gabriel Fontenla, hizo escuchar la Misa en tempore belli de Haydn. A ellos, con todo afecto, les pido disculpas.

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