Ahijuna, un vodevil con tierra adentro: ingeniosa y divertida mirada al mundo gauchesco

Juan Carlos Fontana
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30 de noviembre de 2018  

Ahijuna, un vodevil con tierra adentro / Autor y director: Pablo Bontá / Intérpretes: Diego Freigedo y Enrique Iturralde / Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo / Iluminación: José Binetti / Sala: Patio de Actores, Lerma 568 / Funciones: lunes, a las 20.30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Pablo Bontá es docente en teatro físico y entre sus piezas se ubican La liturgia de las horas y Cyrano, un vodevil, con las que obtuvo varios reconocimientos. Ahijuna… parte de un trabajo de investigación sobre la gauchesca, vista por un hombre de ciudad, como el mismo autor se define.

El resultado es un divertimento teatral, en el que las estampas gauchescas de las pinturas del mítico Florencio Molina Campos (1891-1959), sirvieron como inspiración para acertar en una aceitada y muy eficaz "maquinaria" de gestos, desplazamientos y ritmos, que el dúo Diego Freigedo y Enrique Iturralde llevan a cabo con una pulcritud y entrega, tan admirables, como de rotundo efecto para despertar risas y comentarios diversos en los espectadores. Los que no pueden creer los imaginativos y disparatados diálogos de estos dos personajes, Mario y Fidel, padre e hijo.

Borges decía en su poema "Los gauchos", que los "hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía de metáforas rústicas" al hombre de campo. Esta frase le cabe bien a este texto de Pablo Bontá, autor y director, que dice haberse inspirado en los legendarios Martín Fierro, Juan Moreira y Don Segundo Sombra, para urdir esta trama, en la que el padre es un gaucho licenciado en letras y con un doctorado en lengua inglesa y el hijo, tiene el don de la poesía como algo que le surge natural al pasear con su caballo por la llanura pampeana. Por eso cuando el hijo visita al padre, le dice que se niega a ir a la ciudad para cursar la facultad.

En esa visita inesperada que el hijo le hace al padre, separado de su madre, se muestra dispuesto a confesarle su flamante adultez. La que le posibilitó ser el amante de una vecina casada. Pero no solo eso, también le expondrá a su progenitor un secreto familiar muy bien guardado, que no dejará muy bien parado al traductor.

Lo cierto es que entre mate y mate, la relación padre-hijo se afianza en confesiones serias, tiernas y hasta irónicas, inmersas en un clima de absurdo y disparate y mechadas con alusiones a escritores tan dispares como Stephen King, Isabel Allende o James Joyce.

La obra resulta elocuente, hasta en su síntesis escenográfica. Además de entretenida, sorprende con sus diálogos y planteos, aunque algunos hubieran necesitado un mayor desarrollo. Pablo Bontá, una vez más exhibe firmeza y creatividad para guiar a sus dos excelentes intérpretes; Diego Freigedo y Enrique Iturralde.

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