Alberto Favero y sus desafíos en "Cabaret"

(0)
22 de enero de 2002  

El 2002 encuentra a Alberto Favero repartiendo su tiempo en tres direcciones. Acaban de estrenarse dos espectáculos que lo cuentan como compositor e intérprete: "Candombe nacional", que Enrique Pinti ofrece, con dirección de Ricky Pashkus, de miércoles a domingos, en el teatro Maipo, y "Favero-Gershwin"-"Porgy and Bess", que con el cuarteto que forma con Marcelo Mayor, Pocho Lapouble y Jorge González, propone -con inusual acogida- los sábados de este mes, a las 22, en la librería Clásica y Moderna.

Pero, además, el pianista y compositor prepara todas sus armas -sus pentagramas- como director musical en la conocida comedia "Cabaret", que los cinéfilos del mundo entero disfrutaron desde 1972, de la mano de su director, Bob Fosse, y en la piel de la actriz protagonista Liza Minnelli, cuya versión teatral se repondrá seguramente en abril de este año en el teatro Opera de esta Capital.

Favero, un músico culto (se recibió como profesor superior de piano y de composición en la Facultad de Artes de La Plata), es más conocido por el gran público como el compositor de las canciones "Te quiero" y "Por qué cantamos", sobre versos del poeta uruguayo Mario Benedetti, y por una decena de espectáculos de los que fue protagonista Nacha Guevara -desde "Hay que meter la pata", de 1968, hasta "Las mil y una Nachas" y "Nacha de noche", en la década del 70, a los que él puso música y dirigió-, amén de su protagonismo en los años 80 con Gasalla y Perciavalle; y en los 90 junto a Julio Bocca y Eleonora Cassano y el año pasado con Andrea Tenuta. Todo esto incluyendo otras febriles performances en el teatro musical (como el estreno de su ópera "Eva"), sus composiciones y conciertos de música clásica y popular que abarcan la musicalización de versos de poetas de la talla de Góngora, Lope de Vega, García Lorca, Goytisolo, Neruda, Cortázar, Borges y Fernández Moreno, entre otros.

"Por primera vez me metí con el candombe para el show de Pinti. Me di cuenta de que tiene la misma vibración (el corazón de la cosa) que el jazz. Más que un music-hall se acerca a la comedia musical. Es antifonal. Y mi música trata de acercarse al ritmo de Pinti y su coro, a partir del ámbito de una vieja radio que transmite siempre la misma milonga, como una bisagra para contar esta historia, esta parábola de nuestra vida nacional. Lejos de "Salsa criolla", en "Candombe nacional" Pinti se anticipa (porque la escribió hace cuatro meses) en retratar esta espantosa situación que vivimos hoy. Creo que este show es mejor que "Pericón.com.ar". Aquí traté de estar a tono con la dinámica de Pinti que mata, porque es una vorágine. Para eso escribí candombe y murga candombera -no de corso- "a la porteña", remedando la que cantaba Castillo. También hay algo de conga, de música tropical y americana, pero siempre vuelvo a lo rioplatense, a la música negra del Sur."

-En Clásica y Moderna, en cambio, hacés música negra del Norte.

-Sí. Creo que "Porgy and Bess" es una obra cumbre del jazz. Porque configura un lenguaje americano. De ella -de su cercanía entre lo culto y lo popular- se alimentó la música de Aaron Copland y Leonard Bernstein. Gershwin es jazzístico por naturaleza porque los componentes de su música parten del ragtime y del blues de los algodonales, aunque a veces incorporara alguna melodía judía. Creo que su importancia capital es haberle inventado nuevas armonías al jazz. De allí que todo el que vino después de él -llámense Cole Porter, Art Tatum (incluso Thelonious Monk, que hizo sus propios aportes)- cuenta con las progresiones armónicas que elaboró primero. Quizá por eso las versiones grabadas de la música de Gershwin son siderales. Me atrapa esta música extraordinaria. Yo vi la versión de Trevor Nunn (el de "Cats", "Los miserables" y "Miss Saigón"). El manejo de los coros, de Gershwin, es genial.

-Esta de Clásica y Moderna es una versión de las "de concierto"...

