El candombe según Pinti

Como siempre, comentará una actualidad política ahora más candente en su nuevo show
Alejandro Cruz
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21 de diciembre de 2001  

Si a principios de este año, Enrique Pinti apostó al pericón, a partir del 5 de enero el gran cómico nacional vuelve al ruedo con “Candombe nacional”, un espectáculo sobre el “desbarajuste histérico-musical sin blindaje y con mucho riesgo país”, que produce Lino Patalano. “¿Querés que te diga algo? –pregunta, y se contesta, en una mesa del bar ubicado frente al teatro Maipo, donde volverá a instalarse–. La realidad es un candombe. Y digo candombe por no decir un... (biiiip). Y si al espectáculo no lo titulo así es porque LA NACION no me lo iba a publicar, y a mí me matan los puntos suspensivos. Claro que en un... (biiiip); finalmente alguien goza, algún cliente la pasa bien. Terminé optando por «candombe» porque es un término que nos pinta más. Como en el candombe, estamos descalzos, en la calle, como esclavos. Somos esclavos, ¿entendés? Se acabó la fiesta. Se acabó.”

Pinti habla mientras los noticieros escupen imágenes de gente saqueando supermercados, de gente acumulando indignación en las colas de los bancos. Pinti apela a todo su arsenal de palabrotas (recicladas aquí como biiiip) porque esa expresión de la bronca le pertenece, lo expresa, lo define. Su bronca coincide con un miércoles negro de esta semana muy lejana al espíritu navideño. Pinti dice: “Estamos descalzos, en la calle”. Y después de los cacerolazos de anteayer y de la represión policial, su candombe adquiere un nerviosismo especial.

“Lo que está pasando –apuntaba ayer, ahora en charla telefónica con este redactor– es el resultado de larguísimos años de falta de educación, de larguísimos años de falta de protección social, de años de políticas ultraneoliberales, que desatendieron a los sectores populares. Y el resultado de esa política es gente sin educación. Y si para colmo esos sectores no tienen trabajo, entran a desesperarse, a volverse locos. Los saqueos son una muestra de eso. Ese largo período comenzó con Martínez de Hoz y Domingo Cavallo ha sido apenas su continuidad. Todo esto no lo merecemos como país, pero nos lo merecemos como democracia que vota para la (biiiip). Cuando nos quedamos sin trabajo y sin poder comprar los insumos básicos, ahí tendríamos que haber salido todos a la plaza. De cualquier manera, es muy positivo que la gente salga y es muy negativo que la policía reprima a los que están expresando su opinión en contra. Y es muy negativo que esa misma policía no haya reprimido a la gente que estaba violando propiedades privadas.

–¿Participaste del cacerolazo de anteayer?

–No, porque estoy ensayando mucho y estoy tratando de meterme en la cabeza el espectáculo. Hubiera querido salir a la calle, pero una de las mejores cosas que podemos hacer los que no estamos amenazados por el hambre es continuar trabajando. Las expresiones artísticas y las ligadas al esparcimiento no tienen que decaer. Luego del horror de Nueva York se les dijo a los ciudadanos que no debían parar, y así fue. Por eso yo estoy trabajando para reencontrarme con el público, para contarle un poco lo que está ocurriendo. No hay que bajar los brazos. La valentía de Lino Patalano de producir un espectáculo en estas condiciones, y estrenarlo igual, es una forma de demostrar que en medio de este caos él apunta a mantener el laburo de la gente. Eso es una manera de no bajar los brazos.

Los últimos acontecimientos parecen tan vertiginosos que no hay posibilidad de prever nada. Por eso ayer hizo falta una llamada telefónica para actualizar esta nota. Pinti no está fuera de las generales de la ley. Tanto, que la misma génesis de su próximo espectáculo expresa el vértigo en el cual nos vemos inmersos.

"Terminé de escribir "Candombe nacional" el 9 de septiembre. O sea, dos días antes de los atentados a las Torres Gemelas. Por eso es un espectáculo que todavía tiene una esperanza, porque no se había armado la que se armó en el mundo, ni me había imaginado las medidas del 3 de diciembre", apunta casi sin respirar en el bar frente al Maipo.

Como es costumbre, luego de un año de mucho trabajo "el señor monólogo" parte para visitar a sus amigos que viven por países de ese Primer Mundo cada vez más lejos del nuestro. Inicialmente, el 11 de octubre, a un mes de los atentados, se iba a tomar un avión a Londres. Pero llegado el momento, le tocó el asiento 13 y, "por las dudas", cambió por Madrid (ahora en el asiento 8) y, luego de unas buenas tapas, por otro avión a París.

"De Francia -apunta- me subí al avión de Continental que me llevó a Nueva York. Y ahí fui sometido a las revisiones más aberrantes que te puedas imaginar. Yo viajaba con una valija muy grande, porque soy grande -dice, poniendo cara -. Y como iba a Europa y luego a los Estados Unidos tenía todas las posibilidades de clima. Claro que la ropa de invierno me la tuve que meter en el... (biiiip) porque hizo un calor que no se podía creer. O sea, llevé una valija grande que fue motivo de todo tipo de sospechas. Pero los franceses no tienen la suficiente cantidad de pantallas de rayos X que abarquen una valija como la mía. Tienen unas pantallitas de... (biiiip) ,porque nunca vigilaron nada. Vos podías llevar un camello adentro de un avión que los tipos ni se daban cuenta."

