Del teatro a la TV, la ruta a la popularidad

Con diez años de carrera, el público lo reconoce como el hermano de Julio Chávez en Tratame bien
(0)
5 de octubre de 2009  

Todavía no se acostumbra a que la gente que se lo cruza por la calle lo salude, lo felicite, le haga comentarios sobre el Hernán que compone cada miércoles en la pantalla de El Trece. Guillermo Arengo tiene más de diez años de trabajo en teatro y ninguna de las obras en las que actuó, dirigió o escribió le ha dado la popularidad que le dio su primer papel en televisión, justamente este Hernán, el entrañable hermano de José, el personaje que encarna Julio Chávez cada miércoles en Tratame bien.

Arengo se ríe, saluda, agradece, pero de alguna manera le resta importancia; una forma particular de no creérsela. "Ya vas a ver que cuando baje el programa no me va a saludar nadie, y está bien; es el presente a full, un presente puro que me agarra y que valoro, sobre todo frente a un futuro supravalorado", empieza diciendo este actor en una charla que, a poco de comenzar, se mete en complejos terrenos filosóficos, increíblemente unidos a lo cotidiano.

Por eso, por lo del olvido, Arengo agradece su apego a lo teatral, al trabajo artesanal que aprendió de grande de la mano de Daniel Veronese, Federico León, Ana Alvarado y otros prestigiosos directores que primero descubrieron en él a un buen fotógrafo y luego a un gran actor, profesión que lo atrapó sin miramientos y lo alejó de cualquier otro proyecto que hubiese intentado. Así, dejó a atrás los estudios de psicología, desmanteló su estudio de fotografía publicitaria –que le procuró durante años un bienestar más que holgado– y dejó de lado la carrera de director de cine poco después de haberla terminado, aunque entre sus sueños futuros (que considera supravalorado, pero al que no le quita pisada) aparece el de echar mano de ese lenguaje que en algún momentos se le volvió algo distante e inasible.

Fragmento de Tratame bien

Como se ve, pocas líneas rectas son las que arman su camino. Las idas, las venidas, las esquinas son una constante para este hombre que comparte su trabajo en Tratame bien, con dos propuestas de teatro independiente, esos proyectos off a los que hay que ponerles el hombro y el alma. Una es Lucidez, una obra con texto y dirección propia, y la otra, Una familia dentro de la nieve, texto que escribió y se animó a entregar a manos ajenas, las del director Diego Brienza, que no hizo más que acentuar las bellas ideas imágenes que creó Arengo.

"En forma paralela, siempre estuvo el teatro; si bien en mi casa nunca nadie actuó, sí se leía mucho teatro, íbamos mucho, y eso debe de haber quedado en algún lado. De hecho, siempre fui un espectador muy activo, veía teatro oficial, comercial biempensante, quizá por mandato o por una cuestión de consumir cultura. Pero algo pasó un año en que en poco tiempo vi tres obras que me cambiaron la cabeza: Amantísima, de Susana Torres Molina; Postales argentinas, de Ricardo Bartís, y Tango varsoviano, de Alberto Félix Alberto; esos trabajos, sumados a conocer lo que hacía Eduardo Pavlovsky, tensaron la soga teatral en mí", recuerda Arengo sobre ese momento bisagra.

Tal vez en forma inconsciente, primero empezó a trabajar con actores, sacándoles fotos, haciendo los videos de sus obras. Ese tiempo se fue cruzando con la época de estudiante en la Escuela de Cine de Avellaneda, donde se daba cuenta de que él era casi una excepción en llevarse bien con los actores a la hora de dirigirlos; de hecho, llegó a darse cuenta de que tenía más afinidad con la gente de teatro que con la de cine. No había mucho más que decir. Un día, Veronese le pidió que dejara la cámara y que subiera al escenario; simplemente, nunca más se bajó. Desde entonces, no sólo actúa, sino que escribe, dirige y enseña teatro.

–En ese marco, ¿no estabas plagado de prejuicios como para aceptar un trabajo en TV?

–Tenía todos los prejuicios que te puedas imaginar, pero Julio [Chávez] me llevó a la productora sin que supiera nada y me propuso: "Quiero tener un hermano y que sea éste". Y me encontré con un grupo de gente, en todos los rubros, que son verdaderas bestias de trabajo y de talento. Es un ejercicio de actuación de altísima exigencia; muchas veces, antes de armar una escena, alguien grita: "¡Se graba ensayo!", lo que significa que salís sin red a matar o a morir; y entonces me da risa porque me doy cuenta de que he pasado mi vida de actor teatral preparando durante dos años una obra para luego hacerla ocho veces frente a diez espectadores: ¡una deformidad! Pero está claro que lo seguiré haciendo.

Semejante training de trabajo lo obliga a Arengo a levantarse a las 4.30 de la mañana, único momento de tranquilidad en su hogar, que aprovecha para escribir o estudiar para las tres o cuatro jornadas de grabación que le demanda cada semana el unitario de Pol-ka. Tiene que tener los tiempos controlados porque, una vez que se levanta de la cama, Adelita (la hija de tres años que tiene con Julieta Vallina, actriz talentosa y multifacética como él), todo es Adelita, y eso del futuro supravalorado entra en un terreno fangoso. De hecho, Arengo tiene en la cabeza montar una obra de Veronese (El líquido táctil) junto a María Onetto y a Blas Arrese Igor, escribir y actuar junto a Pavlovsky, volver al mundo del cine con un documental apócrifo-ficcional sobre la vida de un actor amigo. Mucho pensamiento disparado hacia delante para alguien que dice no pensar demasiado en el futuro.

Tridimensional

  • Tratame bien. Unitario producido por Pol-ka. Miércoles, a las 23, por El Trece.
  • Lucidez (el final). Con texto y dirección de Guillermo Arengo. Sábados, a las 23, en No Avestruz (Humboldt 1857).
  • Una familia dentro de la nieve. Con texto de Guillermo Arengo y dirección de Diego Brienza. Viernes, a las 23, en Abasto Social Club (Humahuaca 3649).
  • ADEMÁS

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.