Bellos títeres que evocan los fastos de la China imperial

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22 de junio de 2002  

"El ruiseñor", del cuento "El emperador y el ruiseñor", de Hans Christian Andersen. Versión para títeres de Eva Halac. Intérpretes: Eva Halac, Valeria Kleinbort y Claudio Rodrigo. Canto y guitarra: Griselda Oviedo. Diseño y realización de cabezas: Esteban Derito. Iluminación: Leandro Pérez. Vestuario de los muñecos: La Compañía. Vestuario de H.C. Andersen: Ana María Valiente. Dirección general: Eva Halac. Teatro del Nudo, Corrientes 1551, Sábados y domingos, a las 17.

Nuestra opinión: Muy bueno

En un retablo de amplias dimensiones se ha logrado recrear este cuento, en hermosas escenografías e interpretado por unos muñecos que logran con su encanto trasladar a los espectadores a un reino lejano de fantasía. Se trata del conocido relato de un emperador que, como todos los poderosos, vive aislado en su palacio, sin conocer siquiera los límites de su jardín. Cuando se entera de que hay un ruiseñor que canta maravillosamente quiere conocerlo, y cuando lo conoce, acapararlo encerrándolo en una jaula.

Pero el ruiseñor logra huir, por lo que, ante la aflicción del monarca, sus allegados intentan reemplazarlo por un artefacto mecánico que termina rompiéndose. Después de algunas complicaciones habrá finalmente un reencuentro entre el emperador y la pequeña ave: llegarán a un acuerdo que hará del monarca un gobernante más sabio y más comprensivo.

Como suele ocurrir en las leyendas y en la vida, hay un intermediario, el mayordomo imperial, que es el principal responsable de las injusticias en el reino con sus ambiciosas maquinaciones, intrigas y engaños. Afortunadamente, como suele ocurrir en las leyendas, aunque no siempre en la vida, resulta desenmascarado y castigado.

La versión de Eva Halac busca resumir en la acción de los títeres una historia muy extensa, con detalles enmarañados. Para ello se vale de un narrador, que en este caso es un actor que representa al escritor, Hans Christian Andersen. Tal vez debió utilizar más este recurso para que las complicaciones del relato pudieran ser mejor entendidas por los chicos.

De todos modos, a ellos no les cuesta identificar a los malos y a los buenos, y lo expresan espontáneamente. Pero hay momentos en los cuales la trama se hace confusa y las motivaciones detrás de las acciones no están claras.

Canto sublime

Y tal vez la falla clave como efecto sea la forma en que se ha buscado representar el canto maravilloso y cautivante del famoso ruiseñor. El suave tarareo de Griselda Oviedo no tiene presencia ni impresiona como se necesita para entender el importante protagonismo de una avecilla que ni siquiera puede lucirse con su aspecto. Porque precisamente la idea del relato es que ese pajarito tan chiquito y con un plumaje tan sencillo tenga un canto tan sublime como para despertar tantas emociones. Ese canto falta, como también alguna acción en torno del ruiseñor que subraye el influjo de ese canto.

En todo lo demás la obra se destaca por la escenografía y títeres bellos -evocadores de una China imperial lejana y fabulosa- de gran impacto visual y la manipulación ajustada, en la que no faltan los momentos de humor, desde los traviesos movimientos de los muñecos. En resumen, una experiencia muy placentera para compartir entre grandes y chicos.

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