El Colón, preso de la burocracia

Diversas trabas mantienen impagas deudas con proveedores vitales para la sala
(0)
30 de junio de 2002  

Parece que en el Teatro Colón la felicidad nunca es completa. Cada vez que los temblores cíclicos que sacuden a este centro de la música clásica en la Argentina parecen aquietarse, algo nuevo surge.

Este año, y a pesar de la terrible crisis económica que atraviesa el país,el teatro lírico consiguió mantener equilibradas sus cuentas gracias a que programó una temporada austera y nacional en materia de contratación de artistas. Se logró así poner en caja las deudas con los cantantes argentinos, y el siempre turbulento frente gremial se mantuvo, al menos por ahora, estable con el llamado a concurso para los cargos contratados.

También arrancó con el pie derecho la temporada lírica, con la elección de "Mahagonny" la ópera de Kurt Weill y Bertolt Brecht como un espejo de la terminal situación de la Argentina actual, que tuvo una muy buena repercusión de público.

***

¿Cuál es el problema entonces? El Colón está siendo afectado por trabas burocráticas (que, por cierto, padecen en todas las instituciones estatales en general) que provocan problemas tan previsibles como evitables.

Uno de ellos es el de la famosa "Cuenta única". Este sistema, implantado durante la gestión de Fernando de la Rúa, en 1998, le quitó el manejo de las cajas a las entidades que dependen de la ciudad de Buenos Aires. De este modo se produjo un control efectivo de gastos que antes no tenían monitoreo; pero también una compleja burocracia que impide el funcionamiento cotidiano.

Así, el dinero que el Teatro Colón ya recaudó por la venta de sus abonos anuales está bajo la llave de la Tesorería porteña. Y ésta es la clave para comprender la importancia del conflicto económico que el Teatro tiene con las casas editoriales que le alquilan partituras y tutelan el pagos de derechos de autor.

La deuda con Ricordi, particularmente, se arrastra desde el año último y ahora se complicó aún más porque la Argentina vive en una economía en la que el peso se desbarranca sin cesar.

Esto hace que todo aquel proveedor del Estado que ofrezca insumos importados sepa que corre el riesgo cierto de licuar no sólo sus ganancias sino el poder de compra real en exterior si el pago se atrasa demasiado.

Y, claro, en el templo del melodrama musical argentino las declaraciones suelen tomar un cariz pasional desmedido, por eso durante unos días, se polemizó sobre si la presente temporada lírica corría riesgo de no continuar por culpa de esta deuda.

Lo concreto es que, en el caso de Ricordi, si bien el Teatro Colón libró las órdenes de pago a la editorial por el alquiler de la ópera de Weill y también por "Juana de Arco en la hoguera" de Honnegger, la tesorería porteña se demoró en hacerlo efectivo, lo hizo en partes y hasta en lecops, una moneda poco útil para enviar a lo Fundación Kurt Weill. Así se entiende el nerviosismo de la editorial, que todavía debe sentarse a negociar la deuda ya pesificada del año pasado y tiene por delante solicitar más música para el Colón en Europa sin haber pagado por lo ya prestado.

En una vuelta irónica de la historia, quien más está padeciendo los efectos colaterales de la cuenta única es uno de sus creadores, Pablo Batalla, que formaba parte del equipo de Hacienda de Rodríguez Giavarini y que ahora es administrador general del Colón.

En 1998, Batalla explicaba a LA NACION: "Lo que ingresa por boletería no se usa para otra cosa. Ahora, si quieren pagar algo se manda la factura a la contaduría. Ellos, en este momento, no manejan la chequera".

En 2002, Batalla no maneja la chequera del Colón, que según confirman en la Secretaría de Cultura porteña, tiene un saldo a favor de más de cinco millones de pesos y depende de la buena voluntad de los proveedores del Colón y del capricho de Hacienda.

Ahora bien, este problema burocrático-económico no va a hacer que la temporada se caiga, pero sí puede tener (de hecho ya ocurre) implicancias estéticas. Una de ellas es que, en tanto que el peso se siga devaluando, para Emilio Basaldúa, director artístico del Colón, programar óperas contemporáneas, esto es, que todavía pagan derechos de autor se parecerá cada vez más a jugar a la ruleta rusa.

Si bien es cierto que aún las obras de dominio público tributan un porcentaje de lo recaudado a Argentores, que a su vez lo entrega al Fondo Nacional de las Artes, en este caso se trata de valores pesificados. Pero al igual que le ocurre al país, el Colón ya no tiene crédito en el exterior.

Esto produjo un efecto colateral que hasta ahora no fue denunciado públicamente por los afectados. Es una práctica cada vez más habitual tanto en el Colón como en otros organismos musicales estatales pedirles a los compositores argentinos que "resignen" el cobro de sus derechos o del alquiler de las partituras a cambio de que sus obras sean escuchadas. De este modo se condena a los productores de bienes culturales argentinos a trabajar gratis.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?