Cruces y debates por el futuro del teatro

Creadores, teatristas y académicos iberoamericanos mostraron su producción y analizaron los nuevos desafíos
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7 de diciembre de 2009  

PALMAS DE GRAN CANARIA.- En las islas Canarias, la palabra "cruce" parece pertenecer a una tradición que siempre merece celebración. Desde allí salió Cristóbal Colón rumbo a la conquista de las Indias, y ese dato no es menor; ni siquiera en estos días. En la casa en que vivió se realizaron, entre el 1° y el 5 de diciembre, las sesiones del Foro Cruce de Escenas - Iberoamérica ante el teatro del siglo XXI. La organización corrió por cuenta de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, juntamente con la universidad local, y destacados creadores del teatro español y latinoamericano reflexionaron acerca de la dramaturgia, la producción, la actuación y la dirección que se corresponden con los tiempos que corren.

Entre los invitados participaron los argentinos Roberto Perinelli, Eduardo Rovner y Fernando Rubio. De otros países, Marco Antonio de la Parra (Chile), Jaime Chavaud (México), Patricia Ariza (Colombia), Miguel Rubio (Perú), Juan Villegas (Chile/Estados Unidos), Luis Masci (Uruguay), Gustavo Ott (Venezuela). Y por España, Guillermo Heras, César Oliva, Josep Maria Benet i Jornet, Javier Yague y Jerónimo López Mozo, entre otros.

En los debates, las voces de las nuevas generaciones se cruzaron con las de los mayores, y fue imposible soslayar cuestiones inherentes a las tradiciones que marcaron los caminos de la creación en ambos continentes y algunos hechos sobresalientes que, como fuertes marcas históricas y estéticas, quebraron y/o redefinieron ciertas formas de lo teatral: los tiempos de las dictaduras, el neoliberalismo, la posmodernidad, la aparición de las nuevas tecnologías, la consolidación de un mundo de gestores teatrales que promueven un mercado para el teatro, donde sólo algunas tendencias tienen lugar.

Frente a esto, la novísima generación de teatristas también estuvo presente en las discusiones, y hasta su actitud frente al hecho teatral logró definirse con cualidades muy determinantes: es la que no acepta modelos porque no cree en el sistema anterior. Cada uno parece estar inventando sus cosas para escapar de los modelos pasados. Así fue asomando un mundo por considerar, un teatro que se expresa de forma digital, a través de la Red. Y esto también trajo aparejada la consideración sobre nuevas comunidades que, a través de lo teatral, están expresando sus cuestiones: los gays, las mujeres, los indígenas.

Representación

Por las noches, los asistentes participaron de una muestra de espectáculos en la que estuvieron representados la creación colectiva del grupo Matacandelas, de Colombia, con el trabajo Fernando González: velada metafísica, y el teatro de la posdictadura latinoamericana a través del texto de Arístides Vargas, Flores arrancadas a la niebla , interpretado por la compañía Albanta, de Cádiz. Dos creaciones canarias fueron muy críticas con su sociedad: Canarias, del grupo Delirium Teatro, y el unipersonal From Canarias con amor, de Mónica Lleó. El argentino Fernando Rubio presentó Hablar. La memoria del mundo , una instalación basada en la fotografía, que, a su manera, construye una dramaturgia. Y otro argentino, pero residente en Europa, Rodrigo García, ofreció una función de su última producción: Muerte y reencarnación en un cow-boy . Sumamente interesante, esta última representación, porque se ofreció en el teatro Cuyás. Según el historiador local José Orive, en esa misma sala, en 1927, se presentó la Compañía Teatro Cervantes porteña, encabezada por el actor Enrique de Rosas, que iba rumbo a Italia, pero se quedó un tiempo en las Canarias debido al éxito que alcanzaron.

No fue eso lo que consiguió aquí Rodrigo García, aunque su discurso virulento, sus potentes imágenes, sus actores desnudos, sus procacidades varias en escena y un discurso que remitió a la devastada existencia del ser contemporáneo mostraron, una vez más, a un creador con su marca: la provocación, el cruce de lenguajes y un discurso dramático desolador y muy desesperanzado.

Sólo algunas conclusiones del encuentro que merecen destacarse: el teatro es un discurso cultural, por lo cual habrá que revisar cuáles son las transformaciones de la cultura del siglo XXI que ha promovido cambios en los textos dramáticos y en los mecanismos de la producción teatral; las nuevas tecnologías quitan tiempo, pero no quitan teatro; en el auge de las tecnologías está la limpieza del teatro; se hace necesario seguir acompañando el trabajo del actor: si no tenemos al actor, tenemos muy poco; el actor debe ser una especie de página en blanco donde pueda depositarse lo que viene para que, en algún momento, aparezca la vida; los modelos de hoy serían aquellos que pueden deconstruirse.

Hubo también algunos reclamos: que los políticos de la cultura dejen la retórica para pasar a la acción y no cargar con trabas administrativas la circulación de las compañías; que al teatro contemporáneo le falta ser peligroso y que, dado que para algunos dramaturgos los temas ya se acabaron, habría que buscar nuevas formas.

Hay algo atractivo en lo que también se coincidió. Durante estos días, se asistió a una boda, un bautismo y un funeral. El casamiento del teatro con un nuevo tiempo, el nacimiento de nuevas teatralidades y la muerte de una escena que, sin duda, se va renovando.

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