Caricaturas para mostrar los duros tiempos de hoy

Federico Irazábal
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3 de junio de 2017  

Fuente: LA NACION

Invencible / Autor: Torben Betts / Elenco: Héctor Díaz, Valeria Lois, Carlos Portaluppi y Guillermina Valdés / Escenografía: Alberto Negrín / Iluminación: Eli Sirlin / Vestuario: Valeria Cook / Dibujos: Pablo Fernández / Dirección y adaptación: Daniel Veronese / Sala: Multiteatro / Nuestra opinión: buena

Torben Betts, el autor de este texto que el propio Veronese ya dirigió con muchísimo éxito en España, cuenta lo que motivó la escritura de esta obra: la crisis de las hipotecas, el salvataje a los bancos, la invasión a Irak y todo ese frenético desbarajuste vivido en el mundo en las últimas décadas; desbarajuste del que él y su familia fueron víctimas directas. Pese a ese relato la pieza no es autobiográfica, sino -podría decirse- "inspirada en sucesos de la realidad". Ahora bien, fuera de que la realidad permita producir esas ideas, la obra las aborda y las plasma dramáticamente de una manera absolutamente ingenua y maniquea. No hay densidad en los conflictos que se plantean en lo estrictamente dramatúrgico, y no porque los conflictos no lo sean o los personajes no estén en condiciones de lograr esa profundidad retórica. El problema es la obra en sí. El modo caricaturesco en el que construye a la "bomba sexy", al "gordito bueno con violencia y frustración acumulada", a la intelectual marxista cargada de contradicciones y al hombre "medio pelo" que vive como puede y le sale. Esas caricaturas se ven absolutamente imposibilitadas de llegar a las oscuridades mundanas a las que la obra alude. Y no por dificultades interpretativas, sino más bien y claramente por dificultades en la escritura. Dentro de una estructura muy variada en sus búsquedas y alcances, probablemente los mejores momentos están cuando la obra ingresa en el disparate más que cuando pretende declamar una opinión sobre el mundo. En ese sentido se vuelve ambiciosa y fracasa en ese intento. Sin embargo no fracasa cuando se vuelve llanamente una comedia, que es toda la escena troncal en la que el gato "Invencible" se vuelve protagonista dramático y la ambigüedad propia del lenguaje la llave procedimental con la que opera Betts. Allí sí se ve su talento y capacidad.

Desde la dirección puede verse una gran prolijidad al tiempo que una invisibilización de la tarea. En otras obras de Veronese de este circuito comercial podían observarse ciertos elementos provenientes de su pasado artístico independiente. En este prácticamente nada. Probablemente porque el texto, a diferencia de otros, no se lo permite. Por ello hubiera sido esperable un trabajo más acorde en la dirección de los actores para ponerlos a todos en una misma y única línea. Sin embargo, lo que se percibe es que cada uno está en su propia cuerda, que de por sí es perfecta, pero que cuesta en algunos puntos ensamblar.

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