Tan vulgar como poco eficaz

Diego Batlle
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29 de agosto de 2014  

Nuestro video prohibido (Sex Tape, EE. UU./2014) / Dirección: Jake Kasdan / Guión: Kate Angelo, Jason Segel y Nicholas Stoller / Fotografía: Tim Suhrstedt / Música: Michael Andrews / Edición: Tara Timpone y Steve Edwards / Diseño de producción: Jefferson Sage / Elenco: Cameron Diaz, Jason Segel, Rob Corddry, Ellie Kemper, Rob Lowe y Jack Black / Distribuidora: UIP / Duración: 94 minutos / Calificación: Apta para mayores de 16 años

Nuestra opinión: regular

Jay (Jason Segel) y Annie (Cameron Diaz) son dos treintañeros exitosos: él trabaja en una radio musical y ella tiene un popular blog que está a punto de ser adquirido por una corporación. Ambos se aman desde la universidad, pero entre las exigencias laborales y las complicaciones propias de criar a dos hijos pequeños, su otrora activa vida sexual se ha extinguido casi por completo.

Angustiados por la situación, apelan a distintos trucos y juegos eróticos para recuperar la pasión y, casi sin proponérselo, terminan haciendo un video casero ¡de tres horas!, con diversas acrobacias sexuales. Lo concreto es que esa grabación terminará en las manos equivocadas y, así, el matrimonio deberá iniciar una carrera contra el tiempo para impedir que las imágenes explícitas (algunas de las cuales se irán mostrando al espectador) se suban a un sitio porno en Internet.

Lo que en principio aparece como una propuesta provocadora es, en realidad, de una falsa audacia. Pero lo peor de este film de Jake Kasdan no es que resulte absolutamente concesiva y tranquilizadora, sino que tampoco funcione en los terrenos más básicos de la comedia. La película es siempre obvia, torpe y banal, con una alarmante falta de timing para el humor y con recursos (ella, acelerada bajo los efectos de la cocaína; él, luchando contra un perro guardián) vistos demasiadas veces.

El director de Efecto Zero, Mala racha, Camino duro: La historia de Dewey Cox y Malas enseñanzas (otra comedia picaresca con Cameron Diaz bastante superior a ésta), sus dos protagonistas y los intérpretes secundarios hacen todos los esfuerzos a su alcance (y no son pocos) por mantener el material a flote, pero la torpeza de las situaciones, la falta de sorpresas, sus diálogos poco inspirados y su constante apelación a los lugares comunes de la comedia más rancia hacen imposible evitar el hundimiento. No hay aquí, tampoco, ninguna reflexión medianamente inspirada sobre cuestiones como la invasión a la privacidad o el consumo de pornografía en la red. El resultado, por lo tanto, es un producto tan vulgar como poco eficaz.

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