Del Parakultural a una obra de Joe Orton

En Atendiendo al señor Sloane hacen de dos hermanos, justamente el vínculo que dicen sostener desde sus años del under
Alejandro Cruz
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28 de junio de 2007  

Refugiados del frío en un bar del Abasto, Verónica Llinás y Alejandro Urdapilleta hablan, se mueven y se comportan como dos tipos felices porque, por fin, por primera vez trabajarán juntos en un escenario. "Verónica es la mejor actriz", dice "Urda", uno de los más grandes y hermosos actores argentinos.

Verónica: -Si ahora digo que él es el mejor actor, quedo como el "orto".

-Tal cual.

El esperado debut será hoy con Atendiendo al señor Sloane , la obra del genial Joe Orton que protagonizan junto con Matías de Padova y Osvaldo Bonet, con la dirección de Claudio Tolcachir, el mismo de La omisión de la familia Coleman . A fines de los sesenta, Alberto Ure montó la primera puesta local de este texto.

"Si leés Sloane medio de pasada te puede parecer una obra de Broadway, una comedia tipo de Darío Vittori. Pero después me sonó una campana: es Orton, hay otra historia, hay otra sustancia", apunta el que viene de hacer Rey Lear y Mein Kampf .

-¿En qué consiste esa sustancia?

Verónica: -Es una obra que es tan grande, tan universal que sirve para hablar de lo que cada uno necesite hablar. Es más, cada uno puede estar hablando de algo distinto sin que eso anule el discurso del otro. Es muy fácil que Sloane repercuta, hay mucha agua subterránea. Habla del amor, de la soledad, de la maternidad, de la traición, de la locura...

Alejandro: -De la careta.

-En ese sentido, ¿qué les propuso Tolcachir?

Alejandro: - Su criterio coincidió con eso de la campana que me sonó después de leerla la primera vez, después de descubrir el dolor que hay en esos personajes. A veces uno se pone una careta para poder vivir, pero cuando aparece el deseo esa careta se va a la mierda. De eso habla. El criterio de Claudio coincidió con el nuestro en cuanto a tratar al texto como una tragedia y, desde ahí, hacer aparecer el humor. En ese sentido es algo clásico, sin modernismos ni pelotudeces.

Verónica: -Claro que la obra tiene un riesgo: como tiene humor podés hacer una comedia, te podés quedar en la superficie.

Alejandro: -Pero estamos con Tolcachir, que, junto con Martín Adjemián, es uno de los mejores directores que tuve. Y mirá que trabajé con todos y con los supuestamente mejores que no estuve es porque me aburrrrrren .

Verónica: -En lo personal, también me gustaba la idea de trabajar con gente joven. Tenía miedo de quedarme enquistada en algo que conozco, en una fórmula ya transitada. Ahora siento que no me equivoqué.

Alejandro: -Yo vengo de hacer muuucho drama, obras como más clasiconas.

Cierto. Alejandro viene de mucha sala Martín Coronado, con director recién traído de la glamurosa París, y Verónica viene de hacer Monólogos de la vagina y Chicas católicas . O sea, tomaron caminos distintos después de años de habitar y protagonizar las entrañas del under de los ochenta, en el mítico Parakultural, con Gambas al Ajillo, ella, y junto a Humberto Tortonese y Batato Barea, él.

"Estoy feliz con todo esto. Mucho más después del Lear. Eso fue... No, no pongas nada que mi maná lee LA NACION -dice y se desdice-. Pero los directores o son muy rebuscados o son muy modernistas. Los teatreros están como de la gorra. En medio de eso, Tolcachir es como normalito: le tiembla la mano cuando está nervioso y le tiembla la voz si está emocionado. Y la puesta es así: un teatro normal con un texto muy potente."

-¿Vieron de nuevo la película Susurros en tus oídos como para meterse más en el mundo de Orton? Porque, como decía Ure, vivió como cualquiera de sus personajes.

Verónica: -Yo sí me la alquilé. Sí, es cierto que en Orton hay una sordidez en su vida que aparece en la obra.

Alejandro: -Era un remargineta reventado que creía en la libertad. Su personaje, Kathy, es una mujer que por un acto de libertad es castigada durante toda su vida. Pero como Orton estaba al margen, veía todo eso con mucha claridad.

Verónica: -La obra tiene la genialidad de las cosas que salen como un vómito. Si querés dar un mensaje con todo controlado para decir tal o cual cosa, es imposible hacer esta obra. Yo ni creo que Orton haya sabido de qué quería hablar. Le debe haber salido de las entrañas, por eso el texto tiene de todo. Incluso hay cosas que quedan como misterios, creo que ni él sabía la totalidad de la historia.

Happy together

Hay una parte de esta historia que ellos sí tienen bastante en claro: la felicidad que tienen por estar juntos. No es porque lo digan una y otra vez apelando al típico casete de los actores antes de un estreno. En ellos eso se ve, se palpa, esa felicidad tiene cuerpo. "Yo tengo una confianza física con Verónica. Hemos estado muuuuucho tiempo compartiendo camarines en pelotas empurpurinándonos", tira Urda. "Y yo siempre lo admiré, en serio -dice, seria, Verónica-. Ale es más que un actor. El es un poeta; es alguien que vive con los nervios de la sensibilidad al aire, que está en un estado permanente de dolor. En serio lo digo. Ale es un tipo muy profundo."

-¿Y qué le descubriste durante los ensayos?

Verónica: -Alejandro es una usina de energía, tiene una potencia increíble que hay que bancársela. Tenés que estar al lado de esta bestia y no morir en el intento. También tuve que trabajar mi miedo a desaparecer.

-¿A quedar opacada?

Verónica: -Claro, a no llegar, a no ir por el mismo camino que él. También hay un trabajo sobre mi propia inseguridad en un escenario, pero eso es bárbaro. Hace muchos años que vengo haciendo obras que me encantan pero que no son para destriparse. Como dice Ale, vengo un poco de Disneylandia. Me daba cosa meterme en zonas en las que tenés que sufrir. Ahora no me quedaba otra. En este momento de mi vida y de mi carrera es lo que tengo que hacer.

Y se le humedecen los ojos. Y a "Urda", también. Y se dan un pico. Y brindan en silencio aunque afuera hace frío. Entonces, Urda habla de ella, de los ataques de risa que le produce en el escenario, de la felicidad que tiene de compartir los pasos. "Ella tiene lo mismo que yo porque somos hermanos. ¡Tenemos los mismos padres!", asegura él.

Y aunque no sepan quiénes son esos padres, poco les importa. Acostumbrados como están a llevarse las cosas por delante, a los hermanitos Llinás y Urdapilleta energía, lucidez y talento no les falta. Ah, otra cosa: son tipos cálidos. Entonces, todo suma.

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