-Claro. Sin cantante. Como la de Gil Evans con Miles Davis, que es la más lograda y conocida. Las versiones no necesitan respetar el orden porque, al margen de la anécdota, no pierde unidad. Es como una catedral. Hay buenas versiones, como la de Ray Charles, que hizo una instrumental y otra cantada. O la de Louis Armstrong con Ella Fitzgerald, donde las canciones se cantan al margen de la historia. Cada tema es para redescubrir, como el de "Bess, you is my woman now", que es una sublime balada de amor. Tiene la misma víbración y complejidad que el segundo movimiento del Concierto de Ravel. Es una Biblia, una obra cumbre, más que "Rhapsody in blue". Es más madura y sofisticada. Gershwin se perfilaba como uno de los compositores al lado de los europeos.

-Vos decís que es jazz, pero el jazz pide improvisación.

-Es que Gershwin improvisaba todo. Su rasgo creador es la espontaneidad. Permite la improvisación. Sus temas son como una fiesta: pasa igual que con Fats Waller. El fue creciendo desde "Rhapsody..." que fue algo arbitraria a "Un americano en París" que fue más elaborada, completa y fluida. Lástima que murió en plena madurez. Nosotros, con Marcelo Mayor en guitarra, Pocho Lapouble en batería y Jorge González en contrabajo, asumimos "Porgy..." con mucho respeto y amor.

Cabaret

Siempre que la economía nacional y las leyes del mercado lo permitan, está previsto que a fines de abril llegue a Buenos Aires el musical "Cabaret", con música de John Kander y textos de Fred Ebb, los mismos creadores de "Chicago", "El beso de la mujer araña" y "La mujer del año". Si permanece en cartel por ocho meses, como "Los miserables" y "Chicago", habrá alcanzado el éxito. Y si se transforma en suceso, tendría que superar el récord de "La mujer del año" que permaneció casi dos años en el Maipo.

Ya se sabe que "Cabaret" es una historia de Kit Kat (caja de gatos) en un night club del Berlín de los años treinta, con aquellos personajes de la pensión presididos por Sally Bowles. Trágica, controvertida historia que retrata el tiempo anterior a la instauración del nazismo en la República de Weimar (Alemania).

"No es un musical liviano -aclara Favero- sino que parecería recoger el estilo de Brecht-Weill. Aunque haya humor, la trama es seria. Habla de la decadencia de una sociedad.

-¿Es una nueva versión?

-Es la de Sam Mendes, director de "Belleza americana". Más teatral. La primera versión fue de Harold Prince en 1966, con Lotte Lenya. Luego llega, en 1972, con Bob Fosse y Liza Minelli. Otra remake es la de Prince en 1988, donde mezcla elementos de la película y del musical. Mendes se asoció en 1999, en Nueva York, a Bob Marshall, coreógrafo de "El beso de la mujer araña" y "Victor Victoria" y lo hacen actualmente en el Studio 54 de allá. Aquí se verá la última versión. A fines de este mes viene el director residente en Nueva York, B.T. Mac Nichols y Mendes vendrá al final para dar los toques definitivos.

-Siendo, como sos, un excelente músico de cámara, ¿cómo te sentís en estos megaespectáculos?

-Provengo de una familia ligada a la ópera. Mis padres fueron cantantes de ópera y tengo una tía abuela que fue diva en la Scala de Milán. En el teatro musical me muevo a mis anchas. Me considero más músico de teatro. En definitiva, la base musical es la misma tanto en la de cámara como en las teatrales. Te diría que incluso se pueden escenificar algunos lieder de Schubert. Ni hablar de Schumann. "Vida y amor de mujer", por ejemplo. Fíjate que también en la música de cámara hay teatralidad. Porque allí donde haya humanidad y expresión hay teatro. Y cuando la música está al servicio de la dramaturgia tiene un poderío inmenso. De todos modos la gran diferencia está entre la buena y la mala música. Nada se justifica por una buena puesta teatral. Se necesita buena música.

-¿Cómo diferenciar la ópera de las actuales comedias musicales?

-Cada vez es más difícil distinguirlas. Quizá la única diferencia es que en la comedia musical hay escenas de diálogos sin música (único momento en que el director descansa), en cambio en las óperas (salvo el singspiel) siempre hay música. Muchas que nacieron como comedias hoy se consideran -por su forma- óperas, por ejemplo "Los miserables", "El fantasma de la ópera", "Miss Saigón", "West Side Story".

Shows de Pinti, recitales con música de Gershwin y preparativos de la comedia musical "Cabaret". Estas son las tres instancias con las que convive en Buenos Aires la prolífica pluma de Alberto Favero. Un músico fuera de serie que nunca ha defraudado.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.