La cosa no queda ahí: "Tonto de mí. Para que no me confundieran con un terrorista viajé con traje y corbata. Todo bien, pero me... (biiiip) de calor. Por otra parte, cuando llegué al mostrador para abrir la valija no encontraba la llavecita de... (biiiip) , porque mirá lo chiquitita que es".

En medio del bar, Pinti saca de un bolsito negro una ridícula llave de no más de dos centímetros (no es una exageración) que, con su imagen de fondo, genera un cuadro de enorme contraste. Continúa: "Me puse tan nervioso, estaba tan transpirado... Una vez que la despaché, llegué a la manga del avión y no sé por qué me eligieron para una nueva revisión. Me pasaron el coso por todos lados y hasta me hicieron sacar los zapatos para ver si había algo adentro. Cuando llegué a la puerta del avión, otra vez me tocó ese bochorno de la revisión. Tenía ganas de tirar todo a la... (biiiip) . En esas condiciones, llegué a Nueva York".

De ahí pasó a Los Angeles, a Houston, a Miami y -por fin- a la Reina del Plata (una forma de decir), el 2 del actual.

-O sea, llegaste a otro país.

-Tal cual. Tanto que apenas bajé del avión el tipo de las valijas me dijo: "¡Dale con un caño, gordo! Son unos... (biiiip) de... (biiiip) ". ¡Qué novedad!, pensé. Pero, claro, yo no sabía nada de las últimas medidas. "Ahora ni plata vamos a tener", me dijo otro, y yo no entendía una... (biiiip) . Apenas bajé del avión mi familia me contó que tenía 250 pesos disponibles para gastar en efectivo y me vino una especie de ataque, de querer escribir el espectáculo todo de nuevo. Pero era tarde, tengo que estrenar "Candombe nacional" el 5 de enero. Ahora me doy cuenta de que quedé en la preguerra y no en este país, que ni sé cómo llamarlo...

Haz lo correcto

Apenas bajó de esa largo viaje, Pinti se enfrentó con una Argentina en estado de ebullición, con un maletero que depositaba en él sus propias broncas.

"En estos momentos -apunta- estamos en un clima de protesta contra cualquiera. Estamos todos en contra, pero por distintas razones. El hecho de que la gente ahora revalorice a Carlos Menem es tan catastrófico como que alguien justifique a Fernando de la Rúa diciendo que, por lo menos, es un hombre honesto. ¡Por favor, es un horror! Pero también es horroroso que alguien diga que la salvación está en Menem, cuando sabemos perfectamente que su gestión posibilitó todo lo que está sucediendo ahora. Menem es vivo y hasta pone en la mesa algunos datos objetivos como para decir que en su época se vivió mejor que ahora. Eso sólo Menem puede hacerlo. Hay otra gente que tiene un poquito más de vergüenza o tienen miedo de que les den un palazo en la jeta y se quedan en silencio. El no, sigue adelante. Y lo peor es que un sector importante de la clase media se lo cree. Ahí está el peligro."

A esa franja peligrosa apunta sus cañones. En sus palabras, "en poner en evidencia lo imbéciles que somos. En poner en evidencia cómo la misma gente nos vuelve a vender el mismo pescado podrido. Y, para colmo, ni siquiera se toman el trabajo de volver a pescar de nuevo. Eso me causa mucho dolor, pero ésa es la razón de mi humor".

-Llegaste el 2 del actual y el 10 De la Rúa cumplió dos años en el gobierno. ¿Tuvo algún motivo para festejar?

-Nada. Llegar. Ni él mismo debe saber cómo es que está en el gobierno. Ahora muchos lo quieren comparar con la presidencia de Arturo Illia, pero no. Tengo 62 años y recuerdo muy bien la gestión de Illia. ¡No, señor! El viejo Illia tenía muchos defectos, pero hacía cosas, como defender la soberanía nacional. Pero no puedo comparar la lentitud de Illia con esto. Lo único que puede festejar De la Rúa es que no lo hayan rajado . Ellos, los políticos, viven en una nube de... (biiiip) . Hay que reconocer que eso también nos pasa a los actores, pero lo nuestro son guerras de plumas, de lentejuelas. Y lo que acá está en juego son presupuestos nacionales, un país, la gente. Nadie los obligó a ser políticos. Debe ser difícil ser político, pero si no les da, que no lo hagan. De la Rúa puede ser un buen senador, un buen diputado, un buen...

-Un buen abuelo...

-Tal cual. ¡Eso ni hablar! Un hombre encantador. Y el otro, el águila riojana, aprovecha cada equivocación de esta gente, que se manda 130 por minuto, para agrandar su imagen. Si el país va a volver a tener a Menem como presidente, con Cecilia Bolocco como primera dama, ya sería demasiado. En vez de escribir "Cien años de soledad" le tendríamos que pedir a Gabriel García Márquez que escriba "Mil años de estupidez".

La realidad continúa su marcha mientras Enrique Pinti cruza la calle y, rodeado por seis actores, ensaya una canción en la que no queda ningún político en pie. "¡Dales con un caño, gordo!", le dijeron apenas pisó Ezeiza. Y allá está él, tratando de hacer humor en medio de todo. Buscando una manera de no bajar los brazos.

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