Apuntes de una fiesta que llega a su fin

Buena organización y recepción de público, pero faltaron los espacios para los encuentros de teatristas
Alejandro Cruz
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24 de abril de 2004  

RAFAELA.- Que la XIX edición de la Fiesta Nacional del Teatro, que concluye mañana, tenga lugar en una ciudad pequeña parece ser un acierto. La magnífica respuesta del público da para pensar que la gente realmente se apropió de este encuentro, que lo hizo suyo. Claro que para que este encuentro se haya realizado en esta ciudad hubo un factor fundamental: el económico. Rafaela es una ciudad rica. Sea por los dividendos de la soja o por las fábricas que están instaladas en la región, la bonanza económica se nota recorriendo las calles de esta localidad fundada en 1881. Quizá por ese motivo la intendencia local se asoció con el Instituto Nacional del Teatro para la organización.

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Hace unos días, en la sala Lasserre, se realizó un homenaje a Jorge Petraglia y Héctor Tealdi, dos magníficos teatristas que fallecieron hace poco. Más allá de algunas sentidas palabras, el acto fue una sucesión de lamentables equívocos y desajustes organizativos. A la ceremonia concurrió el gobernador Jorge Obeid, a quien nadie mencionó durante el extenso acto. Según los típicos chismes, hay dos posibles explicaciones para esa omisión: que haya pedido que nadie lo nombrara para no opacar el homenaje (versión muy dudosa) o que el motivo haya sido el temor a algún chiflido (versión más creíble). De todos modos, Obeid no pudo zafarse de las voces de algunos "inadaptados". Y bueno, la noche no fue muy prolija que digamos.

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La provincia de Santiago del Estero fue representada por dos trabajos (en realidad iba a ser uno, pero el otro presentó un recurso de amparo y? bueno, algo muy largo de explicar). Ante el primero quedó la esperanza de que el segundo levantara la puntería. No, nada de eso ocurrió. Otra vez, como en otras ediciones, algunos espectáculos estuvieron al borde de una estudiantina. ¿Cambiará la situación teatral en Santiago luego de la caída del clan Juárez?

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El siguiente comentario podrá sonar como muy poco federalista, pero lo cierto es que, como en años anteriores, la Capital Federal volvió a ser una carta ganadora. La responsabilidad de sostener los honores esta vez recayó en "Ars higiénica", de Ciro Zorzoli, y "Foz", de Alejandro Catalán. Los dos trabajos fueron sumamente elogiados.

Según lo presenciado por este enviado, hubo algunos trabajos dignos de destacarse. Por ejemplo, el grupo Hijos de Roche, de Rosario, presentó "Hasta la exageración", de Romina Mazzadi Arró. El montaje es toda una vuelta de tuerca al tema opresor y oprimido con un tono paródico muy contundente y con dos actrices que sostienen constantemente la amoralidad de sus personajes. "Gurka, un frío como el agua seca", de Vicente Zito Lema, por los correntinos del grupo Raíces, aportó un criterio de puesta elaborado (algo quizá básico pero que no suele estar presente en los trabajos que se están ofreciendo aquí). De San Juan, el actor Ariel Sampaolesi presentó "Feroz". Ariel es un magnífico actor que todo el tiempo propone imágenes y, por ejemplo, puede hacer con un mínimo elemento lo que quiera. Como intérprete es de una calidad que escasea en este encuentro.

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Paradójicamente, a la Fiesta Nacional del Teatro le faltan fiestas. O sea, lugares de encuentros, sitios informales para las charlas espontáneas. Todo hubiera indicado que el lugar era el Centro Cultural La Máscara, pero nadie lo aprovechó. Remarcar la falta de fiestas no es estar pendiente de una banalidad. Los lugares informales son de vital importancia en la creación artística. Si un festival es un punto de encuentro, eso debería estar potenciado por la organización.

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La impresionante reacción del público, que hizo que se agregaran funciones y que algunos grupos estén haciendo más representaciones de las previstas, se ve todo el tiempo acompañada por los medios locales. Hasta aparecen comentarios críticos el día después del estreno, igualito que en Broadway. Otros colegas también están trabajando a destajo, se trata de los periodistas de Critea (la asociación de críticos) que todas las mañanas hacen complejas devoluciones a los elencos que presentaron sus trabajos el día anterior. A veces, hay que confesarlo, el trabajo es muuuuuy duro.

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A la muestra oficial hay una muestra paralela con propuestas rafaelinas. Anteayer, por ejemplo, se presentó "Ya entendí", un interesantísimo espectáculo dirigido por Diego Ferrero (también su autor). Si bien la obra tiene algunos problemas de dramaturgia, cuenta con excelentes actuaciones (Marisa Gutiérrez está adorable) y la pieza tiene una manera de narrar. Por otra parte, Marcelo Allasino presentó "Lo mismo que el café". El espectáculo es una especie de megacafé concert, en el cual los actores van recorriendo las mesas y desparramando las claves de una historia que se va armando poco a poco en medio de un montaje impecable en sus aspectos formales.

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Todo concluye al fin y mañana será el turno del telón de fondo de la XIX edición de este encuentro que todos los años organiza el Instituto Nacional del Teatro. Para el cierre se anunció la presencia de Luis Rubio, quien vendrá con el personaje de Eber Ludueña. El rumbo de la ciudad recuperará su ritmo, aunque siempre se ocupó de preservar su siesta.

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