Digno estreno de "La Sylphide"

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7 de mayo de 2003  

Estreno de la versión integral del ballet "La Sylphide", en dos actos con coreografía de Mario Galizzi, según Auguste Bournonville, con música de Hermann Lovenskjold. Con el Ballet (dirección: Mario Galizzi y Oscar Araiz) y la Orquesta Estable del Argentino de La Plata, con la dirección general de Roberto Ruiz. Escenografía e iluminación, Juan Carlos Greco; vestuario, Eduardo Caldirola. Con la actuación del primer bailarín invitado Luis Ortigoza y de los bailarines Nadia Muzyka, María Fernanda Bianchi, Walter Aón, Gaik Kadjberounian,Gabriela Moggia, Fabiana Bianchi, Adrián Seijas, Marcelo Reynoso y cuerpo de baile, y alumnos de la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata. En la Sala Alberto Ginastera del Centro de las Artes Teatro Argentino de La Plata. Próximas funciones: viernes 9 y sábado 10, a las 20.30, y domingo 11, a las 17 (a beneficio de los inundados de Santa Fe), en el Teatro Argentino.

Nuestra opinión: muy bueno

No puede menos que celebrarse el estreno de la versión integral de este ballet en el Argentino con coreografía de Mario Galizzi inspirada en los originales de Auguste Bournonville. Como él mismo aclara en el programa de mano, la fascinación que esta versión de "La Sylphide" le produjo cuando vio su representación en Alemania, con la coreografía original del célebre bailarín y coreógrafo danés y música original de Hermann Lovenskjold, tuvo para él irresistible encanto por su montaje más reducido. Resultaba diametralmente opuesta a la ofrecida en 1974 en el Teatro Colón, debida a Pierre Lacote sobre los trazados de Filippo Taglioni a la que puso música Jean-Marie Schneitzhoeffer.

Simbolismo y fantasía

Galizzi optó por la primera,"más frecuente en los teatros del mundo" por las razones expresadas, y la llevó a escena en tres oportunidades con compañías diferentes, la última vez con Maximiliano Guerra y su Ballet del Mercosur.

Pero no es ésta la única diferencia; sustancialmente, aquí se enfatizan lo autóctono y las danzas folklóricas, mientras que en aquélla, con más extenso desarrollo, prevalece un abordaje más bien clásico.

Conocida es la preferencia del romanticismo musical por las esencias folklóricas, cargadas de simbolismo, distintivas de cada pueblo que, estilizadas, cubrieron gran parte de la producción musical del siglo XIX, y del siguiente. Con ello se revivió todo un mundo fantástico, de seducción y terror, donde criaturas del ámbito mitopoético de cada cultura formó parte de las tramas argumentales de no pocas obras. Por supuesto la danza no estuvo ajena a ello y no pocos ballets se nutrieron de ninfas, náyades, danaides y sílfides.

El que Bournonville creó con música de otro danés, Hermann Lovenskjold se vale de una de estas criaturas imaginarias, una ninfa, cuya proximidad dista de ser sinónimo de una felicidad que no sea imaginaria y fugaz, aunque ciertamente turbadora para los hombres. Surgidas de las aguas y ciudadanas del bosque romántico, las sílfides prenuncian una felicidad ultraterrena que pide sacrificios, anuncia sucesos poco venturosos o conducen a la tentación de la locura heroica. Su frecuentación no resulta, pues, recomendable...

Recreación majestuosa

Majestuosa es la recreación del ambiente palaciego que enmarca la primera escena, cuando el telón se abre al término de una introducción orquestal cuyo dramatismo prenuncia la tragedia en la comarca escocesa. Allí, junto al fuego, en la mañana que precede a su boda, James queda seducido en sus ensueños por la visión de un ser etéreo, una sílfide, que ha tenido mientras recorría los alrededores.

Los preparativos para su boda con Effie se entremezclan con un drama de celos cuando Gum aparece y manifiesta interés por la novia.

La combinación de danza y pantomima que presenta la coreografía fue resuelta eficazmente por los bailarines, con clara preeminencia del papel masculino -un rasgo preeminente en los trabajos de Bournonville-, magníficamente asumido por el bailarín chileno Luis Ortigoza (James), de ágil expresividad y nobleza en sus movimientos.

Su confrontación con la Bruja (Magda, la hechicera), en la ajustada caracterización y desempeño dramático del bailarín Walter Aón, adquirió un realismo admirable.

Nadia Muzyca, a la que se confió el papel de Effie, tuvo un desempeño concomitante con el principal carácter masculino, con un estilo limpio y elegante a la vez en sus pasos y los movimientos de brazos.

Fue excelente la intervención del ballet estable, desde el primer acto, un "diverstissement" brillante vertido con gran ajuste y vistoso colorido de los trajes.

Con ser más precaria la escenografía del bosque transmitió, sin embargo el hálito de encanto y sugestión de las sílfides "volantes", no obstante el drástico desenlace, que, aunque previsto tuvo efectividad por su concisión y su trágica belleza.

En papeles complementarios tuvieron efectividad Gaik Kadjberounian (Gum) y Gabriela Moggia (madre); se lució Fabiana Bianchi (Nancy, amiga de Effie), y en papeles menores fueron correctos Adrián Seijas y Marcelo Reynoso.

Roberto Ruiz condujo la Estable del Argentino con probado profesionalismo, si bien algunos pasajes de los vientos resultaron deslucidos.

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