"Soy el pollo de mi padre"
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COSQUIN (De un enviado especial).- A los 17 años, Luciano Pereyra sabe que en poco tiempo quemó todas las etapas para un cantante de su edad. Su padre, un obstinado fatigador de peñas y escenarios anónimos que lo hizo debutar junto a su trío alos 3 años, ve finalmente hecho realidad su sueño. Llegó al primer disco ("Amaneciendo") en tiempo récord y rápidamente pasó la barrera de las 10.000 unidades vendidas. Fue ganador del premio Consagración del último Festival de Jesús María y causó un buen impacto en su primera presentación en la plaza Próspero Molina.
"Todo pasó muy rápido, pero no quiero convertirme en un producto de la moda. Ya se ha dicho: lo importante no es llegar, sino mantenerse", dice y serena su propia ansiedad. "Yo vengo a aportar mi granito de arena a lo que generó Soledad y otros tantos chicos que quieren que cada día se escuche más esta música",afirma.
Para eso, aconsejado por Kike Teruel (de Los Nocheros), Pereyra se rodeó de personal experimentado y músicos que supieran explotar un registro interesante. Sin acotarse al campo folklórico, Pereyra acepta la influencia de la música latina en su propuesta. "Soy fanático de la música mexicana, me gustan los mariachis, la salsa, la música romántica y otros ritmos latinoamericanos, por eso hago baladas que mantienen un toque folklórico y temas de Juan Gabriel y del Paz Martínez. No busco que sólo me escuchen los jóvenes sino gente de otras edades."
Entre Yupanqui y Guarany
El chico, que juega con sus lentes negros y mira distraído al horizonte, se debate entre el padrinazgo artístico de Horacio Guarany, quién lo descubrió en una peña coscoína, y su admiración por Atahualpa Yupanqui, de quien repite una frase que adoptó: "El amigo soy yo en el pueblo de otro". Con esa frase en su inconsciente fue peregrinando por escenarios, aprendiendo de cada región por donde pasaba "si uno quiere aprender cómo se canta la chacarera tiene que escuchar a un santiagueño; para las zambas, a un salteño. A mí me gusta preguntar mucho, soy muy inquieto. Es la única manera de saber un poco más todos los días".
Así mantuvo esa filosofía hasta que la oportunidad tocó a su puerta. "Estoy enormemente agradecido. Yo sé lo que es venir a Cosquín, dar vueltas por las peñas, pasar frío y hambre con tal de esperar el turno para tocar. Fue todo muy sacrificado y nadie me regaló nada. Por suerte, ahora, esa ilusión que tenía se cumplió y por eso valoro mucho todo lo que me está pasando. Mi papá fue muchas veces a Jesús María y nunca pudo tocar ni grabar con su trío, y yo sí. Las cosas que estoy haciendo, de alguna manera, también se le están cumpliendo a él. Los dos amamos esta música, aunque mi hermano, en cambio, prefirió estudiar y estoy muy orgulloso de él Pero en cuanto a la música, para mi papá soy su pollo."





